La rebeldía triunfal de Lole

El baúl de los recuerdos. Carlos Reutemann se llevó una magistral victoria en el Gran Premio de Brasil en 1981. Se negó a cederle la punta a Alan Jones, su compañero, pese a las órdenes de su equipo.

- ¿Sabías que Jones estuvo cerca?

- No, a Jones no lo vi nunca.

- ¿Viste los carteles indicándote que Jones debía ser el ganador?

-No, no vi nada.

- ¿En serio? Eso parece difícil de creer…

- No vi absolutamente nada… Tenía empañado el visor.

Luego de ver antes que nadie la bandera a cuadros en el autódromo de Jacarepaguá, Carlos Reutemann mantenía esa conversación con un periodista de la revista El Gráfico. Quizás irónico, tal vez sincero, Lole negaba un acto de rebeldía que le permitió ganar el Gran Premio de Brasil de 1981. El argentino manejó a la perfección bajo la lluvia en el trazado enclavado en un barrio de Río de Janeiro. Lo seguía su compañero, el australiano Alan Jones. Desde el box de Williams, su equipo, le ordenaron que le abriera paso al campeón reinante. No lo hizo. No vio el cartel. No vio a Jones. ¿No los vio? No importa. El triunfo fue suyo.

Reutemann llevaba casi una década persiguiendo el campeonato mundial de Fórmula 1. Lo más cerca que había estado había sido cuando terminó tercero en 1975 (al comando de un Brabham), en 1978 (con Ferrari) y en 1980 (ya en tiempos de Williams). Su sueño conspiraba contra su eterna condición de segundo piloto en todas las escuderías a las que había estado unido.

Todos le reconocían su formidable y casi única habilidad para colaborar con la puesta a punto de los autos. Poseía una sensibilidad inusual para indicarles a los mecánicos qué necesitaban esas veloces máquinas para llegar a su condición ideal. Por eso, su palabra era muy respetada en ese particular mundo en el que la tecnología, el riesgo, el vértigo y el glamour iban de la mano.

Lole, que ya en su debut en la Fórmula 1 había sorprendido al conseguir la pole position en el Gran Premio de la República Argentina de 1972 a bordo de un Brabham BT 34 con motor Ford Cosworth V8, había sido el leal escudero que ayudó a Jones a conseguir el título de 1980. Esperaba pacientemente su turno, aunque en su interior sabía que nadie colaboraría con su causa como él lo había hecho con la del australiano.

Alan Jones y Reutemann mantuvieron una difícil relación en sus días en Williams.

DE PUNTA A PUNTA

El comienzo de la temporada del ´81 dejó en claro que el Williams FW07C con su motor Ford Cosworth V8 asomaba como el gran dominador de la categoría. Sus principales rivales eran el Brabham BT49C que manejaban el brasileño Nelson Piquet y el mexicano Héctor Rebaque y los Renault RE20B con el motor turbo Renault-Gordini EF1 V6 de los franceses Alain Prost y Rene Arnoux. Sí, Jones y Reutemann tenían en sus manos los mejores monopostos del año.

Jones, con el número 1 pintado en su auto, se alzó con el triunfo en el Gran Premio de la Costa Oeste de los Estados Unidos en Long Beach. El argentino había saltado a la punta en el 25° giro, luego de un inicial dominio del italiano Riccardo Patrese (Arrows). Se mantuvo al frente durante siete vueltas hasta que, obediente, no tuvo más remedio que dejar pasar al australiano y custodiarlo del asedio de Piquet hasta el 80° recorrido por ese trazado.

El 29 de marzo, 14 días después de haber escoltado al campeón, Reutemann ocupó el segundo lugar detrás de Piquet en la grilla de largada. Jones y Patrese partían desde los siguientes puestos. La lluvia se había desatado unas horas antes de que las máquinas se pusieran en marcha en Jacarepaguá. El brasileño pecó de optimista y decidió calzar neumáticos para piso seco en su Brabham. Confió en quienes le aseguraban que el tiempo iba a mejorar.

Bajo la lluvia, Lole marcha adelante del australiano.

Lole, por el contrario, pidió gomas para lluvia en su Williams. Y desde el instante mismo en el que el semáforo pasó de rojo a verde aceleró a fondo y le arrebató el liderazgo a Piquet. Con un manejo agresivo y contundente, se fue escapando de sus perseguidores. En realidad, huía del único perseguidor que le preocupaba: Jones. Tercero iba el italiano Patrese.

El Gran Premio de Brasil se había iniciado con un momento de tensión, ya que muy pronto se produjo una colisión en la que estuvieron envueltos el estadounidense Mario Andretti (Alfa Romeo), Arnoux y el brasileño Chico Serra (Fittipaldi). Era muy difícil mantener los autos sobre una cinta asfáltica que cada vez recibía más agua. Se antojaba más sencillo navegar que conducir esas potentes máquinas que alcanzaban velocidades máximas de más de 320 kilómetros por hora.

Vuelta tras vuelta, el argentino parecía conocer los secretos para deslizarse sin contratiempos en esa pista cada vez más incómoda. La distancia que lo separaba de Jones oscilaba entre los tres y los ocho segundos. Si bien Frank Williams, el jefe del equipo británico, negaba la existencia de una cláusula que obligaba a Reutemann a ceder la posición al australiano, siempre se dijo que el santafesino debía resignar su ubicación si su compañero se ubicaba a menos de siete segundos de él.

