No habría cortinas, no habría lugares para esconderse, la transparencia sería total y constante, eliminando por completo la barrera entre lo público y lo privado. (Ejemplo tomado de la revista El Candelabro).
UN DERECHO FUNDAMENTAL
¿Tiene sentido hablar de intimidad hoy en día? Pues bien, hoy en día debemos reafirmar este concepto olvidado y maltratado.
Hablar de intimidad supone acceder a ese mundo interior, ese mundo lleno de vivencias, la propia y única biografía que constituye a un individuo como persona trascendente, única e irrepetible.
La Real Academia Española (RAE) define privacidad principalmente como el «ámbito de la vida privada que tiene derecho a protegerse de cualquier intromisión». Es un derecho humano fundamental, protegido por ley, cuyos sinónimos son intimidad, confidencialidad yreserva.
El derecho a la intimidad se vulnera cuando se viola la privacidad de una persona sin su consentimiento. En junio de 2013, un episodio sacudió el ámbito internacional: en The Guardian y en The Washington Post, Edward Snowden reveló los programas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA), que permitían el acceso a datos de usuarios de grandes plataformas como Google y Facebook sin su conocimiento.
Es aquí donde aparece un efecto indeseable: utilizar un instrumento como fuente de poder y control para la vigilancia por parte de un Estado, en detrimento de las libertades individuales de sus ciudadanos.
La vigilancia coarta la autonomía: cuando uno sabe que está siendo observado, deja de pensar libremente; hay miedo.
Pero lo verdaderamente paradójico es la tendencia a exhibir la intimidad voluntariamente: gente que vive en las redes regalando su privacidad. Este interés voyerístico se agigantó luego con la aparición de las redes sociales; las personas empezaron a mostrar su vida íntima a desconocidos.
Una compulsión por mostrar y decir qué se está haciendo, dónde, qué se come, cómo se duerme, cómo se baña, por dónde se transita, qué se compró, a quién se vio, en qué avión se subió, qué se está tomando; se dan consejos de vitaminas y medicamentos, y para no dejar de ser visto, uno suele tatuarse hasta el último rincón del cuerpo.
REFLEXION Y SILENCIO
La intimidad está muy relacionada con la reflexión y el silencio; en dos palabras: el conocimiento propio.
En psicología, las personas que mantienen su privacidad conservan un equilibrio emocional y un autocontrol, dado que permanecen aisladas de las opiniones, los juicios, las reacciones, las expectativas y los malentendidos de los demás. Es decir, es psicológicamente sano. ¡Cuánto estrés y ansiedad conlleva ese vivir hacia afuera!
Pero este fenómeno adquiere especial importancia en los adolescentes. En la adolescencia hay un proceso fundamental y único en el que se va gestando la identidad, esos rasgos que lo van a definir como persona.
Buscan un grupo de pertenencia, quieren validación y aprobación, se comparan, son propensos a conductas de riesgo y a la experimentación, y tratan de establecer vínculos.
El like es la mejor expresión de este fenómeno. Plataformas como Instagram, YouTube y TikTok son conocidas por fomentar una cultura de comparación: imágenes que muestran perfección, vacaciones perfectas, cuerpos perfectos, sonrisas y vidas ideales que difieren mucho de la realidad, y que implican una presión enorme, disminuyendo la autoestima y derivando en trastornos psicológicos severos.
Todos queremos ser confirmados, reconocidos y celebrados. Ahora bien, en el caso de un adolescente: ¿quién le da esa validación? Es frecuente comprobar la necesidad de mostrarse constantemente, incluso cuando no parece haber nada muy importante para mostrar o decir. Hay mucha soledad, frustración y vacío detrás de todo esto.
¿Qué muestra el programa Gran Hermano sino el escándalo, dado que la miseria humana siempre vende?
El dilema entre ser (autenticidad) y parecer (apariencia, imagen, máscara) sigue teniendo profundas implicaciones en nuestra vida cotidiana.
Usted, ¿se animaría a vivir en una casa de cristal? Piénselo.
