Por Joaquín Bustos
En su discurso de asunción, el 10 de diciembre de 2023, el presidente Javier Milei declaró que finalizaba la larga decadencia nacional, y la Argentina entraba en una nueva era. Tal vez así se sintieron los patriotas de Mayo cuando proclamaron la revolución. Pero claro, tanto en 1810 como en 2023, una declaración de principios no deja las cosas hechas. Partiendo sin nada, había que salir de la bancarrota, armar un gobierno, vencer a enemigos poderosos. Rebelarse era solo el primer paso.
Los hombres de Mayo tuvieron que pelear mil batallas para hacer de este desierto un país, y hubo una fue clave. En septiembre de 1812, comandado por Manuel Belgrano, el Ejército Norte venció en la Batalla de Tucumán a las tropas del Imperio Español, que lo duplicaban en número y lo triplicaban en armamento -Belgrano tenía solo 4 cañones, y el realista Pío Tristán 13. Tucumán fue una obra maestra de la estrategia militar, que se sigue estudiando en West Point junto a las grandes maniobras napoleónicas. Y políticamente, en Tucumán consolidó la revolución. Confirmó la frontera del nuevo país, y levantó la moral de los políticos en el Río de la Plata.
Dos siglos después, Milei tiene que dar su propia Batalla de Tucumán para confirmar la revolución libertaria. La pequeña provincia del Norte, cuna de la Independencia y sexta en población a nivel nacional, hoy es el feudo kirchnerista más duro del interior. En octubre pasado el gobernador Osvaldo Jaldo obtuvo la victoria más importante del peronismo a nivel país. La resistencia al jaldismo está concentrada en La Libertad Avanza, la carrera por la sucesión ya arrancó, y las encuestas dicen que el escenario 2027 está muy parejo. Jaldo está nervioso por este escenario, y se empieza a notar.
EL FEUDO HEREDITARIO DEL NORTE
Al igual que en la Nación, el kirchnerismo inició en Tucumán en 2003, cuando llega a la gobernación José Alperovich, hoy preso por la violación reiterada de su sobrina. Como su líder Cristina, Alperovich disfruta de una cómoda prisión domiciliaria con tobillera. Pero algo los diferencia: el kirchnerismo tucumano aún continúa en el poder, y sin interrupciones. Tucumán es la versión más descarnada y eficaz del movimiento nacido en Santa Cruz: una monarquía hereditaria sostenida sobre el desvío de fondos públicos, la manipulación electoral, el control de la justicia y la violencia de los punteros.
Desde hace 23 años, en Tucumán gobiernan siempre los mismos. Osvaldo Jaldo, actual gobernador y cabeza del feudo, ya era funcionario de Alperovich (por cuyo nombre juró al asumir). Alperovich gobernó tres períodos, entre 2003 y 2015, cuando fue sucedido por su propio vicegobernador, Juan Manzur. A su vez Manzur gobernó por dos períodos, entre 2015 y 2023, hasta que le cedió el mando a su propio vice, Osvaldo Jaldo. Los tres son socios y sus séquitos son los mismos. Y así planean perdurar, hasta el fin de los tiempos.
El modelo electoral tucumano ha sido denunciado a nivel nacional e internacional por absurdo y tramposo: es el famoso sistema de acoples, por el cual un "partido principal" puede tener múltiples "partidos satélites", que después suman sus votos a la misma fórmula en el escrutinio. Gracias a este sistema, y tal como ha pasado, Jaldo puede presentarse a elecciones con más de 50 partidos, inundando el cuarto oscuro de boletas que después se van a sumar a la suya. En este sistema, quien controla el aparato político del estado es casi invencible, porque tiene los recursos para crear infinitos “acoples” hasta que las boletas de la oposición se diluyan en un papelerío de confusión. La hipocresía de Jaldo es tal que, cuando arrecian las críticas de la gente al ridículo sistema vigente promete que lo va a reformar... y luego se desdice.
CORRUPCIÓN FUERA DE CONTROL
Una cosa que hay que agradecer al feudo tucumano es que no da vueltas a la hora de robar. Nada de licitaciones falsas, facturas truchas, sobreprecios, tierras fiscales subvaluadas o bonos fantasma. En Tucumán, cuna de malevos, los fondos públicos simplemente "se retiran por ventanilla". Explicar es cosa de pusilánimes.
Días atrás, la Justicia Federal archivó el caso de las extracciones masivas de fondos en varios municipios gobernados por el régimen (como Banda del Río Sali, Famaillá, Lules, Alberdi; en este último caso, el intendente también fue destituido por narco) mediante el nada sutil método de "retiro de cheques por ventanilla". Los jueces descartaron el caso porque "no encontraron delito penal", más allá de una masiva ¿desprolijidad administrativa?
La explicación de los burócratas del feudo es que esa desproporcionada masa de dinero faltante -unos 39 mil millones de pesos en solo dos años- se usó para pagar en efectivo gastos escasamente registrados -por ejemplo, empleados no bancarizados o proveedores sin factura. La precariedad como respuesta a todo: en un mundo de billeteras virtuales e información financiera detallada, Tucumán se justifica en manejos propios del siglo dieciocho.
