Una noche de alegría y fervor al son de la música española

La zarzuela volvió y conmovió a todos

 


‘Noches de Verbena’. Concierto con fragmentos de obras de Vert, Barbieri, Moreno Torroba, Vives , Chapi, Fernández Caballero, Alonso y Bretón y textos del Siglo de Oro español. Dramaturgia y puesta en escena: Concepción y Paz Perre. Con: Coro Polifónico Nacional (dir: Fernando Tomé), P. Turturiello (actor). Coreografía: Néstor Spada_-bailaor- Y. Martínez, N. Lópezy La Ruví Solistas: E. Sancho, L. Domínguez, E. Garreta y M. Iglesias Reynas, E. Gonda (guitarra) y C. Santoro (piano). El viernes 15 y el miércoles 20 en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad.



El Coro Polifónico Nacional cobró protagonismo una vez más, al presentar un programa en el que se interpretaron fragmentos de las zarzuelas más famosas: ‘El barberillo de Lavapiés’, ‘Luisa Fernanda’ ‘La verbena de la Paloma’. Aunque los escenarios parecen haberlas olvidado, el público, milagrosamente, las recuerda y mantiene viva su memoria con asombrosa fidelidad. Así, se evidencia el profundo vínculo que aún une a la audiencia con estas obras clásicas, reavivando su legado en cada interpretación.

Se vivió un fenómeno similar al entusiasmo que despierta André Rieu en las capitales europeas: su orquesta y cantantes logran que los espectadores bailen, canten y sonrían. Aquí faltó poco para ello. La universalidad de la música permite que personas de distintas culturas compartan emociones y experiencias. No obstante, en nuestro país la inmigración española ha sido muy importante. En espectáculos como este se puede apreciar claramente la huella que muchos ancestros han dejado en sus descendientes.

UNA PUESTA EFECTIVA

La puesta en escena ideada por las hermanas Perre se destacó por una dramaturgia sutil y refinada, en la que cada elemento escénico convergió en una experiencia artística integral. La interacción entre los bailaores y el coro fue minuciosamente construida: en varios momentos, los movimientos coreográficos de Néstor Spada y su grupo no solo acompañaron la música, sino que dialogaron con las voces, potenciando el dramatismo de los fragmentos seleccionados. Por ejemplo, durante la interpretación de los fragmentos de las zarzuelas, las palmas y zapateos de los bailaores se entrelazaron rítmicamente con las entradas del coro, logrando una atmósfera de auténtica verbena popular.

La coreografía no se limitó a un mero acompañamiento visual, sino que aportó matices expresivos que enriquecieron el relato musical. En ‘Ronda de los enamorados’, los desplazamientos de los bailarines y la gestualidad de las parejas en escena generaron una dinámica escénica que amplificó la emotividad de la pieza, fundiendo en un solo pulso el arte del cante coral y la danza flamenca. Esta integración fue reforzada por un uso inteligente del espacio y la luz, que permitió que las transiciones entre los diferentes cuadros resultaran fluidas y coherentes.

A diferencia de los espectáculos tradicionales de coros de ópera o zarzuela, donde el foco suele estar en la ejecución vocal y la puesta en escena es a menudo estática, aquí la experiencia fue vivida de manera envolvente y participativa. El público no solo fue testigo de una ejecución musical, sino que se vio inmerso en una celebración colectiva, donde la energía de los bailaores, la expresividad coral y la teatralidad convergieron en una vivencia cargada de emoción. Por momentos, el ambiente evocaba la espontaneidad de una fiesta popular, con espectadores contagiados por el ritmo y la pasión de los intérpretes, lo que generó una respuesta cálida y entusiasta en la sala.

VOCES Y ACTUACIONES

La notable mezzo Laura Domínguez brilló especialmente al interpretar ‘la Canción de la Paloma’, desplegando con solvencia una gama de matices y coloraturas que realzaron su bello timbre y aportaron profundidad expresiva a su actuación.

En la misma dirección, la soprano Eleonora Sancho dotó de agilidad vocal a los personajes que interpretó. Destacó especialmente por la claridad de su timbre y sus buenos agudos en la ‘Mazurca de las sombrillas’, donde logró transmitir una emoción vibrante en los pasajes más líricos. En el momento en que la melodía ascendía, su voz fresca y natural realzó el carácter festivo de la pieza. El tenor Esteban Garreta la acompañó con un desempeño actoral y sonoro elegante y correcto. Desplegó recursos interpretativos en los momentos clave de la obra. Garreta, con su presencia escénica, supo dotar de profundidad a su personaje, reflejando con sutileza las emociones a través de cambios en el color vocal y gestualidad precisa. El experimentado barítono Iglesias Reynas brilló en el ‘Coro de los vareadores’, interpretando la célebre romanza de Vidal ‘Ay mi morena, morena clara’ ofreció una paleta rica de colores expresivos y vocales, cada frase fue articulada con una impecable proyección y control del fraseo, mientras su presencia escénica produjo un momento de alto impacto artístico en la velada.

Pablo Turturiello evidenció algunas de las limitaciones presentes en actores de su generación, como la tendencia a equiparar el recitado poético con una actuación excesivamente enfática. Su interpretación resultó poco natural, lo que dificultó la conexión emotiva del público con el texto. Si bien se trató de un desacierto en la producción, esto no afectó la calidad general del espectáculo, pero sí puso de manifiesto áreas de mejora para el actor.

Merecen una mención especial los intérpretes musicales: concertistas notables y excelentes acompañantes. Se destacan los maestros Claudio Santoro al piano y E. Gonda como guitarrista, quien aportó un toque españolísimo interpretando obras de Rodrigo y Albéniz.

Aunque algunos supuestos puristas miren con sorna o desdén este tipo de espectáculos. La producción logró trascender el formato habitual de concierto coral para ofrecer un espectáculo integral, donde la fusión de disciplinas escénicas y musicales permitió experimentar la zarzuela y el repertorio español desde una perspectiva renovada, más cercana y vibrante. Esta propuesta no solo rescató la esencia de la tradición, sino que también la revitalizó, dejando una huella emocional profunda en el público y consolidando el valor artístico del Coro Polifónico Nacional bajo una mirada contemporánea.

Calificación: Muy Buena

FOTO: GENTILEZA SANTIAGO GARCÍA