El rincón del historiador

La terrible guerra de la Triple Alianza y la fiebre amarilla

Por Julio C. Borda *

La terrible guerra de la Triple alianza, librada por Argentina, Brasil y Uruguay contra al Paraguay entre 1865 y 1870, fue uno de los con conflictos más trágicos vividos por los países de Sudamérica, donde esta última nación fue prácticamente arrasada por las fuerzas de esos países.
Fue tal el drama padecido por el Paraguay, que la población masculina disminuyó notablemente durante esos terribles años, debido a que todos los hombres que estaban en condiciones de ir al campo de batalla, fueron conducidos hacia allí, en donde la mayoría de ellos perdió la vida.
Pues bien, luego de finalizada esa trágica guerra, los soldados comienzan a regresar a sus respectivos países. Una de las terribles conconsecuencias que produjo ese conflicto bélico –entre tantas otras- fue la epidemia de la fiebre amarilla que se expandió en Buenos Aires, en el año 1871.
Los primeros que contrajeron esa mortal enfermedad fueron los soldados brasileros que en 1870 se encontraban en Asunción, expandiéndose luego hacia Corrientes para después pasar a la ciudad de Rosario. A principios de 1871, la peste se instala en Buenos Aires para reinar en ella unos meses que fueron dramáticos.
El avance de la epidemia es incontrolable; hay gran cantidad de muertos. La ciudad muestra un aspecto tétrico, de inmenso desconsuelo y desolación. Los investigadores señalan que en el mes de abril la peste se cobró 8.000 víctimas, y que la cifra final alcanzó los 16.000 muertos.

LA FOSFORERA
Hemos de señalar que en esa época había un transporte denominado “fosforera”, que era una especie de carro que transportaba azufre con el fin de desinfectar los numerosos conventillos que existían en la ciudad para que sus habitantes no cayeran víctimas de esa brutal y mortal enfermedad. Tales medios de transporte llevaban ese nombre porque la gente confundía el olor fuerte del azufre con el del fósforo.
La fiebre amarilla arrasa con familias enteras; niños, jóvenes, adultos y ancianos son atacados por igual. Cuenta un testigo la destacada labor realizada por don Carlos Guido y Spano para enfrentar el terrible mal. Señala que los compañeros de Guido “caen como soldados en la pelea …es forzoso habilitar nuevos cementerios…montañas de cuerpos humanos en revueltas confusión colman las fosas –llegan a 700 por día- y la lucha se mantiene tenaz voluntaria, horrenda”.
Fue una época de dolor que la población pudo soportar con estoicismo.
A raíz de la fiebre amarilla, las familias más aristocráticas comenzaron a trasladarse desde la zona de San Telmo, que era el barrio más señorial, hacia lo que en la actualidad se conoce como el Barrio Norte.

* Historiador.