La mirada global

"La insurrección es una derecho sagrado de los pueblos" Marqués de La Fayette)

La crisis del agua en Irán desnuda el fracaso de la Revolución Islámica. .

Estamos ante el final de una aventura política desarrollada en la todavía República Islámica de Irán, a manos de una casta teocrática desde febrero de 1979, cuando fue expulsado el último emperador de Persia, el Sha Mohammad Reza Pahlevi (1919-1980) y tomó la Suma del Poder Público el Ayatolá Ruholá Jomeini (1906-1989). Fue sucedido, a partir de 1989, por el actual Ayatolá Alí Hoseiní Jamenei. Por lo tanto, el próximo domingo 1ro. de febrero esta Teocracia habrá cumplido 47 años en el ejercicio de una cruel tiranía política en tierras del Antiguo Imperio Persa, como se lo llamaba desde hacía 2.500 años, en la época de Ciro el Grande, el único no judío distinguido con el título de Mesías por el antiguo pueblo de Moisés, no como Salvador, sino como Ungido.
Pero la teocracia iraní a poco andar, tomó como su principal objetivo político y razón de su existencia: borrar a Israel de la faz de la Tierra.
Le dio tanta importancia a este objetivo externo que no tuvo ojos ni oídos para reparar en la tremenda destrucción interna de Irán durante estos 47 años.
Enfocados prioritariamente en el desarrollo de armas atómicas por vía del uranio enriquecido, y de la cuantiosa producción de misiles destinados supuestamente a la destrucción completa de Israel, los ayatolas descuidaron absolutamente el vulnerable ecosistema de un país semiárido, como Irán, destruyeron el sistema hídrico nacional iraní y han colocado a los actuales 84 millones de iraníes frente a una falta de agua potable monumental, y a una posible emergencia humanitaria de carácter universal, pues se calculan reservas de aguas suficientes solamente para 50 millones de personas, lo cual representaría una migración forzada de más de 30 millones de seres humanos, una verdadera catástrofe mundial en todo sentido.
Mucho más si se observa la situación geográfica de sus países vecinos, como Afganistán e Irak, también con recursos hídricos muy limitados, o Turquía, que ya lidió para manejar dentro y fuera de sus fronteras una migración siria superior a cinco millones de personas.

El azote de la sed
Sólo con el caso de Teherán, la capital, se tienen 10 millones de almas próximas a quedarse sin una gota de agua, en caso de llegar al Día cero cada vez más próximo. Se llama así al momento en el cual, en alguna ciudad del planeta, ya no sale una sola gota de agua de ninguno de los grifos de la ciudad. Así pasó con Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, hace muy pocos años.
El Gobierno de Pretoria se vio obligado a racionar severamente el agua potable de esa metrópoli, a razón de 50 litros de agua por habitante por día. El peligro era tan grande que esta limitación se cumplió a rajatabla hasta que el problema pudo ser solucionado.
Pero en Teherán, las únicas limitaciones ocurren cuando los grifos dejan de verter agua y solo se escucha el típico ruido sordo de la ausencia de líquido. A los diez millones de habitantes de esta ciudad, hay que agregar casi cinco millones más, radicadas en el Gran Teherán, en los suburbios de la capital.
No solamente están en límites absolutamente precarios las reservas de agua de todas las represas que abastecen a este conjunto de quince millones de seres vulnerables, sino que se ha secado más del 70% de las aguas subterráneas que abastecían, por defecto, a esta Metrópoli.
Para peor estas aguas subterráneas tarden siglos en milenios en acumularse y son casi de imposible recuperación. Esto es así porque, al agotarse el agua y faltar su resistencia, las capas de tierra se unen entre sí y van provocando hundimientos constantes de cimientos.
Hay zonas de Teherán donde el piso se hunde a razón de unos 30 a 35 centímetros por año. Un metro cada tres años. Pero este hundimiento no es parejo, lo cual produce roturas importantes en las cañerías subterráneas de agua, gas o cables de electricidad. Ni hablar de los rieles del metro, sometidos a deformaciones permanentes en cualquier momento.
Es común ver grietas en edificios importantes, como un grito acusador de graves problema en sus cimientos, acosados por los socavones.
Ante la magnitud del problema del agua, donde la Teocracia aportó en toda su historia más agravamiento que soluciones, el presidente de Irán manifestó desde mediados de 2025: "La población debía pensar en un traslado de la capital".
Estaban pensando, según manifestó, en trasladar la capital de Irán unos mil kilómetros al sur, sobre el Golfo Pérsico, con todo el esfuerzo económico y logístico implicado en ello.
Una teocracia tan concentrada en destruir a Israel que fue absolutamente incapaz de manejar el problema del agua en su propio territorio, el ex Imperio Persa, con miles de años de existencia civilizada.

