Las empresas de tecnología tienen que salir del garaje e ir al territorio”
El negocio tecnológico tal como lo conocemos está en crisis, asegura Rodrigo Azziani, cofundador de Renaiss. Cunde la fascinación de los empresarios por la IA, pero ignoran cómo usarla. Los nuevos tiempos obligan a redefinir las relaciones del trabajo.
La avanzada tecnológica, imparable, genera una ponzoñosa fascinación. En su acelerado crecimiento supera etapas y ensaya una dinámica de permanente moldeo de modelos de negocios. Las estrategias cada vez duran menos.
Quizás el principal error, sostiene Rodrigo Azziani -cofundador de Renaiss- se encarna en los empresarios que demandan desesperadamente tecnología de punta pero no saben cómo ni dónde aplicarla. “Quieren poner el carro delante de los caballos”, grafica. Aquí es cuando entra en juego el factor humano.
“Las software factory deben cambiar el modelo de negocios y desde mi punto de vista tienen que estar más cerca de la empresa con la que colaboran, conocer el negocio”, sentencia Roda Azziani. Sabe de lo que habla. Tiene una historia para contar.
Junto a sus socios, Joaquín Colombo y Mauro Abbatemarco -todos graduados en la Universidad Nacional de Rosario-, fundaron una cooperativa de programadores. Al poco tiempo un inversor estadounidense se unió a ellos y dieron a luz a Six Nine, empresa con la cual desembarcaron en Silicon Valley.
Un día se despertaron violentamente del sueño. En mayo de 2023 la compañía fue adquirida por Accenture. No hubo transición ni tiempo de armar una salida posible. Bajaron las persianas pero no claudicaron. Trazaron una nueva estrategia y se especializaron en arquitectura de la nube, modernización de aplicaciones e Inteligencia Artificial, y resurgieron como Renaiss.
-¿Qué enseñanza sacaron de aquella primera experiencia como emprendedores?
-Para lo que más nos sirvió es para darnos cuenta que el talento argentino realmente tiene un diferencial y puede competir en cualquier nivel. Principalmente con lo que es el mercado norteamericano. Tenemos algunas ventajas con respecto a otros posibles oferentes. Más que nada porque tenemos grandes universidades. La Universidad pública argentina es increíble. Tenemos también grandes ingenieros. Hay un huso horario similar al estadounidense y un muy buen nivel de inglés. Pero sobre todo, lo que destaco es que estábamos a la altura para poder trabajar con este tipo de clientes.

-¿Fue jugar en las grandes ligas?
-Tuvimos la posibilidad de trabajar con los más destacados del mundo y especializarnos en algo. Estamos muy contentos de haber logrado esto desde nuestra base en Rosario, si bien hoy trabajamos con chicos de todo el país. Trabajamos al más alto nivel haciendo tecnología de vanguardia en un momento en que se conjugaron muchas cosas. Para nosotros confluyó la pendemia, que trajo una inversión enorme en tecnología. La cosa se va dando vuelta. Teníamos amigos psicólogos que estudiaban programación y ahora, con la inteligencia artificial, se revirtió la cosa y te dicen que hagas un curso de plomero o gasista. Abstrayéndose de la coyuntura, no es lo uno ni lo otro. Sí es verdad que el negocio de la tecnología está en crisis, el negocio de las software factory está en crisis. Realmente tiene que cambiar el modelo de negocios. Creo que las empresas necesitan otras cosas.
-¿Tendría que cambiar la oferta? ¿Hacia dónde deberían evolucionar como empresa?
-La software factory, si lo traducimos, es una fábrica de software. Es lo más parecido a una fábrica que hace un producto para un tercero. En general se dedicaban a hacer una solución tecnológica, un software a medida para otra empresa. Recibían el pedido, hacían el producto y lo devolvían. Hay algunos modelos de consultoría donde se daba cierto acompañamiento, pero ya hoy con esto de la Inteligencia Artificial pasan varias cuestiones. Por un lado, se desdibuja la venta del valor hora. Es muy difícil ponerle el valor de la hora y la expectativa en el mercado está cambiando. Hoy me pasan dos cosas: nunca me llamaron tanto los clientes para implementar tecnología, pero también me pasa que todos los que me llaman quieren implementar tecnología pero no saben en qué. Ese fue el cambio. También ocurre que la situación económica de la industria argentina, de las pymes, hace que los pedidos tiendan más a implementar tecnología para ahorrar costos que para crecer. Seduce desde ese lugar. Para ahorrar costos hay que identificar tareas repetitivas pero para crecer hay que pensar desde el negocio. La fácil es ver cómo ahorro costos agregando tecnología a mi cadena de producción.
FASCINACION
-¿Hay una fascinación de los empresarios con la tecnología como una solución para todos sus problemas?
