SIETE DIAS DE POLITICA

Las decisiones políticas de la Casa Rosada fomentan el caos

Javier Milei acertó en una cantidad inédita de decisiones económicas. Por eso su gestión se sostiene, a pesar del asedio del círculo rojo -medios, empresarios, sindicatos, la Iglesia- que medraron por décadas al amparo de un régimen corporativo.

No puede, sin embargo, decirse lo mismo de sus decisiones políticas en las que los errores y los escándalos han sido más frecuentes de lo razonable. Si la economía sostiene al Presidente, la política lo mete en problemas cada día mayores.

El jefe de Estado confió el plan de estabilidad a un equipo sólido y acostumbrado a jugar en la primera del mundo financiero. El resultado superó las expectativas porque fue el producto de profesionales de primera línea.

La estrategia política la derivó en cambio a un equipo improvisado e integrado por su hermana Karina y dos miembros de la familia Menem –Martín y Lule- a los que encargó operar en un nivel como el de la Presidencia de la Nación para lo que carecían de una experiencia mínima.

En el caso de la designación de la jueza María Victoria Michelli los errores de la Casa Rosada fueron insólitos, graves y no forzados. En primer lugar, nunca fue explicado satisfactoriamente por qué el Ejecutivo remitió su pedido de acuerdo al Senado, si no la quería. ¿Actuó el ministro de Justicia sin comunicarle sus decisiones a Karina Milei? ¿Esta última mandó los papeles al Senado sin leerlos?

En segundo lugar, si la tardía impugnación obedeció a que era pariente de un periodista crítico de la gestión oficial, lo hecho es más incomprensible todavía, porque las opiniones no se trasmiten por parentesco y si, en algún caso en particular el Presidente la consideraba parcial, estaba siempre disponible la recusación.

Por último, el intento de retiro del pliego cuando el dictamen correspondiente tenía ya nueve firmas de apoyo fue el último clavo en el ataúd de la estrategia de la secretaria de la Presidencia y sus laderos. Perdieron la pulseada por Michelli 44 votos a 18. No se los vio en los palcos de la Cámara Alta como en otras ocasiones para celebrar triunfos parlamentarios construidos por otros.

La que tuvo que absorber la derrota fue Patricia Bullrich, la más experimentada operadora parlamentaria que el Presidente había desoído. Esa decisión de privilegiar la estrategia de Karina Milei porque en ella confía plenamente, provocó un caos en el oficialismo que se fragmentó y quedó aislado como no ocurría desde que fortaleció su representación legislativa el pasado 10 de diciembre.

Pero Bullrich supo utilizar la encerrona en provecho propio. Su rol en LLA crece de manera proporcional a la impericia del equipo político de Milei. El caso de la jueza Michelli no fue el primero en el que se desmarcó del Presidente y de su hermana. También lo hizo con el reclamo para que Manuel Adorni acelerase la presentación de su declaración de bienes.

Sus objetivos son cada día más obvios. Quiere ser socia, no empleada, de la alianza con Javier Milei; quiere mayor autonomía para manejar la representación del gobierno en el Senado y quiere presentar la imagen de una derecha responsable que se mueve dentro de estrictos límites institucionales.

En realidad, la senadora porteña apunta a representar la derecha crítica a Milei y nostálgica del macrismo. El jueves el peronismo no pudo anotarse un triunfo, precisamente porque quedaron dudas sobre quién fue el beneficiario final del revés sufrido por los libertarios.

Bullrich fortaleció además su posición personal para elegir candidatura el año que viene. Hoy es insustituible para Javier Milei como operadora política, por eso sigue presidiendo el bloque del Senado.

En la sesión del jueves hubo también jugadores ocultos. Entre ellos, el ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques, que le pidió a la primera que se ampliara el número de jueces a aprobar de 50 a 73, lo que terminó desatando un pandemónium en el recinto y permitió que el pliego de Michelli tuviera luz verde.

La propia Bullrich admitió que cuando se difundió que la Cámara trataría “solo” medio centenar de dictámenes se multiplicaron los reclamos de senadores y funcionarios que pedían que fueran tratados los candidatos que ellos patrocinaban de manera prioritaria. (ver en “Visto y Oído” “Mal lugar en la lista”).

El escándalo armado por el peronismo en el recinto y las torpezas del gobierno hicieron perder de vista lo esencial del episodio: la política judicial del gobierno. Los 74 cargos cubiertos son un récord después de que decenas de juzgados quedaran vacantes porque el kirchnerismo no los quiso cubrir. El cambio con la irrupción de Milei reside en que el presidente es Poder Judicial “friendly”. No trata de colonizarlo como intentó hacer Cristina Kirchner que no casualmente está prensa en su domicilio con la tobillera puesta.