La suerte también juega
En cualquier actividad de la vida, la buena o la mala suerte juega su partida. En el fútbol esta realidad puede verificarse en lo cotidiano, tanto en partidos profesionales como en los de potrero. Cierto es que el pensamiento racionalista no contempla esta posibilidad en los análisis.
Los críticos deportivos y una larga lista de entendidos en general no incursionan en las leyes ocultas de la fortuna, puesto que las tácticas y las estrategias se imponen a cualquier forma de contratiempo, que será explicado según fórmulas matemáticas, geométricas y teoremas. Planificaciones practicadas con antelación y pensadas en sesudas reuniones, luego de observar gráficos o filmaciones. Para finalmente considerar si se jugó mal o bien.
Su posterior éxito o fracaso se explicará entonces como resultado de haber cumplido o no lo pergeñado. Todo esto independientemente de lo que haga el contrario. Luego de observar lo actuado, vendrán o no las correcciones, y todo continúa en virtud de la racionalidad. En definitiva, está bien, es lo que corresponde, porque la fortuna escapa a las posibilidades de realización y diseño humano.
Resultan sorprendentes, al menos para quien esto escribe, los análisis y las conclusiones realizados por los expertos y sabiondos futboleros respecto de la actuación de la selección argentina contra Egipto.
“No jugó bien, el primer tiempo fue de Egipto, hay jugadores demasiado grandes” y todo tipo de elucubraciones en un intento de explicar racionalmente cuestiones que, a mi ver, pasan por otro lado.
OTRA EXPLICACIÓN
Seguramente cuando este artículo llegue al lector la selección nacional habrá jugado su partido con Suiza; no importa, pues no pretende anticipar nada, sencillamente incorporar un ingrediente muchas veces ninguneado.
El gol egipcio fue una mala actuación de nuestra defensa, sobre esto no hay discusión. Ahora bien, la selección argentina no decayó, continuó con un avance arrollador, generando cuatro situaciones de gol: el penal, un tiro libre en el palo, un cabezazo que saca el arquero y otra jugada de Álvarez que el arquero contiene. Vulgarmente dicho, la pelota no entraba.
¿Por qué el arquero se tiró para su costado izquierdo deteniendo el tiro de Messi? ¿El 10 se delató o fue un milagro? ¿Y si fue esto último, cómo se explica? ¿Por compases, transportadores o escuadras? ¿Puede esto aclararse por estrategias y táctica? ¿Por jugar bien o mal?
La suerte existe. Tanto la buena como la mala. Salgamos de la cancha y vayamos a los libros. En este caso, a un pensador extraordinario del siglo XVI. Le imploro al lector que no me incluya entre los presumidos; de ninguna manera es mi intención.
En uno de los párrafos del libro El Príncipe, escribía Maquiavelo a propósito de las condiciones que debe tener todo conductor: “Y dado que el hecho de que un hombre se convierta de la nada en príncipe presupone necesariamente talento o suerte. Presupone virtud o fortuna. Sin embargo, el que menos ha confiado en el azar es siempre el que más tiempo se ha conservado en su conquista.”
Como se ve, en artes tan complejas como el de ser un conductor y gobernar, la suerte tiene un espacio importante, a condición de no recostarse solo en ella.
EL OTRO CHOLO
Para finalizar, recuerdo que en la década del 60 -no tengo precisión, pero fue entre 1965 y 1967- un célebre jugador de Boca Juniors, Carmelo Cholo Simeone, lateral derecho, al ser consultado por un reportero deportivo sobre si se consideraba un jugador de suerte (poniendo en valor la fortuna), contestó sabiamente: “A la suerte la busco y cuando la encuentro la acompaño”.
Creo que eso significó el cabezazo de Cuti: torcer la suerte y luego acompañarla.
