EL ULTIMO LIBRO DE CEFERINO REATO INVESTIGA LOS INDULTOS DE 1989 Y 1990
La reconciliación frustrada
‘Pax menemista’ recrea la gestación del perdón a militares y guerrilleros pero también otras decisiones del gobierno de Carlos Menem orientadas a alcanzar la “pacificación nacional”. El intento fue arrasado por la posterior hegemonía kirchnerista
En el más reciente de sus libros, el periodista Ceferino Reato tomó distancia de su especialidad, los violentos años ‘70, aunque no del todo. Porque el tema de Pax Menemista (Sudamericana, 336 páginas) aborda una de las secuelas de aquella época interminable de fanatismo ideológico, odios armados y manipulación retrospectiva.
Esta vez Reato limita su pesquisa histórico-periodística al primer año y medio de gobierno de Carlos Menem, entre julio de 1989 y diciembre de 1990. Y se concentra en la discutida y casi nunca comprendida política de “pacíficación nacional” que emprendió en ese período el caudillo riojano.
El punto central de ese proceso fueron los indultos a militares y jefes guerrilleros que se habían enfrentado con las armas en los ‘70. Pero fue mucho más que eso, según evoca Reato en una recreación a modo de crónica que dota de coherencia a una etapa que en su momento pareció más bien errática.
“El Menem de este libro no es el Menem engalanado que recibe halagos y homenajes en los años dorados de la Convertibilidad; tampoco, la caricatura de un político exótico, nacido y criado en algún Macondo criollo -escribe en la introducción-. Es el Menem que prueba un sendero propio, muchas veces por el método de ensayo y error, pero que no puede saber si eso lo llevará a algún lado. Mientras tanto, lejos de sufrir esos avatares, disfruta de todos los oropeles del poder, desde los partidos con Diego Maradona y la Ferrari colorada hasta las fiestas y los romances con vedettes y actrices, ciertos o ficticios”.
A la par de los indultos, que se dictaron en dos tandas en octubre de 1989 y diciembre de 1990, Menem también ensayó una reconciliación con el almirante Isaac Rojas, símbolo del antiperonismo más intransigente; impulsó la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas, y promovió la construcción del primer monumento en la Capital Federal a los caídos en Malvinas.
TESTIMONIOS
La indagación de Pax menemista se basa en el testimonio directo de los protagonistas o personajes cercanos a los hechos relatados. Registra las voces de ex funcionarios peronistas, edecanes, empresarios, dignatarios religiosos, ex guerrilleros, militares “carapintadas” y militantes del nacionalismo. Prima la reconstrucción íntima, detallada y entre bambalinas de los hechos por sobre las interpretaciones posteriores, en especial la del “apabullante relato” kirchnerista, que el autor rechaza de manera explícita en más de un pasaje.
En el caso de los indultos, Reato destaca que, a diferencia de lo que suele pensarse, fueron los guerrilleros (y no los militares) quienes más los promovieron como parte de un gesto de “autocritica y reconciliación” que habían expresado ya en junio de 1987, es decir dos años antes de que Menem asumiera la presidencia. Los jefes militares presos, en cambio, no compartían la adhesión de sus viejos adversarios, y algunos de ellos, como el general Jorge Rafael Videla, se opusieron de plano a ser beneficiados con el perdón presidencial.
¿Se valieron también los ex Montoneros del dinero obtenido en los ‘70 con secuestros extorsivos como el de los hermanos Born para aceitar las gestiones? El autor descarta esa versión apelando a la cronología de los hechos y a la declaración de algunos protagonistas sobrevivientes.
INTENCIONES
El paso del tiempo ha desdibujado las intenciones del mandatario riojano al tomar esa serie de decisiones por las que, como bien afirmaba en su momento, iba a pagar un oneroso “costo político”. ¿Hubo una pretensión genuina de alcanzar la pacificación, como sostienen al día de hoy algunos de sus asesores más cercanos? ¿O ese rumbo estuvo dictado también por el cálculo y una estrategia de compensaciones, premios y castigos en el conjunto general de una gestión de gobierno que tenía demasiados frentes abiertos en terrenos conflictivos?
El trabajo de Reato admite las dos posibilidades en función de los testimonios recopilados. Las medidas parecieron sinceras y, salvo los indultos, se mantuvieron en pie hasta el día de hoy. Aunque es cierto que cada una de ellas estuvo atada a un proceso simultáneo cuyo impacto debían amortiguar: el abrazo con Rojas calmaba a los “gorilas” ante el temido retorno al poder del peronismo, y la repatriación de los restos de Rosas endulzaba el trago amargo de las negociaciones para alcanzar el fin de las hostilidades con Gran Bretaña, como parte de los Acuerdos de Madrid.

Esa ambivalencia, propia de un político famoso por su astucia, carisma y picardía, no ha dejado de fastidiar a algunos de los consultados. “Menem fue un personaje que favoreció a los ingleses. Ellos manejaron los tiempos y quisieron premiarlo con este tema. Justamente, trae al mayor defensor de la soberanía el hombre que va a ser el mayor vendedor de la soberanía”, interpretó Juan Manuel Soaje Pinto, nacionalista y lejano descendiente del Restaurador de las Leyes.
Por ejemplos como el anterior es que, lejos de la imagen de “pacificador” con la que aspiraba a ser evocado, Menem quedó fijado en el recuerdo de varios de los entrevistados con el rótulo de “traidor”.
Sus tratos con los “carapintadas”, oscilantes y ambiguos, ilustran ese recorrido. Un arco que fue de la cercanía y el apoyo en la campaña de 1989, más un par de entrevistas con todo tipo de supuestas promesas del flamante presidente al coronel Mohamed Alí Seineldín, al distanciamiento, la ruptura y la cruenta sublevación de diciembre de 1990, que Menem ordenó reprimir a sangre y fuego en un episodio desgarrador al que Reato destina dos de los capítulos finales de la obra.
FRACASO
Sincero o calculado, el esfuerzo de Menem por alcanzar la “reconciliación nacional” terminó siendo la crónica de un fracaso anunciado. Su presidencia no pasó a la historia por ese empeño. Sus apologistas, entre los que se cuenta el actual presidente Javier Milei y sus huestes libertarias, sólo destacan los evidentes logros económicos de la década de las privatizaciones, la Convertibilidad y el alineamiento con Estados Unidos; en la vereda de enfrente, los detractores no se olvidan del ajuste, la corrupción y la frivolidad de lo que, con desprecio, llaman “el menemato”.
Reato dedica el epílogo de Pax menemista, titulado “El país de las antinomias”, a reflexionar sobre las razones de ese fracaso. Presenta en pocas páginas una interpretación convincente, aunque no exhaustiva, acerca de los personajes y las estrategias que se coaligaron para que otro caudillo peronista, en su caso llegado del sur patagónico, decidiera borrar de un plumazo los indultos a militares (no a los guerrilleros) y las leyes previas del período alfonsinista que habían limitado o suspendido los juicios a los uniformados.
La construcción iniciada en 2003 de esa nueva hegemonía a partir de la humillación constante de las Fuerzas Armadas y la reivindicación de los guerrilleros setentistas, una hegemonía que la “batalla cultural” de Milei y sus muchachos sólo impugnan de palabra, no ha sido debidamente investigada ni comprendida en todos sus alcances judiciales, históricos, espirituales y geopolíticos. Las páginas finales de Reato son un buen resumen tentativo, pero todavía falta ese libro necesario.
