‘Pepita, la pistolera’

La sociedad Puenzo-Lopilato propone un cine de calidad


 


‘Pepita, la pistolera’ (Argentina, 2026). Guion: Lucía Puenzo, Andrés Gelos, Tatiana Mereñuk. Dirección: L. Puenzo. Actores: Luisana Lopilato, Claudio Tolcachir, Alberto Ajaka, Charo López, Marcelo Subiotto, Camila Peralta. Duración: 106 minutos. Clasificación: apta para mayores de 16 años.



Algunas leyendas superan incluso su propia historia. Por lo general, el boca en boca las magnifica o, por el contrario, las reduce; y la verdad queda entre el mito, el recuerdo y hasta una ambivalente idolatría, con los archivos de época demostrando que en realidad hay más fantasía que objetividad. 

Tercera generación de apodo -primero la canción mexicana de Ana María Cachito, y luego una adolescente que manejaba una banda de violadores en el conurbano en 1986-, Margarita Di Tullio, más conocida como ‘Pepita, la pistolera’, con su filme homónimo, aumenta la confusión. ¿Heroína o victima? ¿Villana o protectora de las trabajadoras sexuales de la Costa argentina? Para la realidad, mejor remitirse a las crónicas policiales; para disfrutar de un gran filme, muy bien dirigido por Lucía Puenzo y mejor actuado por Luisana Lopilato, ideal.

HECHOS REALES

Inspirada en hechos reales, aunque contemporaliza décadas diferentes de Mar del Plata como la del Loco de la Ruta (mediados de los ‘90) con la época dorada de madama de Di Tullio (principio de los ‘80), la cinta recrea la vida de Pepita desde su primer embarazo hasta el acontecimiento que la devolvió a prisión (ya había tenido un paso previo por robo en su juventud), cuando una noche, por defender a su marido e hijo, mató a tres hombres que irrumpieron en su hogar para robarles dinero.

Ese desenlace es el que al final termina etiquetándola con su apodo, que está más cerca del de Bonnie Parker, la de Bonnie and Clyde, que la de una mujer de la clandestinidad que no tenía piedad a la hora de resolver situaciones.

El filme se desliza frente a los ojos del espectador con abrumadora escalada. Puenzo logra en todo momento desarrollar la tensión de personajes que en cada encuentro se sacan chispas. Y el acierto de tal simbiosis es un casting efectivo que encuentra en Camila Peralta, Charo López, Alberto Ajaka, Marcelo Subiotto y Claudio Tolcachir, sus cumbres narrativas. Los primeros planos, con voces empoderadas y miradas asesinas, generan esos climas que llevan la historia a la marginalidad más visceral. Y como eje que articula todas las pasiones, Luisana Lopilato con una actuación consagratoria.

Si el talón de Aquiles de cualquier actor es ese ADN inmodificable que unifica todos los registros, Lopilato lo eliminó. En su Pepita no hay absolutamente ningún vestigio de su famosa Paola Argento (‘Casados con hijos’), la Mary (‘Los que aman odian’), y mucho menos de Manuela Pelari (‘Pipa’). Lopilato es como actriz al cine argentino, lo mismo que Leonardo Sbaraglia y Joaquín Furriel como actores. Camaleónicos, reversibles, inclasificables, impredecibles.

Los textos del final le quitan intensidad a la hora cuarenta y pico de ansiedad vivida, y hasta sacan una sonrisa. Después de asfixiarnos contra la butaca con las pendencieras actitudes de esta indómita Pepita, Puenzo baja dos tonos como para que no tomemos partido por nadie y entendamos que lo visto fue entretenimiento puro, del mejor, de lo que el cine nacional –lamentablemente- nos da a cuenta gotas. Sin escena poscrédito ni esas estrategias hollywoodenses de continuidad, la única expectativa que ilusiona es saber que la sociedad Puenzo-Lopilato invita a seguir soñando con un cine de altísima calidad.

Calificación: Muy buena