En el teatro Avenida, alma de la lírica española en América
‘La verbena de la Paloma’: alegre retorno
‘La verbena de la Paloma’, sainete lírico en un acto, con libro de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón. Régie: Jorge Mazzini. Iluminación: Fernando Micucci, Paco Urdiales. Vestuario: Pablo Bonet. Proyecciones: Troy Video. Con: Rodrigo Olmedo, Marina Biassotti, Guadalupe Maiorino, Mauro Esposito, Rene Sacher, Cristián Maldonado, Laura Rizzo, Lara Mauro, Leonardo Manna, Flavia Memmo, Peggy Sol, Ana Acosta, Gustavo Dileo, Lisandro Dupont. Ballet Clásico Español, Coro Aires de Madrid (direcc.:Mabel Almirón) y Orquesta Amadeus Nuevos Horizontes (direcc.: Alfredo Corral). El sábado 31 en el teatro Avenida. Repite el 26 y 27 de noviembre.
Originado en representaciones de la época de Felipe IV, alrededor de 1650, en un edificio del Real Sitio del Pardo denominado ‘La Zarzuela’, el denominado “género chico” español se fue desarrollando a través de los siglos, enriquecido por gran multitud de creaciones y avasalladores éxitos. Parangonada con el ‘Singspiel’ alemán, la opereta vienesa, la ballad o masque inglesa, así como también con la ópera comique francesa o la comedia musical estadounidense, la zarzuela ha sobrevivido gallardamente a todos los tiempos. Con alguna palidez a contar de la década de 1960, mantuvo vigencia sin embargo fundamentalmente en Cuba y la Argentina, donde el teatro Avenida, continuando una larga tradición, se erigió como verdadero baluarte de la escena lírica hispana. Entre las obras de mayor popularidad se destacan sin duda ‘Doña Francisquita’, ‘Luisa Fernanda’ y desde ya ‘La verbena de la Paloma’, que acaba de subir a escena en la misma sala en una versión tan animada como chispeante.
ESPIRITU CASTIZO
Lo fundamental de esta nueva producción, se lo debe decir desde ya, fue su apego a las claves más genuinas de la pieza originaria de Tomás Bretón. Estrenada en 1894 en el teatro Apolo, de la capital ibérica, ‘La verbena de la Paloma, o el Boticario y las Chulapas, o Celos mal entendidos’, es un sainete musical en tres cuadros, verdadera joya del repertorio, por sus cautivantes y tan conocidas elaboraciones sonoras y la gracia de su texto (de Ricardo de la Vega).
Hombre de teatro y del espectáculo de muy extensa y reconocida trayectoria, el siempre inquieto Jorge Mazzini fue el alma mater de esta versión, que tuvo apropiados acentos castizos, fluidez de movimientos y coherencia dinámica. Ello, además de sana comicidad y escenas divertidas y bien resueltas.
En el cuadro de cantantes, el tenor mendocino Rodrigo Olmedo (Julián) acreditó registro parejo y bien timbrado, la soprano Marina Biasotti (Señá Rita) exhibió voz colorida y bien redondeada, al tiempo que la mezzo Guadalupe Maiorino (Susana) lució metal de atrayente cromatismo, pastoso y lozano, y Leonardo Menna (Don Sebastián) complementó el elenco con tersura y natural aplomo.
En lo que respecta al terreno actoral (la zarzuela intercala variados diálogos hablados), sobresalieron Rene Sacher (Don Hilarión), quien encarnó a su hilarante personaje con amplia gama de recursos y loable entonación, y Ana Acosta (Tía Antonia), conocida figura de nuestra escena, quien trató de adaptarse con notable solvencia a las particulares características de su papel.
Cabe subrayar desde otro costado la labor del Ballet Clásico Español, de bonitas figuras coreográficas, cuyos solistas Alexis Frank y Gastón Stazzone revelaron carácter y contagiosa reciedumbre.
OTROS ASPECTOS
Al frente de la Orquesta Amadeus Nuevos Horizontes estuvo Alfredo Corral, quien concertó con pulcritud, al tiempo que el Coro Aires de Madrid intervino con ajuste. La escenografía fue manejada, por su lado, con atinadas proyecciones.
Ya en el final de la función, y como números de fin de fiesta, Cristián Maldonado, Lara Mauro y el robusto Mauro Espósito abordaron diversos fragmentos del catálogo, espacio en el que se distinguió la soprano Laura Rizzo en la ‘Canción de Paloma’, “aires de zapateado” de ‘El barberillo de Lavapiés’, de Francisco Asenjo Barbieri, que abordó con vivacidad y agraciado metal.
Hoy, reanudada ya hace tiempo la actividad regular del Teatro de la Zarzuela, de Madrid, en la calle Jovellanos, bien podríamos decir que el repertorio ha recuperado amplia presencia y difusión. Pero esto no nos puede llevar a desviar la mirada de la ópera española, entre cuyos títulos más relevantes se alinean ‘Goyescas’, ‘La Dolores’ y especialmente ‘Marina’, bellísimo trabajo de Emilio Arrieta. Que algún día deberíamos ver en nuestros escenarios.
Calificación: Muy bueno
