Las campañas de San Martín son modelos de planificación estratégica

Señor director:

 En estos días sanmartinianos, húmedos y fríos, que me obligan a estar encerrado, me encuentro elucubrando  algunas cosas que quizás sean de su interés. 

Se me ocurre que la estrategia de San Martín para el cruce de los Andes presenta algunas similitudes  sorprendentes con la estrategia utilizada por los alemanes en 1940 para invadir Francia, cercar a una parte  sustancial del ejército francés y poner en una situación crítica a la Fuerza Expedicionaria Británica. 

En el caso alemán, el ataque se desarrolló sobre distintos ejes, pero no todos con la misma intensidad ni con el  mismo objetivo. Un importante contingente avanzó por Bélgica y los Países Bajos, haciendo creer a los Aliados  que allí se produciría el principal esfuerzo alemán. Los franceses y británicos reaccionaron de acuerdo con sus  planes y desplazaron hacia Bélgica buena parte de sus fuerzas para enfrentar lo que consideraban la amenaza  principal. 

Mientras tanto, el verdadero esfuerzo alemán avanzó por las Ardenas, una zona boscosa y de terreno difícil que  los Aliados consideraban poco probable como vía para una gran ofensiva mecanizada. Las fuerzas alemanas  atravesaron esa región, cruzaron el Mosa en el sector de Sedán y avanzaron rápidamente hacia el oeste. De esta  manera, terminaron envolviendo por el sur a las fuerzas aliadas que habían avanzado hacia Bélgica y las dejaron  aisladas del resto del ejército francés. El resultado fue la enorme bolsa de Dunkerque y la evacuación de gran  parte de la Fuerza Expedicionaria Británica. 

No se trató, por lo tanto, simplemente de atacar en tres frentes. La clave estuvo en combinar diferentes ejes de  avance con un importante componente de engaño y, fundamentalmente, conseguir que el enemigo concentrara  sus fuerzas donde los alemanes querían que las concentrara, mientras el esfuerzo decisivo se realizaba en otro  lugar. 

Y aquí es donde encuentro una similitud interesante con San Martín. 

Para cruzar los Andes existían varios pasos posibles. San Martín organizó el cruce mediante seis columnas que  avanzaron simultáneamente por distintos puntos de la cordillera. Las dos principales fueron las de Los Patos y  Uspallata, mientras que las otras cuatro, de menor tamaño, tenían entre sus objetivos distraer, confundir y  dividir la respuesta de las fuerzas realistas. 

El objetivo no era simplemente atravesar los Andes: era hacerlo de tal manera que los españoles no pudieran  determinar con precisión dónde se produciría el verdadero esfuerzo principal. 

La columna de Las Heras cruzó por Uspallata, mientras que la principal, comandada por San Martín, Soler y  O'Higgins, atravesó por Los Patos, un camino particularmente difícil. El conocimiento del terreno aportado por  los baqueanos fue fundamental para hacer posible el movimiento de las tropas, las armas, los animales y los suministros a través de la cordillera. 

De esta manera, San Martín consiguió algo extraordinario: trasladar un ejército de varios miles de hombres a  través de una de las barreras geográficas más formidables del continente, utilizando simultáneamente distintos  pasos y obligando a los realistas a dispersar su atención. 

Cuando finalmente el grueso del Ejército de los Andes apareció en el valle de Aconcagua, los realistas se  encontraron ante una situación que San Martín había preparado durante meses y que no podían responder con  facilidad.

Tanto San Martín como los alemanes en 1940 utilizaron, en circunstancias completamente diferentes, un  principio estratégico semejante: hacer que el enemigo esperara el golpe principal en un lugar mientras el  verdadero esfuerzo se producía por otro eje, menos esperado o considerado menos probable. 

En ambos casos, además, el terreno tuvo un papel fundamental. San Martín utilizó los pasos cordilleranos que  podían resultar menos previsibles para los realistas; los alemanes utilizaron las Ardenas, que los Aliados  consideraban poco adecuadas para una gran ofensiva mecanizada. En ambos casos, la sorpresa no fue producto  de la casualidad, sino de una planificación que buscaba explotar precisamente aquello que el enemigo  consideraba improbable. 

Naturalmente, las diferencias son enormes. El Ejército de los Andes no era un ejército mecanizado y la campaña  de San Martín no tenía nada que ver con la guerra de movimientos de 1940.  

La similitud está en el principio estratégico: engañar al enemigo, dispersar su atención, aprovechar un terreno  que el adversario considera poco probable y concentrar el esfuerzo en el punto decisivo. 

Aunque las fuerzas patriotas eran, en realidad, superiores o al menos no claramente inferiores en número a los  realistas si eran un ejército mas bisoño que el ejercito realista más profesional y uno de los más poderosos del  continente., pero. Lo verdaderamente extraordinario había ocurrido antes de la batalla: San Martín había  conseguido trasladar su ejército a través de los Andes, dividir la atención de los realistas y aparecer en Chile en  una posición estratégica favorable. 

No me consta que los alemanes hayan estudiado específicamente las campañas de San Martín ni que la  planificación de 1940 haya tenido alguna influencia directa de ellas. Sería necesario encontrar documentación  concreta antes de afirmarlo. 

Sí sabemos que las campañas de San Martín son consideradas ejemplos de planificación estratégica y de  operaciones militares de gran complejidad. Por eso son estudiadas formalmente por las academias militares de  Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña u otros países. 

De todos modos, hay algo que me parece fascinante: San Martín no pudo haber aprendido de los alemanes de la  Segunda Guerra Mundial, pero más de un siglo después encontramos una operación militar que presenta, en  algunos de sus principios, una lógica sorprendentemente parecida. 

Quizás la verdadera enseñanza sea que ciertas ideas estratégicas no pertenecen a una época ni a un ejército  determinado. Engañar al adversario, obligarlo a dispersar sus fuerzas, aprovechar aquello que considera  improbable y concentrar el esfuerzo donde menos lo espera son principios que pueden reaparecer, bajo formas  completamente diferentes, en guerras separadas por décadas o incluso por siglos.

Mario Marquinez

marquinezmario016@gmail.com.