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Las adicciones y ´el viaje de vuelta´ (Primera parte)

Existe un lento y/o rápido camino hacia la dependencia a las sustancias de acuerdo con distintos factores que dependen de varios elementos:

A)- De la estructura de personalidad del paciente.

B)- Los ciclos traumáticos que rodearon la vida de éste.

C)- La edad (a menor edad hay mayor probabilidad de una dependencia en la medida que la personalidad está inmadura y las estructuras cerebrales de autocontrol recién a los 25 años culminan su desarrollo).

D)- La trama de vinculación -desvinculación del ambiente que rodeó el desarrollo futuro dependiente o sea a mayor desvinculación (carencia de un holding familiar desde inicios de la vida, por ejemplo) el riesgo aumenta. Hoy nos encontramos con grupos familiares en donde el consumo forma parte de la vida cotidiana de todos o de la mayoría.

Estos son algunos de los elementos claves, así como la “ingeniería social” que rodea hoy el consumo de alcohol y drogas ya que el aumento epidémico deriva de una construcción social del marketing y se construye como un producto más de las góndolas de nuestra postmodernidad “anémica” de sentido y propósito de vida en miles o millones.

Este marketing a la mano en la población adolescente se nutre de la banalización del consumo en la dirección de un producto de diversión y que no genera daños y este imaginario colectivo nutre la compra y la búsqueda obsesiva de “dealers”.

Estudiar en la vida, o sea en su historia vital y vincular, el camino de ida al consumo dependiente nos va a facilitar entender ese trayecto que los que tratamos a pacientes resumimos en la formula “saber de dónde venimos para saber adónde vamos”.

 

EL CAMINO DE IDA

Es muy interesante el estudio que realiza desde siempre Alcohólicos y Narcóticos anónimos en graficar el descenso hacia la dependencia y en donde ya la voluntad esta anulada para frenar y autocontrolar el daño creciente en mientras el paciente observa como un Otro esclavizador se ha apoderado de èl mismo y ya no puede parar.

Todo parece comenzar como un consumo ocasional que en muchos casos es hiperestimulado por los grupos de pares de pertenencia (clave esto en la adolescencia) o por sensaciones de vacío y de falta de propósito vital.

Rápidamente va apareciendo la tolerancia como fenómeno necesario en la carrera hacia las adicciones en donde la misma dosis produce progresivamente menos efecto por lo que la persona tiende a aumentar la cantidad o la frecuencia para alcanzar un efecto similar al inicial. Las estructuras cerebrales se van adaptando a la exposición repetida y comienzan a haber modificaciones en neurotransmisores, receptores y circuitos relacionados con la recompensa(placer), motivación y el stress.

Así al alterarse los circuitos del placer los elementos de la vida cotidiana no son productores de placer y si los derivados del consumo de sustancias.

De esta manera va aumentando la tolerancia tratando de buscar los efectos necesarios para el paciente, pero se van negando o repudiando a la conciencia los efectos tóxicos y por eso se pueden incrementar los riesgos de

intoxicación, arritmias con accidentes cardiacos, convulsiones, psicosis o accidentes cerebrovasculares.

La tolerancia es una etapa necesaria para el “secuestro motivacional”, en donde las motivaciones del paciente solo están dispuestas para consumir de cualquier forma y utilizando cualquier método.

De ahí pasamos al otro paso que es la compulsión en donde hay una dificultad creciente para controlar la búsqueda y el consumo a pesar de las consecuencias negativas.

Así vamos pasando por un proceso de experimentación, consumo repetido, neuro adaptación ligado al proceso derivado de la tolerancia, aumento de dosis y frecuencia, dependencia, pérdida progresiva de control, secuestro motivacional, compulsión y consumo pese al daño.

En todo este proceso de secuestro motivacional se van activando señales que aumentan el “craving” como deseo intenso, urgente y difícil de controlar repitiendo conductas adictivas a ingerir sustancia ligadas -las mismas- a personas de contacto, lugares y situaciones que precipitan el consumo.

Estas señales que se activan precipitan conductas con el impulso como aliado y sin ningún tipo de reflexión que pueda anticipar la conducta.

El progreso hacia la regresión mortífera se completa con una “visión de túnel” que es un estrechamiento progresivo del campo de atención, pensamiento y motivación de tal manera que la sustancia y todo lo relacionado para conseguirla y consumirla adquieren una importancia desproporcionada.

En la visión de túnel solo se ve lo que está al final de este como el alivio necesario, pero no se percibe todo lo que va quedando en el camino: familia, trabajo, salud, consecuencias económicas, valores personales y proyectos futuros.

 

EL VIAJE DE VUELTA

En nuestra vida debemos superar traumas, “monstruos” (símil de fantasmas persecutorios), experiencias dolorosas, tentaciones, naufragios, perdidas y en ese retrato vivido y difícil el gran desafío es como lograr regresar a nuestro sí mismo extraviado en diversas alienaciones, encontrar nuestra identidad y cultivar un “hogar” amoroso con la vida.

Dos grandes autores de la literatura clásica nos enseñan acerca de este “Viaje de Vuelta” como el retorno o el encuentro con nuestra Identidad y son Homero y Dante en donde todo tratamiento es un retorno de un viaje en compañía de un entorno terapéutico (comunidad terapéutica, por ejemplo).

En Homero el regreso a Ítaca es la recuperación de la Identidad y asegurarse el papel de Padre tan esperado por su hijo Telémaco que lo buscaba ansiosamente. Todo tratamiento es una recuperación de vínculos, transmisión entre generaciones y la reconstrucción de un entorno hogareño saludable.

En Dante el viaje a la perfección saliendo de un Infierno que lo podríamos definir en nuestros trabajos como el “Infierno terrestre” de las adicciones necesita de una compañía privilegiada. Dante también estaba perdido en una selva oscura (símbolo de la crisis existencial) y trata

de salir por sí mismo pero tres fieras le impiden avanzar y aparece Virgilio que se convierte en su guía.

Virgilio representa la razón, la sabiduría, la palabra que orienta y la presencia de otro que acompaña. Es una compañía en el Viaje de Vuelta para atravesar la selva oscura.

Para llegar a un lugar seguro primero debe atravesar el Infierno, pero en compañía. “Nadie se salva solo” y en términos de nuestro espacio terapéutico: “lo tengo que hacer solo pero no lo puedo hacerlo solo”. Luego de Virgilio aparece Beatriz que es la compañía que es necesaria en la última etapa del viaje hacia su curación de su sí mismo.

Para esta salida de la “selva oscura” de las adicciones (en términos de Dante) necesito compartir con otros mi “Viaje de Vuelta” para que me auxilien a renunciar a personas, lugares y situaciones que formaron parte de mi esclavitud (o sea de mi “Infierno Terrestre” en términos también de Dante).

El tiempo de cada viaje para cada paciente es diferente porque el Tiempo Interior que permitiría el autoconocimiento y el encuentro con el sí mismo es diferente en cada uno. Esto se denomina “proceso terapéutico.