Hay un caso todavía peor: el de las comunas rurales, que son 93 en toda la provincia. Estas son fondeadas directamente por la gobernación, y funcionan a pura discrecionalidad. Lisandro Catalán, líder de La Libertad Avanza en Tucumán y exministro del Interior, que conoce bien el tema por tucumano y por funcionario especializado en federalismo, sostiene que en las comunas está el mayor despilfarro de fondos, y propone directamente eliminarlas como unidades administrativas (que de administración tienen poco y nada) y anexarlas a los municipios ya existentes. Pero el contador público Osvaldo Jaldo, que odia todo tipo de contabilidad, defiende a cabezazo limpio el modelo comunal. ¿Para qué cambiar algo que nos funciona desde hace décadas?
COMIENZAN LAS HOSTILIDADES Y LOS CABEZAZOS
Naturalmente, un modelo político basado en la manipulación abierta de las elecciones, el desvío de fondos públicos mediante "cheques por ventanilla" y la sucesión hereditaria del poder necesita violencia para que todo siga funcionando. Pero el 11 de marzo pasado a Jaldo se le fue la mano. Todo el país se horrorizó con el video viral donde Marcelo Pichón Segura, empleado y mano derecha del ministro jaldista Darío Monteros, le clavó un cabezazo criminal en el rostro al diputado nacional libertario Federico Pelli, quien quedó tirado semiinconsciente en una banquina y con el tabique nasal fracturado.
El hecho ocurrió en la ruta 157, en los alrededores de la localidad de La Madrid, que se había inundado. Pelli, nieto del famoso arquitecto tucumano, encabezaba un grupo de diputados y dirigentes de La Libertad Avanza que iba a llevar provisiones a los afectados por la inundación. Y seguramente iban a escuchar sus quejas contra el gobierno provincial, cuyo presupuesto para obras contra las lluvias también fue "retirado por ventanilla". Pero Monteros y Segura, presentes en el lugar, les impidieron el paso. "¿Por qué?" se atrevió a preguntar el diputado Pelli, y recibió el golpe a traición que lo mandó directo al hospital.
Jaldo, como es su costumbre, reaccionó verbalmente de una forma y actuó de otra. "La violencia política es repudiable", dijo, y anunció que El Pichón fue detenido por la Policía -obviamente, nadie podía escapar de ese video. Pero no le pidió la renuncia al claro responsable de lo sucedido, que fue el ministro Darío Monteros, ni tampoco está claro que El Pichón haya sido separado definitivamente de la plantilla del estado provincial.
¿PERSECUCIÓN POLÍTICA?
+ El conflicto se venía gestando a fuego lento pero estalló cuando en enero pasado se filtraron las fotos de las vacaciones de Jaldo en Aruba, la exclusiva isla caribeña, y el gobernador apuntó a Cisneros, quien maneja el sindicato bancario y también tiene influencia en varios medios provinciales. Jaldo respondió sacándole a Cisneros el control de la Caja Popular de Ahorros, la principal entidad financiera provincial.
Buscando una salida a la crisis, Jaldo sobreactuó su reacción contra Enzo Ferreira, el coordinador de la juventud libertaria tucumana, quien en el marco del debate por el 24 de marzo arremetió en redes contra Mercedes Sosa, ícono de la música popular argentina. Ferreira se disculpó por su acaloramiento político -la acusó de "gorda comunista" y de promover la lectura histórica de la extrema izquierda sobre los sucesos de 1976, una descripción áspera pero no tan alejada de la realidad. Pero Jaldo no cedía: por varios días, hizo de la memoria de Mercedes Sosa, fallecida en el año 2009, una cuestión de Estado. Pero luego se supo que el empecinamiento de Jaldo contra los jóvenes libertarios era parte de un plan: un medio local publicó capturas del Whatsapp de Mariana Lucenti, la secretaria de Comunicación de la gobernación, quien aseguraba que iban a asediar en diferentes medios (alineados al gobierno jaldista) y redes a los principales dirigentes juveniles de La Libertad Avanza. Además de Ferreira, Lucenti dijo que tenía en la mira a Gonzalo Heredia, mano derecha de Lisandro Catalán. Este último acusó a Jaldo de llevar adelante una persecución política contra los dirigentes de la oposición.
Con esta sucesión de hechos, el ánimo en Tucumán está muy enrarecido, y nada indica que vaya a mejorar. Todo lo contrario: lo que está en juego es mucho, y el trasfondo de todo es la confrontación electoral de 2027 entre Osvaldo Jaldo, el tercer rostro del régimen iniciado en 2003, y Lisandro Catalán, quien ya está en campaña y es el hombre designado por Javier Milei para enfrentar al peronismo en la provincia. Aún cuando Jaldo sea un gobernador por momentos dialoguista -como ahora mismo, que está negociando adelantos de coparticipación con el gobierno nacional-, los hermanos Milei saben que Tucumán es el distrito clave del norte argentino, donde la hegemonía kirchnerista es fuerte pero el hartazgo también, y que La Libertad Avanza necesita ganar allí para consolidarse como una fuerza verdaderamente presente en todo el país.
