BEATRIZ BRAGONI HABLA DE ‘CONSPIRACIONES’, SU ULTIMO LIBRO

La vieja disputa por el relato

En la obra la historiadora reconstruye el conflicto interno que minó al gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata entre 1818 y 1820. La contienda se libró en gran medida a través del periodismo.

Entre 1818 y 1820 una amarga disputa encendía a la opinión pública en las Provincias Unidas del Río de la Plata. La grieta atravesaba las discusiones por la forma de gobierno que querían adoptar quienes apenas en 1816 habían declarado la independencia.

De un lado, la adopción de un sistema monárquico tentaba, entre otros, al director Juan Martín de Pueyrredón, al jefe del Ejército de los Andes, general José de San Martín, y al director supremo chileno, Bernardo O’Higgins. En el bando opuesto, un grupo de conspiradores republicanos encabezados por los hermanos chilenos Luis y Juan José Carrera, orquestaba una furiosa campaña con “impresos subversivos” pensados para desacreditar a sus adversarios y minar las posibilidades de que llevaran a la práctica los planes monárquicos. Su red abarcaba a las ciudades de Santiago, Buenos Aires y Montevideo.

El conflicto transcurrió, en gran medida, a través de la prensa periódica y se resolvió con la captura de los conjurados, quienes “fueron condenados a muerte por tribunales, comisiones militares y fiscales de dudosa prosapia”, escribe la historiadora Beatriz Bragoni. Se trató de una veloz y discutida reacción oficial para silenciar unas voces opositoras que sembraban la discordia, socavaban a las autoridades instaladas y hasta llegaron a afectar el desempeño de las fuerzas patriotas que combatían del otro lado de los Andes.

De ese episodio que no siempre ha sido tratado en detalle por la historiografía clásica nacional se ocupa el último libro de Bragoni, Conspiraciones: noticias falsas y justicia revolucionaria en el origen de la Argentina (Edhasa, 176 páginas). Una investigación aguda y original que, sin caer en anacronismos, sugiere vínculos con hábitos controvertidos de la actualidad.

Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires, Profesora Titular en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo, Investigadora Superior del Conicet y Académica de Número en la Academia Nacional de la Historia, además de autora de cuatro libros y editora o coeditora de otros seis títulos, Bragoni aceptó responder por correo electrónico a las preguntas de este diario.

DIVISION

-¿Qué descubrió como historiadora al revisar el conflicto que narra en su libro, al que llama “brasa caliente de la historia de la revolución rioplatense y chilena”?

-En sentido estricto el conflicto pone sobre el tapete la división del sector patriota en la gestión del poder independiente, la lucha por controlar la opinión y el relato y la manipulación del sistema normativo y judicial para castigar o exterminar a los opositores. A esos problemas remite la expresión “brasa caliente” en cuanto involucra decisiones políticas y judiciales de personajes ilustres de la revolución rioplatense y chilena como fueron Pueyrredon, San Martín y O’Higgins.

El libro expone la cadencia y puntos álgidos del conflicto mediante el estudio de la guerra de pluma, es decir, la dinámica del sistema de información oficial y clandestino que corroyó la confianza o estabilidad del gobierno general de las Provincias Unidas y contribuyó a su colapso entre 1819 y 1820.

-En la disputa entre republicanos y monárquicos en el Río de la Plata, ¿cuáles eran los argumentos de los segundos en el período 1818-1820?

-La idea de proyectar la monarquía constitucional es previa a 1818; estaba en carpeta diplomática desde 1811, era opinión mayoritaria entre los doctores del Congreso de Tucumán, y la prensa doctrinaria la había difundido en virtud a las costumbres, la historia y la conveniencia de adoptarla como artefacto institucional afín al sistema del día o internacional. Pero también fue justificada por convicciones profundas anidadas en las dirigencias revolucionarias: entre ellas figuran, la malograda experiencia de los primeros ensayos republicanos en Venezuela, el rechazo a la tradición francesa, y la certeza o impresión que los pueblos americanos no contaban con formas organizacionales o cualidades culturales para adoptar la república representativa tal como exhibía Estados Unidos de América.

El libro destaca esa discusión mediante el estudio de las misiones oficiales y secretas para erigir un rey borbón y su impacto en la prensa clandestina y gubernamental poniendo de relieve la amplitud del sistema de información en tanto conectaba Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile y otros puntos álgidos de comunicación americanos y trasatlánticos.

CONTEXTO MUNDIAL

-¿Cuánto influyó el contexto internacional en la promoción de una posible monarquía rioplatense?

-El regreso de Fernando VII al trono, el fin del sistema napoleónico y la restauración legitimista en Europa continental contribuyeron a proyectar la monarquía constitucional como arquitectura institucional posible; el problema impulsó diversas misiones diplomáticas a la Cortes para avanzar en su diseño.