Sea como fuere, Reutemann estaba cómodo en la punta, haciendo gala de su habitualmente prolijo estilo de conducción. En realidad, los Williams ensayaban con autoridad un paseo triunfal. Más atrás, Patrese procuraba seguirles el ritmo de carrera. El suizo Marc Surer (Ensign), el italiano Elio De Angelis (Lotus) y el francés Jean-Pierre Jarier (Ligier) completaban los puestos puntuables. En aquella época, el ganador se llevaba nueve unidades y el reparto continuaba con seis, cuatro, tres, dos y una para el sexteto mejor clasificado.

El argentino cumplió una actuación soberbia en el GP de Brasil.

EL CARTEL DE LA POLÉMICA

En el box de Williams daban por descontado que, en algún momento, Reutemann iba a levantar el pie del acelerador y permitir el sobrepaso de Jones. Esperaban. Esperaban. Desesperaban… El argentino estaba decidido a seguir adelante. Especialmente, adelante del australiano. En el 56° giro, siete antes del final, el mánager de la escudería, Jeff Hazell, enarboló un cartel con una leyenda muy clara: “JONES-REUT”. Lo mostró al paso de sus pilotos en la vuelta siguiente y en la posterior.

La máquina número 2 iba cada vez más rápido. Llovía torrencialmente, pero Reutemann parecía no preocuparse por esa situación. Aceleraba. Pisaba el freno con controlada furia. No era cuestión de que un exceso le hiciera perder la línea. Fue tan rápido que en la 61ª vuelta clavó los relojes en 1 minuto 54 segundos y 780 milésimas, apenas 478/1000 del récord que había establecido Surer en el 36° giro. Volaba Lole.

Jones no podía alcanzarlo. Seguramente él creía que le iban a entregar la victoria. Es decir, que el argentino satisfaría los deseos que el australiano compartía con el equipo. Pero no. Reutemann siguió al frente del pelotón y se quedó con la victoria, abrupta, ya que la competencia finalizó en la 62ª vuelta, una antes de lo previsto, debido a que se había llegado al límite de dos horas de duración que establecía el reglamento.

Desde el box muestran el cartel con una orden clara: debía ganar Jones.

El campeón del mundo escoltó al vencedor a 4s440/1000 y tercero arribó Patrese, más de un minuto después que el binomio de Williams. Jones estaba furioso. Se sentía traicionado. Lo mismo ocurría con Williams. Nadie imaginaba que Lole se iba a atrever a desoír las órdenes del equipo. No solo lo hizo, sino que ganó de punta a punta. El australiano se encerró en el box y ni siquiera fue a la ceremonia de premiación. En el podio estuvieron un sonriente Reutemann y Patrese.

Muchos suponen que ese controvertido triunfo fue determinante para que la escudería hiciera poco y nada para que el argentino se quedara con el título que tanto merecía. Es verdad que Williams cometió varios errores esa temporada, como por ejemplo abandonar las confiables gomas Michelin para usar las menos rendidoras Goodyear. Pero también lo es que, en la fecha final del año, en Las Vegas, le dieron un auto con problemas mecánicos que no podía llevarlo a la gloria.

Lo cierto es que Reutemann no pudo ser campeón. Y que ese 29 de marzo de 1981 en Brasil ganó en una actuación digna de un piloto de sus quilates. Dijo no haber visto el cartel ni a Jones. Mucho tiempo después, admitió: “Desobedecí porque no era justo y era como bajarme los pantalones”. Su rebeldía hizo posible una victoria inolvidable.

Reutemann y Riccardo Patrese en el podio. Jones dejó vacío el segundo escalón.

CLASIFICACION FINAL

Puesto/Piloto/Auto/Vueltas/Tiempo

1°/Carlos Reutemann/Williams/62/2h 00m 23,66s

2°/Alan Jones/Williams/62/ a 4,44s

3°/Riccardo Patrese/Arrows/62/a 1m 3,08s                                      

4°/Marc Surer/Ensign/62/a 1m 17,03s

5°/Elio De Angelis/Lotus/62/a 1m 26,42s

6°/Jacques Laffite/Ligier/62/a 1m 26,83s

7°/Jean-Pierre Jarier/Ligier/62/a 1m 30,25s   

8°/John Watson/McLaren/61

9°/Keijo Rosberg/Fittipaldi/61       

10°/Patrick Tambay/Theodore/61

11°/Nigel Mansell/Lotus/61

12°/Nelson Piquet/Brabham/60    

13°/Ricardo Zunino/Tyrrell/57      

No clasificaron   

/Eddie Cheever/Tyrrell/49

/Bruno Giacomelli/Alfa Romeo/40

Abandonaron

/Gilles Villeneuve/Ferrari/25

/Héctor Rebaque/Brabham/22      

/Siegfried Stohr/Arrows/20

/Alain Prost/Renault/20       

/Didier Pironi/Ferrari/19      

/Andrea De Cesaris/McLaren/9

/Chico Serra/Fittipaldi/0

/Rene Arnoux/Renault/0

/Mario Andretti/Alfa Romeo/0       

Promedio del ganador: 155,450 km/h.

Récord de vuelta: Marc Surer (Ensign), en la 31ª, en 1m54s'302/1000 a un promedio de 158,454 km/h.