El análisis del día

La insoportable insolencia de la biología


Por José Luis Milia

Hubo épocas en que la valentía consistía en cruzar un río a nado. La nuestra es mucho más pintoresca, basta con afirmar que existen dos sexos para ser tratado como un peligro público. Y, como suele ocurrir en las mejores parábolas, quien pateó el panal no fue un hombre, sino una mujer que recordó una verdad tan peligrosa como la geometría. La vicejefa de Gobierno porteña dijo algo que es obvio para cualquier ser capaz de razonar; cuestionó la ESI, la llamó “trampa mortal”, afirmó que existen dos sexos y envió al progresismo woke a revisar su evangelio ilustrado con crayones.

“Solo dije que hay dos sexos”, explicó. Y la furia que despertó demuestra que, para algunos, la biología es una blasfemia que debería ser perseguida con más celo que el pecado original. Clara Muzzio describió la ESI como una ideología siniestra que confunde chicos con multiversos identitarios y cuerpos “equivocados”. Una pedagogía que promete libertad y entrega humo; que dice formar mentes y en realidad, solo las desordena.

“DECONSTRUCCION”

Lo verdaderamente curioso no es que una mujer haya dicho algo tan elemental. Lo extraordinario es que el resto de los mortales consideremos prudente callar, por corrección política, aquello que cualquier estudiante de biología aprendía antes de conocer la palabra “deconstrucción”.

Frente a la violencia de la cultura woke, parece que hemos inventado un nuevo heroísmo, el del silencio cuidadosamente calculado. Clara Muzzio no anunció el descubrimiento de un nuevo continente ni propuso abolir la ley de gravedad. Se limitó a recordar que la especie humana está organizada en dos sexos. Sin embargo, semejante afirmación produjo un terremoto intelectual cuya única explicación posible es que, para algunos, la realidad se ha vuelto demasiado inquietante.

“Conviene desconfiar de cualquier doctrina que necesite corregir diccionarios y el lenguaje corriente para demostrar que tiene razón”.

Naturalmente, frente a tamaña insolencia, apareció, de inmediato, el sacerdote de turno encargado de custodiar el nuevo catecismo. Luis Novaresio decretó que en las declaraciones de Clara Muzzio había “ignorancia total”, “derechos vigentes desconocidos”, “complejidades científicas negadas” y “violencia simbólica” contra una minoría. Siempre me conmueve la generosidad con la que ciertas personas distribuyen palabras, las reparten con una abundancia casi evangélica, aunque rara vez se detienen a explicar qué significan.

COMPLEJIDADES CIENTIFICAS

Las “complejidades científicas” son un ejemplo admirable, algo así como muebles antiguos con muchos cajones que, al abrirlos, revelan un vacío impecable.

Porque nadie discute que existan anomalías del desarrollo sexual. La medicina las estudia desde hace mucho y las llama anomalías precisamente porque conoce cuál es el desarrollo ordinario. Del mismo modo, nadie sostiene que una persona nacida con un solo riñón pertenezca a una nueva especie humana. Las excepciones confirman la regla; si la destruyeran, dejarían de ser excepciones.

Lo llamativo es que quienes invocan “la ciencia” suelen abandonarla apenas deja de coincidir con sus preferencias filosóficas. Entonces la biología se vuelve una sospechosa opinión conservadora.

Todavía más sorprendente es la noción de “violencia simbólica”, hoy basta con declarar ofensiva una idea para evitar discutirla. Es una economía intelectual admirable, aunque termina convirtiendo a la realidad en la principal sospechosa.

Conviene desconfiar de cualquier doctrina que necesite corregir diccionarios, manuales de biología y el lenguaje corriente para demostrar que tiene razón. Cuando una “verdad” necesita tantos guardaespaldas, suele ser porque ha dejado de confiar en sí misma. Pero si cabe fiarse de una persona que, como la vicejefa, nos ha dado el ejemplo de privilegiar la verdad y sus convicciones por sobre cualquier interés.