-Creo que hay que pasar de la fascinación al impacto. Ese es uno de mis mantras. La fascinación está y quizás la trampa de esas dos tecnologías es que con muy poco se puede hacer algo muy bueno. Pero es muy difícil hacer algo excelente y que escale. Para mí es sencillo automatizar algo de software para consumo personal. Por ejemplo, una automatización que me diga todos los días qué reuniones tengo; o que mande un recordatorio el primer lunes de cada mes para pagar los impuestos. Eso es sencillo. Ahí no se contempla que tenga muchos usuarios, que sea segura, ni que tenga cuidado con la información que toca, si maneja datos sensibles. En cambio, cuando uno quiere hacer una solución muy buena la distancia se vuelve más grande. Para ligar lo que estamos hablando, hay una cuestión de las software factory donde se debe cambiar el modelo de negocios y desde mi punto de vista tienen que estar más cerca de la empresa con la que colaboran. La proveedora de tecnología, en tanto pase el tiempo, tiene que ser cada vez menos ajena a la empresa para la cual trabaja. Hay que entender del negocio. Nosotros nos especializamos en finanzas y algo de agro. Trabajamos con bancos, con ALyC, un agente de liquidación y compensación, con corredores de cereales. Estamos dentro de una cadena de producción donde empieza a tener mucho valor entender del negocio.

-Dado que están en Rosario, en la provincia de Santa Fe, donde fluye el negocio agropecuario, ¿hay una demanda del sector por incorporar tecnología? ¿Tienen una pata puesta en ese negocio?
-Tenemos una pata puesta ahí y nos importa también que haya una alfabetización digital de todo el ecosistema agroindustrial y agrofinanciero. En su momento se hablaba de la transformación digital, cómo pasábamos del papel a la computadora. Esa era la disfunción de hace algunos años. Hoy ya pasamos esa transformación tecnológica y estamos en la automatización, la Inteligencia Artificial aplicada a nuestro uso cotidiano y a nuestras prácticas diarias. Ahora, nosotros no podemos usar IA adonde todavía estamos transformándonos digitalmente. Ahí, en el afán de querer incorporar tecnología de vanguardia, queremos poner el carro adelante de los caballos.
-¿El campo invierte en tecnología de punta?
-Está la inquietud pero varía mucho según el tamaño del productor. Nosotros apuntamos más a la gestión financiera que al trabajo propiamente dicho que se hace en el campo. Lo que veo es que hay una disparidad enorme. Y que los puntos donde un productor es fuerte, otro es deficitario. Siento que hay mucho para desarrollar para poder nivelar el conocimiento técnico y tecnológico. Hay un gran desafío. Acá en Rosario todo el ecosistema financiero y agroindustrial realmente está interesado en la tecnología. Creo que tiene que haber un trabajo de las empresas de tecnología de salir del garaje y poder ir al territorio. Hoy se valora mucho más el perfil híbrido dentro de la tecnología. Nosotros buscamos ahora perfiles de profesionales que puedan ponerse en los zapatos del cliente. Previo a la IA yo iba a una reunión, después enviaba al analista funcional, que relevaba requerimientos; después hacíamos una prueba; y volvía al mes con una idea firme. Hoy con la IA grabo la reunión, con el resumen de la reunión empiezo a trabajar, hago un ping pong técnico y ya avanzamos. Las empresas que crean modelos de IA, las que más conocemos como ChatGPT o Claude, están contratando ingenieros que puedan ser enviados a las plantas para ayudar a implementar la tecnología.
-Volver a pisar el territorio.
-Es que a ellos les ocurre lo mismo que a nosotros en menor escala. Las empresas quieren implementar lA pero no saben adonde. Entonces las mismas firmas volvieron a contratar ingenieros localizados. Antes no importaba si trabajaban remoto o no. Ahora necesitan enviar los profesionales a las oficinas del cliente. Les mandan un equipo para que los ayuden y encuentren qué hacer y cómo mejorar.
TSUNAMI
-Esto avanza rapidísimo. ¿Cómo manejan esta situación de constante evolución tecnológica?
-Tengo claro que las empresas de tecnología tenemos que estar en constante capacitación interna. Tenemos un programa de certificaciones por el cual invitamos a los chicos para que se capaciten y rindan; tenemos planes de carreras internos. Lo mismo que pasa por fuera, los clientes que quieren usar la tecnología y no saben cómo, también es un problema que ocurre dentro del rubro. Hay personas que vienen programando hace 20 años y ahora se tienen que adaptar a una situación totalmente distinta. No hay forma de estar al tanto de todo. Hay que salir del querer estar al día. Si uno entra a Twitter parece que los robots llegaron, nos invadieron y tenemos que ir a escondernos bajo tierra. Lo que sí creo es que hay un gran desafío en ver qué sedimenta cuando esta ola tecnológica pase. Pienso que va a quedar mucho más contenido que de las otras dos olas anteriores.
-¿Cuáles son las olas anteriores?
-Las dos olas anteriores que identifico son las de las criptomonedas en el 2020 y 2021, y luego la de las aplicaciones. Todos querían hacer una aplicación para el celular. Esa ola ya pasó. Hoy para que yo me descargue una aplicación en el celular me tienen que súper convencer de que la necesito. Hoy está virando toda la comunicación a los canales de mensajería. Todo se resuelve por Whatsapp, o es lo que se busca.
-No duran tanto estas oleadas tecnológicas.
