Claroscuros de una diva que se hizo a sí misma

La serie de Moria, un intento por desarmar un mito argentino


 


‘Moria’ (Argentina, 2026). Guion: Javier Van de Couter, Martín Vatenberg, Jacques Bonnavent, Donna Tefa Sanguinetti. Dirección: J. Van de Couter. Actores: Moria Casán, Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani, Cecilia Roth. Duración: 8 capítulos. Clasificación: apta para mayores de 16 años. Disponible en Netflix.



La serie de Moria Casán viene a reafirmar el inmenso ego de la artista y explica el camino de una heroína que se convirtió en diva por decisión propia. Desde sus comienzos, Ana María Casanova fue disruptiva, aceptada, amada, aplaudida y reconocida pero nunca endiosada. Esa pasión e historia que narran de manera ajena las leyendas vivas como Susana, Mirtha, Charly, Maradona y Messi, en su caso no sucedía. Entonces ella, con sus propios recursos e ímpetu, se puso en ese Olimpo. Su profesionalismo (ella misma dice que nunca faltó a una función de teatro de las más de cinco mil que realizó en su vida), inventiva, transgresión y vigencia, la convirtieron en otro emblema nacional, ese registro que en la mayoría de las celebridades, sólo lo alcanzan con la muerte. Y lo reconfirma con su serie, que como ella misma metaforizó, en la actualidad se está replicando en cadena nacional por televisión, radio, canales de streaming y redes sociales.

Se habla de Moria porque Moria lo propone y todos compran sin dudar. Moria es autosuficiente y si no tiene talibanes de su aura, con ella misma alcanza.

LOS INICIOS

Dividida en ocho capítulos y en tres actrices principales que la muestran en sus etapas más representativas, la serie cuenta desde el momento en que se hartó de la universidad y saltó a las tablas gracias a un encuentro fortuito y la visión de Carlos A. Petit (Luis Machín), quien le propuso una audición para ser vedete en la Calle Corrientes. Y así, como lo cuenta en sus entrevistas, pasó de bajar las escalinatas de la Facultad de Derecho al escenario de El Nacional para mostrar sus prominentes curvas en un cuadro donde emulaba semidesnuda a Charles Chaplin.

Falto de ritmo y mal ambientado en una década que debería mostrar los finales del ‘60 pero parecen los ‘70 y ‘80, el primer capítulo inicia con la Moria de Sofía Gala Castiglione, que hace de su madre cuando tenía veinte años. Allí deja entrever la violencia física que ejercía su pareja y la amorosidad de su padre, quien le inculcaba el arte mediante la pasión por el piano y la invitación a que estudie danza. Si bien el comienzo es cuesta arriba, al lanzarse la serie en su totalidad, dar una sentencia inmediata es como juzgar los primeros diez minutos de una película que puede repuntar.

Y así sucede con la inclusión de Marco Antonio Caponi, que en el rol de Mario Castiglione eleva la vara actoral. Su presencia es la que mejora todo, incluso le da tensión a un libro que se regenera con su protagonismo. Y entre escenas que van y vienen, Moria Casán, la verdadera guionista de la serie, relata algunos detalles como el acoso que ejercía Jorge Porcel sobre el escenario, lo que significó el propio Castiglione en su vida y la posterior llegada de Luis Vadalá (Joaquín Ferreira), a quien trata de vago, ordinario, cocainómano, mujeriego y exhibicionista.

EXPLOSIVA

La Moria de sus años más explosivos es obra de Griselda Siciliani, que si bien fisonómicamente no es parecida, le toma la temperatura exacta al personaje. Su tono de voz, tempos y modismos tienen la precisión perfecta y es ella quien la muestra en su mejor expresión. La tercera Moria, la más actual, es obra de Cecilia Roth, tal vez la menos creíble y ya en el epílogo de lo narrativo, aunque tiene la mejor anécdota que es el periplo de Paraguay, las joyas y sus días en prisión. Aunque Roth con peluca negra se asemeja más a un personaje de Pedro Almodóvar dentro de una serie como ‘En el barro’, imaginarse a la ex ‘Brujas’ en la cárcel ya es en sí mismo un imperdible filme de comedia negra.

‘Moria’ no es una historia reveladora, no muestra nada nuevo que asombre al espectador, sino indicios que explican un polémico control sobre la cocaína, un culto y respeto por el trabajo, una incondicionalidad con el público y un fuego interno desmedido por prevalecer, prosperar y sobresalir. El resto de la serie, que son la mayoría de las escenas, se dedica a profundizar lo que ya se vio de ella, como los móviles donde le da rienda suelta a su “lengua karateca”, éxitos como ‘A la cama con Moria’ y el talk show ‘Entre Moria y vos’, y el conflicto que le trajo la adicción de su hija Sofía, quien encuentra en la actriz Olivia Nuss su versión más fidedigna.

Por momentos vertiginosa, y por otros un tanto empalagosa de tanto “yo, yo, yo”, la serie en definitiva no hace más que describir la personalidad de una artista que decidió ponerse ella sola la corona de reina y el pueblo le brindó inmediatamente pleitesía.

Dirigida con tino por Javier Van de Couter, ‘Moria’ podría haber profundizado más en aspectos desconocidos, denuncias nuevas o secretos que nunca verán la luz; pero al show le sirve el algoritmo, la reiteración y lo que genera viralidad. Y ver a Siciliani repitiendo “el jamón no era jamón, era japaleta... Todo berreta, todo berreta” es lo que más rinde y sigue agigantando la figura de La One.

Calificación: Buena