Es un tema clásico de la historiografía argentina e hispanoamericana que ha sido revitalizado en tanto monarquía / república constituyó una especie de péndulo en tanto no pocos letrados o políticos la imaginaron como la más apropiada. No obstante, la república se impuso como arena de experimentación primordial en el siglo XIX, como señaló Hilda Sabato, en sus diferentes variantes, federal o unitaria. Pero también importa señalar que entre una y otra, afloraron ingenierías institucionales diferentes, como los protectorados, que traducían formas antiguas y más recientes de gestionar estados, soberanías o patrias independientes.

-¿Qué papel directo o indirecto desempeñó Estados Unidos en la controversia?

-Gran pregunta. Por supuesto que el modelo constitucional norteamericano como otros textos y debates jurídicos e institucionales fueron piezas fundamentales. A ello deben sumarse otros; por un lado, la injerencia de los cónsules para estimular el comercio y promover la opción republicana; por otro, la toma de posición del gobierno de Madison de no apoyar oficialmente a los revolucionarios hispanoamericanos como resultado de sus acuerdos con España por La Florida. También se destaca la enorme importancia de Baltimore y otras ciudades como epicentros de reunión de hispanoamericanos para contratar buques, armas y personal militar para hacer la guerra. Sobre todo de antiguos oficiales simpatizantes de Napoleón I que nutrieron los ejércitos revolucionarios liderados tanto por Bolívar como por San Martín.

LONDRES Y LOGIAS

-¿Cuál fue la posición de Gran Bretaña? ¿Cuál de los bandos enfrentados en el Río de la Plata entre 1818 y 1820 se mostraba más proclive a congraciarse con los intereses británicos?

-Gran Bretaña adoptó una posición neutral en el litigio entre España y sus colonias a los efectos de no perjudicar la posición hegemónica que había alcanzado en el comercio internacional desde 1809. Dicha posición no era independiente del apostamiento de naves en el Atlántico y en el Pacifico ni de la proximidad del comodoro Willian Bowles con San Martín y O’Higgins quienes juzgaban oportuno no sólo la monarquía (y admiraban la inglesa) sino también la protección británica en la guerra contra España y en el asedio de flotas que unían Lima con las provincias del sur chileno en manos todavía de los realistas.

-En el libro se citan nexos con la masonería de parte de integrantes de los dos bandos en pugna. ¿Qué función real desempeñaron las logias en todo el proceso?

-Las logias o sociedades secretas tuvieron un rol destacado en las revoluciones de independencia y no sólo de ellas. Las mejor documentadas son la Sociedad de Caballeros Racionales que nucleó a numerosos hispanoamericanos en Cádiz o Londres y que activaban influencias en sus ciudades de origen a la hora de impulsar la destitución de autoridades coloniales, integrar juntas patrióticas o liderar la política de pluma mediante la edición de periódicos o la traducción de textos afines a las ideas de libertad o autogobierno.

También reluce el protagonismo de la Logia Lautaro en Buenos Aires que impulsó la destitución del primer triunvirato y aceleró el curso de la revolución mediante la designación de sus integrantes en cargos públicos en la capital y jurisdicciones del interior. Dicho impulso gravitó en la convocatoria de la Asamblea Constituyente del año XIII, y en el giro centralizador del poder ejecutivo a través de la creación del Directorio. La cohesión de la logia implosionó en 1815 con la destitución de Carlos de Alvear, aunque se fortaleció con la campaña a Chile convirtiéndose en foco de críticas del chileno Carrera ante dos cuestiones importantes: el monopolio de cargos y el control ejercido contra los opositores, y la intervención de los hombres de Buenos Aires en la vida política chilena entre el triunfo de Chacabuco y el de Maipú. Esas criticas se hicieron visibles en los papeles públicos producidos en la Imprenta Federal con sede en Montevideo, en particular a través del periódico El Huron. Allí se trazó el detalle de su organización, jerarquías y nombres de sus principales integrantes.

ECOS INMEDIATOS

-La disputa cesó en 1820. ¿Hasta dónde influyó su desenlace en las posteriores contiendas civiles entre unitarios y federales?

-Los papeles incendiarios, como los llamó Pueyrredón, cumplieron un papel importante en el humor popular porque desnudaron y difundieron el proyecto de coronar un rey borbón en Buenos Aires. También aportaron argumentos a favor del justo derecho de los pueblos a formar gobierno y no aceptar los dictámenes del gobierno central y del congreso que había sancionado una constitución centralista y aristocrática.

Esa constitución había sido jurada con desconfianza por los oficiales intermedios del Ejercito del Norte, y regimientos del Ejército de los Andes, quienes sustrajeron obediencia al gobierno central o a José Rondeau, dejándolo desnudo frente al Ejército Federal en Cepeda. El mismo incluía al chileno José Miguel Carrera, convertido en mano derecha del entrerriano Francisco Ramírez, quien intervino en la designación de Manuel de Sarratea como gobernador de Buenos Aires y la firma del tratado del Pilar.