LLEGARON LOS GUARDIANES
La historia de la teocracia iraní parece un cuento de Ray Bradbury, sino se pareciera tanto a los del genial R.H. Lovecraft, mucho más cercano a la Literatura de Horror.. Por ejemplo, su manejo de los limitados recursos hídricos de un país semidesértico como Persia que, no obstante, era dueño de un sistema ecológico envidiable. Hasta que llegaron los Guardianes de la Revolución Islámica.
Este es un grupo armado al servicio personal del ayatola Jamenei, una camarilla política dueña del manejo del 50 al 70% de los recursos económicos de Irán y socio principal para dos objetivos principales: el primero y principal, atacar a Israel por intermedio de fuerzas armadas asimétricas asentadas en países próximos a Irán, como Hamas en Palestina, Hezbolá en el Líbano y los yutíes en Yemen. El segundo objetivo: silenciar y reprimir brutalmente toda opinión disidente dentro de Irán.
El manejo de los recursos hídricos de Persia llenaría un libro de ficción científica y otro de literatura del horror. Por ejemplo, se desvió el río Sayande, el río que pasaba por la ciudad de Isfahan, llamada en otros momentos (mucho más felices) como "la Perla de Persia", centro cultural y artístico del otrora imperio, y ahora sus bellos puentes cruzan un tóxico arenal que nada bueno augura para los pulmones de sus habitantes.
En un momento dado, los agricultores desprovistos de agua organizaron una sentada sobre el lecho seco del río, y se protegieron con unas tiendas improvisadas de los rigores del sol mientras extendían su protesta. Pero luego llegaron los esbirros del régimen, destruyeron las tiendas, mataron a unos cuantos manifestantes y cegaron con perdigones a unos cuarenta agricultores. Testimonios recogidos en un Hospital donde fueron atendidos los heridos indicaron que "los agricultores fueron castigados con la ceguera por haber mirado un río modificado con permisos de la Guardia Revolucionaria Islámica". Ese famoso río Sayande (cuyo nombre significa "qué da vida") fue efectivamente desviado de la ciudad para dirigirlo a una inmensa acería de nombre Mubarek, cuya necesidad de agua era colosal debido al gran volumen de su producción.
Había una entidad estatal iraní administradora del agua bajo el estricto control hídrico y económico de la Guardia Revolucionaria y "supervisada por un grupo de técnicos y expertos" que avalaron todas las propuestas más convenientes para "los intereses de la Revolución". Así se instaló la famosa Mafia del Agua, por supuesto avalada y bendecida por el ayatola Jamenei.
La falta de criterios ecosustentables, se siguió el criterio de, por ejemplo, "ser autosuficientes en la producción de alimentos" y, si el beneficio pecuniario para los autorizantes era razonable, metéle que son pasteles. Asi nacieron en plena meseta semidesértica sandías, pese a que cada kilogramo de sandía cosechada necesita unos 150 litros de agua para su producción; alfalfa, trigo, remolacha azucarera, y la reina del bosque: grandes arrozales en pleno desierto.
Todo esto fue realizado mediante la construcción de represas a troche y moche en cuánto curso de agua andaba cerca. En un momento se llegó a levantar una represa cada cuarenta y cinco días. Unas ocho represas por año.
En total, Irán tiene ahora más de 700 represas acuáticas y una capacidad hídrica para unos 50 millones de almas. Lamentablemente, su población actual es de unos 84 millones de personas, contra los 34 millones de habitantes en 1979, cuando arribaron los ayatolás al poder supremo y absoluto en Irán. Pero, evidentemente, esta teocracia ha pensado muy poco en los habitantes de su país; por lo menos, muchísimo menos que en la destrucción de Israel.

FUERZAS PROXY
Por otra parte, este régimen absolutista y autocrático se ha concentrado especialmente en sostener fuerzas armadas asimétricas para atacar a Israel.
Es una forma relativa de deslindar responsabilidades, atribuyéndoles a jefes terroristas la decisión de atacar permanentemente al país judío. Una forma de tirar la piedra y esconder la mano. Pero en Irán saben perfectamente donde va a parar una cada vez más importante proporción de recursos propios: "No a Gaza, no al Líbano, sí a Irán" decían cantidad de carteles agitados por las enardecidas multitudes persas que pedían el fin de esta teocracia fundamentalista al cubo.
Una inflación general del 70%, con ciento por ciento en muchos alimentos, una brutal devaluación del rial (la moneda oficial iraní) de más del 80%. Los ahorros del pueblo iraní reducidos al 20% (por ahora). Frente a gastos de fuerzas proxy en el extranjero durante largas décadas, con tentáculos hasta en América Latina, con atentados criminales y luctuosos en la misma Buenos Aires. ¿Y todo para qué?