El actual gobierno pasará a la historia como el de las cuarentenas. Un nuevo encierro es todo lo que tiene para ofrecer.
Entretanto y sin otra solución a mano dedica su ingenio a proyectos como el de demorar las elecciones 30 días. Cree o finge creer que esa es la clave para evitar el futuro adverso que le prometen las encuestas.
El fracaso ha vuelto a Alberto Fernández impermeable a la realidad. Su preocupación es el conurbano, pero como no puede controlar a sus habitantes intentó cerrar las aulas en CABA. D
Al mismo tiempo simula creer que en un mes va a recuperar la confianza perdida por la caída del 10% del PBI, la pobreza del 42%, el desempleo de dos cifras, la pérdida de poder adquisitivo del 15% y otras catástrofes. La inflación de los últimos meses provocó estragos que tomará años reparar. Frente a una situación tan crítica lo más sensato que podría hacer el ministro de Economía es un plan de estabilización, pero ni eso le permiten.
La crisis económica tiene su origen en el fracaso del experimento electoral de Cristina Kirchner con Alberto Fernández. El principal desafío del presidente era la pandemia y consiguió el peor resultado imaginable:
Este fenómeno expone la disfuncionalidad del gobierno. El poder real es el de la vicepresidenta. Agotado Fernández, ha dado un paso al frente Axel Kicillof. Cristina Kirchner y su hijo Máximo todavía pueden mantenerse en un prudente segundo plano. Cambian los que ponen la cara, pero algo permanece: la falta de rumbo y de programa. Todo es aguantar e improvisar.
A lo que hay que agregar que
Pero tampoco la disfuncionalidad termina allí. Por impotencia de los políticos la confrontación entre oficialismo y oposición se trasladó a la Justicia. Sin embargo, un eventual gobierno de los jueces sería tanto o más disfuncional que el de los políticos.
