Historias del Conurbano

La sombra de Washington: el 2027 ya se juega en EE.UU., China y el Conurbano


El calendario electoral de Argentina -ya lanzado en los hechos- tiene una parada previa antes de que termine el 2026. Se trata de la elección de medio término en los Estados Unidos que marcará con cuánta elasticidad podrá gobernar Donald Trump sus dos últimos años de mandato. Lo que en otros tiempos podría tener para la política doméstica una significado aleatorio, esta vez se convierte en clave debido al alineamiento que el gobierno de Javier Milei ha mostrado con el líder republicano, cuyo principal objetivo es frenar en toda esta región el avance de China en sectores clave como la energía y las comunicaciones.

Perder de vista ese punto es mirar el proceso que viene con miopía, mucho más luego de recientes movimientos que se han dado en las últimas semanas. Sobre esa geografía geopolítica se recortan los atisbos de posibles candidaturas que han ido acelerando su instalación a la luz de errores propios del gobierno de Milei, como así también del “éxito” del ajuste llevado adelante que ilusiona a peronistas y no tanto a ganar las elecciones del año que viene. En ese tablero se inscriben dos situaciones recientes.

Por un lado, el rol jugado por Sergio Massa en la derrota que sufrió el oficialismo en el Senado, donde se frenaron los capítulos más resistidos del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El exministro de Economía fue señalado como uno de los responsables de articular los votos que frenaron esos capítulos, lo que volvió a colocarlo en el centro de la escena y reavivó los rumores sobre una candidatura en 2027.

MASSA, HADAD Y BRITO

Este movimiento confirma una tendencia que viene de meses atrás: Massa trabaja con bajo perfil mediático pero con alta intensidad de reuniones reservadas para emerger como uno de los principales articuladores de un proceso de reorganización que busca preservar la unidad del espacio peronista, negociando en paralelo con gobernadores del PJ, jefes de bloque y la CGT. El objetivo declarado por su entorno es bajar la conflictividad interna -"basta de decir este no, este no"- para llegar a 2027 con una oferta unificada capaz de disputarle a Javier Milei el poder. Massa juega, por ahora, el rol de arquitecto antes que de candidato declarado, dejando abierta la puerta a que ese lugar se lo termine dando la propia dinámica de la interna.
Aquellos que lo frecuentan suelen recordar una de sus frases de cabecera: “Si no puedo jugar de 9 no me molesta jugar de 5”. Traducido: si no me da para ganarle a Milei, puedo ser el constructor de un esquema que le gane.

En paralelo, y por fuera del peronismo formal, la semana consolidó la especulación sobre la hipotética candidatura de Daniel Hadad como figura de un electorado desencantado tanto con el kirchnerismo como con el ajuste libertario. En las tantas entrevistas que brindó, Hadad cuestionó al equipo que rodea a Milei por considerarlo poco homogéneo y enfrascado en peleas que no suman, aunque remarcó que un 70% de la sociedad no quiere volver al escenario previo a 2023.

Ese doble movimiento -crítica al Gobierno sin reivindicar al kirchnerismo- es la fórmula con la que empresarios, sindicalistas y sectores moderados empiezan a mirarlo con simpatía. Consultado sobre otros nombres, eligió elogiar a Jorge Brito como un outsider ajeno a la política tradicional, describiéndolo como "un tipo muy centrado que tiene todo para dedicarse al país". La jugada puede leerse a dos bandas: por un lado, Hadad evita jugarse él mismo mientras evalúa el terreno (no descarta postularse, pero tampoco confirma); por otro, al proponer a Brito, "arrastra la marca" del debate sobre outsiders empresariales hacia un terreno que también lo beneficia a él si finalmente decide dar el paso.

Algunos datos más ayudan a especular sobre sus próximos pasos. Hoy, Hadad volverá a mostrar su poder de convocatoria al presentar un trabajo histórico del encuentro entre San Martín y Sarmiento regenerado con inteligencia artificial que hizo Infobae, su empresa multinacional. Lo destacado es que será en la Facultad de Derecho y se espera la presencia de representantes de todas las áreas de la vida social y política de Argentina. Y además, quienes están cerca del empresario y periodista, aseguran que el año que viene regresaría a vivir en el país. Actualmente reside en Estados Unidos.

Ninguno de estos movimientos puede leerse sin el trasfondo internacional. El respaldo de Washington a Milei sigue siendo la variable que condiciona el margen de maniobra del oficialismo. En su momento, Trump advirtió que si Milei pierde, Estados Unidos "no va a ser generoso" con Argentina, calificando a la oposición como parte de la extrema izquierda. Pero ese respaldo empieza a mostrar fisuras de cálculo político doméstico en EE.UU. La discrecionalidad de Trump depende de que el Congreso estadounidense reproduzca sus mayorías republicanas en noviembre, y que no está claro el impacto que tendría una eventual derrota republicana en la estabilidad de la derecha transnacional.

