La salud bucal en la tercera edad: la gran olvidada que impacta en la calidad de vida
Cuando hablamos de envejecimiento saludable solemos pensar en el corazón, la presión arterial, la diabetes o la movilidad. Sin embargo, hay un aspecto que muchas veces queda relegado y que tiene un impacto concreto en la alimentación, la autoestima, la comunicación y el bienestar general: la salud bucal.
Todavía está muy instalada la idea de que perder los dientes es parte inevitable de envejecer. No es así. La pérdida dentaria está relacionada principalmente con enfermedades como la caries y la enfermedad periodontal, que en muchos casos pueden prevenirse, tratarse y controlarse.
En el consultorio, y especialmente durante la atención domiciliaria que realizo con adultos mayores, veo con frecuencia cómo el cuidado de la boca queda en segundo plano. Algunos pacientes priorizan otras enfermedades crónicas; otros tienen dificultades económicas para acceder a determinados tratamientos o prótesis. También están quienes, por problemas de movilidad, encuentran dificultades para trasladarse hasta un consultorio.
Por eso, muchas veces la consulta llega recién cuando aparece el dolor, una infección o una dificultad importante para comer.
Y cuando eso sucede, las consecuencias pueden ir mucho más allá de la boca.
Una persona que tiene dificultades para masticar puede empezar a evitar determinados alimentos, especialmente carnes, frutas y verduras. Con el tiempo, esto puede hacer que la alimentación sea menos variada y, en adultos mayores vulnerables, aumentar el riesgo de una ingesta insuficiente de nutrientes y de pérdida de masa muscular.
También hay un impacto en la vida cotidiana. La pérdida de piezas dentarias, una prótesis que no se adapta correctamente o una sonrisa que genera vergüenza pueden hacer que algunas personas dejen de hablar, reír o participar de encuentros sociales. La boca también interviene en la forma en que nos comunicamos y nos relacionamos con los demás.
Entre los problemas más frecuentes en esta etapa aparecen la caries, incluida la que afecta las raíces cuando quedan expuestas por la retracción de las encías, y la enfermedad periodontal, una de las principales causas de pérdida de dientes en los adultos.
Otro problema habitual es la xerostomía o sensación de boca seca, que puede estar relacionada con determinados medicamentos y otras condiciones de salud. La disminución de la saliva no es solamente una molestia: puede aumentar el riesgo de caries, favorecer infecciones y dificultar acciones tan cotidianas como hablar, masticar y tragar.
Además, algunas enfermedades crónicas requieren especial atención. Una diabetes mal controlada puede aumentar el riesgo de infecciones y afectar la respuesta de los tejidos. En pacientes que toman anticoagulantes u otros medicamentos, es fundamental que el odontólogo conozca el tratamiento que realizan y, cuando sea necesario, coordine la atención con el médico que los sigue. Esto no significa suspender medicamentos por cuenta propia: cualquier modificación debe ser indicada por el profesional correspondiente.
La buena noticia es que muchas de estas situaciones pueden prevenirse o detectarse a tiempo.
CINCO CLAVES
Para cuidar la salud bucal después de los 60:
1. No esperar a sentir dolor para consultar.
La frecuencia de los controles depende de cada persona. Para algunos pacientes puede ser suficiente una revisión cada seis meses, mientras que quienes tienen enfermedad periodontal, mayor riesgo de caries, prótesis u otras condiciones pueden necesitar controles más frecuentes.
2. Mantener una buena higiene todos los días.
Se recomienda cepillar los dientes al menos dos veces al día durante unos dos minutos, especialmente antes de dormir, con un cepillo de cerdas suaves y pasta dental con flúor. También es importante limpiar los espacios entre los dientes con hilo dental u otro elemento indicado por el profesional.
3. Prestar atención a la boca seca.
Mantener una hidratación adecuada y consultar cuando la sensación de sequedad es persistente. Los chicles o caramelos sin azúcar pueden ayudar a estimular la producción de saliva en algunas personas. También es conveniente revisar con el médico si alguno de los medicamentos utilizados puede estar contribuyendo a este problema.
4. No descuidar las prótesis.
Las prótesis removibles deben limpiarse diariamente siguiendo las indicaciones del odontólogo. Es importante evitar productos abrasivos que puedan deteriorarlas y realizar controles periódicos para comprobar su adaptación y estado. No existe un plazo único para reemplazarlas: depende de su desgaste, adaptación y de las condiciones de cada paciente.
5. Entender que envejecer no significa perder los dientes.
Con una buena higiene, controles periódicos y tratamiento oportuno, muchas personas pueden conservar sus dientes naturales durante toda la vida. Y cuando alguna pieza ya no puede mantenerse, existen alternativas para recuperar la función y mejorar la calidad de vida.
Como odontóloga, considero que uno de los grandes desafíos que tenemos por delante en Argentina es mejorar el acceso de los adultos mayores a la atención odontológica, tanto por razones económicas como por las limitaciones de cobertura que existen en algunos casos.
Pero también necesitamos cambiar una idea que sigue muy presente: que la boca es algo separado del resto de la salud. No lo es. Lo que sucede en ella puede afectar la alimentación, la comunicación, la vida social y la autonomía de una persona.
Por eso es importante que la consulta no llegue solamente cuando aparece el dolor. Un control a tiempo puede permitir detectar una caries, una enfermedad periodontal, una lesión en la mucosa, una prótesis que ya no funciona correctamente o una alteración que requiere atención.
Envejecer no debería significar resignarse a perder los dientes ni a convivir con molestias que podrían tratarse.
Cuidar la boca es también cuidar la posibilidad de comer bien, comunicarse, sonreír y mantener la autonomía durante más años.
Dra. Carolina Caballero (M.P. 25.6029)
@smilesdelsur