-Propio de este acelere que mencionamos, las olas son cada vez más cortas. En dos años la IA va a ser un commoditie. Vamos a dejar de vender IA. Si yo me compro un celular hoy no digo que tiene wifi y cámara. Lo asumo. Lo mismo va a ocurrir con esto. Todos los dispositivos van a tener algún asistente de IA. De hecho, cuando googleamos algo en primer lugar nos aparece la respuesta de Gemini AI y luego los sitios webs. Hay un desafío en cómo nos vinculamos con la tecnología y qué tipo de tecnología podemos crear. Una de mis máximas es que todos los problemas que tienen las organizaciones probablemente incluyan tecnología en su solución, pero no sólo tecnología y no necesariamente IA. Entonces, es probable que para resolver el problema de una organización haya que hacer un trabajo interno, haya que cambiar un proceso. No es sólo tecnología. No es que llego con la tecnología y resuelvo la vida. Y tampoco es aplicar IA por aplicar IA. Hay muchísimas otras herramientas que funcionan mejor para algunas situaciones y que fueron creadas hace mucho tiempo.
-¿Qué características hay que tener como empresa para convertirse en proveedores de las principales compañías a escala mundial?
-Tanto a nivel internacional como local el valor agregado es que intentamos agregar valor desde un acompañamiento cotidiano. Nosotros estamos encima de los clientes con los que trabajamos. Muchas veces nos invitan a las reuniones de directorio para que podamos ampliar la mirada que tienen ellos. El diferencial es conocer a las empresas con las que trabajamos, saber sus dificultades, recorrer la empresa y estar al tanto para que la tecnología no sea un enlatado sino que sea algo cercano que solucione un problema particular.
-En el mercado de la alta tecnología, ¿cuánto los condiciona la macro argentina?
-La afectación de la coyuntura existe, uno no se puede aislar de la realidad económica o social que le toca vivir. Probablemente en cada industria impacta de una manera particular, con situaciones que benefician o perjudican. Al menos para mí sigue teniendo mucho valor la cercanía, conocer a las personas con las que trabajamos y conocer su industria.
-¿Cuáles son los límites del negocio de la tecnología? ¿Puede haber barreras concretas para su desarrollo? Por ejemplo, los Data Centers necesitan agua para su refrigeración y consumen mucha energía.
-Sí, y ese límite va cambiando. Ahora se habla mucho de los Data Centers pero antes se hablaba de las placas de video. De todas las empresas que desarrollan Inteligencia Artificial no hay ninguna que hoy tenga rentabilidad positiva. Es decir, que haya ganado más de lo que invirtió. La única que no para de crecer es Nvidia, que es la que fabrica las placas de video que se utilizan para entrenar estos modelos. Antes faltaban placas de video, ahora no llegan a aplicarlas en los Data Centers y quedan viejas. Problemas o límites va a seguir habiendo, pero es un tema de sábana corta: cuando se resuelve de un lado, aparece del otro.
EMPLEO
-Se teme la pérdida masiva de puestos de trabajo a manos de la Inteligencia Artificial. ¿Cuál es su punto de vista?
-Creo que lo que cambiará es la forma en que nosotros trabajamos. Hay una frase muy trillada que dice que la Inteligencia Universal no va a reemplazar al hombre, sino que va a reemplazar al hombre que no la use. Yo soy optimista porque si una característica tiene el ser humano es la resiliencia y la adaptabilidad. Si nos ponemos a pensar hoy trabajamos con una serie de dispositivos que hace treinta años no existían, como internet, la computadora o el celular. Un mensaje que suelo dar en las charlas es que sólo el 0,02% de la población mundial paga una suscripción a una IA. Los famosos 20 dólares por mes. La sensación de que esto nos lleva puesto, de que llegamos tarde, no es tan así porque la mayoría del mundo no sabe qué hacer con esto. Hay mucha gente que tiene aversión. Recién estamos empezando.
-¿Qué sugerencia o consejo le daría a alguien que está empezando con su emprendimiento tecnológico? ¿Qué debería hacer para insertarse en ese universo como empresa?
-Nosotros nos dedicamos a capacitar a otras empresas de tecnología. Lo primero que tienen que hacer es redefinir la forma en que nos vinculamos con el trabajo de forma interna, y por otro lado redefinir la manera como nos vinculamos con nuestros clientes. Lo que está cambiando esta tecnología en particular es la forma en que nos vinculamos interna y externamente con las personas. Ya sean nuestros clientes o nuestros colaboradores. Lo que tenemos que cambiar son los flujos de trabajo para poder producir más con el mismo equipo. Y para pasar de una venta de horas a una venta de soluciones. No importa tanto si tengo dos o tres personas trabajando en un producto sino qué estoy resolviendo. Cómo mi solución se acopla al negocio de mi cliente. Un consejo entonces sería parar la pelota y redefinir la forma en que trabajamos para adentro y la forma en que nos vinculamos con los clientes. Esta nueva revolución industrial, como le dicen ahora, nos afecta primero desde las relaciones del trabajo y luego desde la vanguardia tecnológica.