Cabe preguntarse si el ascenso de figuras como Hadad puede leerse como una réplica local del desgaste de sectores republicanos moderados respecto de Trump. Es una hipótesis todavía especulativa, pero coherente con los hechos: Hadad acelera su regreso a la Argentina justo cuando el respaldo de Washington a Milei empieza a mostrarse condicionado antes que incondicional. El eje económico cierra el círculo. El ajuste de Milei sigue golpeando con mayor intensidad a los sectores de mayor peso electoral, lo que empuja a los actores territoriales del peronismo a agruparse, no en torno a un proyecto ideológico único, sino a una lógica de oferta electoral amplia.

Ciertos movimientos por ahora poco visibles, alimentan las sospechas. Un grupo de dirigentes sindicales que estaba construyendo una mesa intersectorial que esté guiada por la Iglesia Católica, ya ha girado hacia la figura de Daniel Hadad.

¿Cuánto tiene que ver en eso Emilio Monzó? Quizá mucho. Son los mismos sindicalistas que lo veían como posible candidato y él les dijo que estaba para armar. No para encabezar.

Los nombres de Massa y Hadad no son contradictorios, sino complementarios. Al menos eso es lo que creen integrantes muy importantes de la política y el empresariado. Por demás, hay aún muchas incógnitas por revelar. Y demasiados actores por convencer. Pero la campana de largada ya sonó.

PENETRACIÓN SILENCIOSA

La importancia del calendario electoral norteamericano en Argentina también se explica porque el tema que más le preocupa a Estados Unidos en nuestro país y en la región es la penetración china. Y surgen dudas entre el relato de alineamiento con Occidente y los hechos reales.

En un reciente informe, la revista Foreign Affairs sostiene que China cambió su eje en América Latina, no su penetración. ¿De qué manera? Dejó atrás los megaproyectos para concentrarse en cuestiones de seguridad, energía, transporte y litio. Con ello, dice el informe, logra evitar el escrutinio político y al mismo tiempo, crea dependencias.

Algunos ejemplos, a priori pequeños, lo demuestran. Son cada vez más los intendentes del conurbano que han celebrado acuerdos directos con provincias del gigante asiático y establecido contactos directos en diversas áreas. En el ámbito cultural, en José C. Paz, la Universidad ya dicta una carrera vinculada a los intereses chinos. El intendente y senador Mario Ishii fue uno de los precursores de esas vinculaciones décadas atrás. Pero lo siguieron muchos de sus colegas del Gran Buenos Aires que viajan más a Asia que a Norteamérica.

A ello se le agrega lo sucedido recientemente como una clara señal. La minería, en este contexto, ofrece el ejemplo más incómodo para el relato oficial. En el proyecto Vicuña, en San Juan (dieciocho mil millones de dólares, el mayor de la historia argentina) la ciudad modular que alojará a miles de trabajadores fue adjudicada a un consorcio liderado por PowerChina, que importará los módulos desde Asia. La oferta de fabricación nacional perdió por dieciocho millones, parece mucho pero cuando se analiza la diferencia, son impuestos que la empresa nacional tiene en desventaja contra la china. Por esa diferencia irrisoria, la Argentina resignó cientos de empleos de fábrica a cambio de cincuenta de montaje. La decisión fue de los operadores del proyecto, de capital canadiense y australiano, amparados en el RIGI.

El embajador de EE.UU. en Argentina, Peter Lamelas, citó la semana pasada una frase que se le atribuye a Marco Rubio: "El ingreso a los Estados Unidos es un privilegio, no un derecho". Lamelas la usó para explicar por qué Washington amenazó con revocar las visas de dieciocho directivos de una cooperativa eléctrica de Neuquén. El "delito" de esos dieciocho argentinos era negociar con Huawei un data center. La embajada aclaró que no era injerencia en la soberanía argentina. Era, dijo, seguridad nacional. De los Estados Unidos.

Estos casos son sólo algunos que la SIDE no parece haberlo detectado, la Cancillería atiende problemas aparentemente más urgentes, y Karina Milei se mantendría, en principio, ajena a estas cuestiones. Sin responsables directos en el Estado argentino, no fue su sistema de Inteligencia, ni una política de seguridad tecnológica o una doctrina sobre qué infraestructura crítica admite qué origen. Entonces, Estados Unidos tuvo que intervenir, donde Argentina no protege a sus propios y declarados aliados estratégicos. Un gobierno que sobreactúa su amor por Occidente y permite la mayor expansión china de la historia reciente. Una relación con los Estados Unidos que, de cerca, es sobre todo una relación con Donald Trump. Menos alianza estratégica que afinidad entre dos figuras.

La elección de los candidatos para el 2027 también incorporará estos detalles. No todo se juega en la rosca local. Menos en tiempos donde se declara que la Argentina pueda convertirse en un faro de Occidente.