“La independencia del Banco Central debe ser política de Estado”
En la reforma de la Carta Orgánica se debe aislar la entidad de la injerencia del Poder Ejecutivo. “Su único objetivo será estabilizar la moneda”, subraya el economista Martín Tetaz. ¿El BCRA puede transformarse en una entidad súper poderosa alejada de la economía real?
Hace apenas unos años, cuando era diputado nacional, el economista Martín Tetaz diseñó un borrador para avanzar sobre la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. La idea no llegó a escalar a nivel de proyecto. Quedó trunca.
“Se discutió mucho pero no se llegó a presentar. Hubo varios borradores. Todos coincidían en hacer lo mismo que había hecho el resto de América Latina. No probar cosas muy creativas sino esencialmente darle absoluta independencia a las autoridades del Banco Central respecto del Poder Ejecutivo para que pudieran hacer la política monetaria y estabilizar la economía sin ninguna injerencia ni presión de ninguna naturaleza”, recuerda Tetaz.
El experto remarca que “esto se garantiza idealmente con la elección del presidente del Banco Central, del vicepresidente y de los directores por parte del Congreso o directamente los bancos, pero sin que participe el Poder Ejecutivo. Esa es la posibilidad número uno. O directamente limitando la capacidad del Poder Ejecutivo para despedirlos, que es como efectivamente encaró el Gobierno. Proponen elegir al presidente y los directores con acuerdo del Senado, que es más o menos la práctica en América Latina, y luego propone una regla de acuerdo de todo el Congreso para despedir al presidente y los directores. Esto está bien porque le da independencia absoluta para que hagan el único objetivo que tienen en la nueva reforma: estabilizar la moneda”.
Según el exlegislador -desarrolló su mandato entre 2021 y 2025 bajo las banderas de Juntos por el Cambio-, “no tiene sentido tener objetivos distintos porque el esfuerzo que se hace para acercarse a un objetivo nos aleja del otro. Como nosotros tenemos un problema tan grande, tan grave y de tantos años con el tema de la moneda, el objetivo nuestro tiene que ser el de mejorar la estabilidad de la moneda. Y eso obviamente se logra asignándole una sola responsabilidad al Banco Central”.
Y agrega: “Esto es parte de la reforma que plantea el presidente. Y expresamente, como lo hacen las mayorías de las Cartas Orgánicas de América Latina, le prohíbe al Banco Central financiar al Tesoro. Y eso también es una regla que corresponde porque hay que desterrar para siempre el financiamiento monetario del déficit, que es la causa principal de la inflación”.
LA ESENCIA
-¿Coincide entonces, se identifica con el espíritu del proyecto de ley?
-Esto va más allá del proyecto que presentó el Gobierno. Todos construyen la misma institución. Todos los países de América Latina tienen independencia del Banco Central, pasando por Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Colombia, Perú, entonces uno no puede estar en contra de la independencia del Banco Central. No es un problema ideológico. No es que gana Lula en Brasil y entonces ya no reconoce la independencia del Banco Central. Al contrario, Lula la reconoce. Bolsonaro también está de acuerdo. Y lo mismo pasa en Uruguay cuando alternan la izquierda y la derecha; y lo mismo ocurre en Chile y en Perú. El tema de apoyar la independencia del Banco Central, y que se quite la posibilidad de financiar los déficit, no reconoce diferencias de partidos políticos. Tiene que ser una política de Estado. Así fue en toda América Latina. No hay diferencias de izquierda a derecha.
-¿No le parece singular esta situación? Cita países de América Latina, algunos de los cuales no tienen un marcado respeto por las instituciones. Perú cambia de presidente cada semestre; en Brasil, Bolsonaro no reconoció la victoria de Lula en las elecciones; Colombia ha vivido jaqueda por la guerrilla, con territorios liberados. Sin embargo, respetan al Banco Central.
-Claro, las posiciones políticas son para otra cosa. Es como el consenso de la democracia, no admite discusiones. Después uno puede discutir las maneras, si tiene que haber 12 directores o 10; si tienen que durar 6 años o 4; si los tiene que nombrar el presidente o directamente el Congreso; si el acuerdo es del Senado o de todo el Congreso. Uno puede discutir los temas operativos pero nadie a esta altura del campeonato, hace 20 años podía ser, puede estar en contra de que el Banco Central tenga una institucionalidad propia. Porque así lo es para el resto de los países de América Latina.
-¿La función del Banco Central debe quedar restringida al cuidado de la salud de la moneda?
-No es una cuestión de restringir la función. Yo pregunto: supongamos que tenemos en el área un delantero de 2 metros y otro de 1,20. ¿Qué hacemos? ¿Tiramos el centro por arriba o por abajo? Hay que tirarle a uno de los dos. Si uno elige tirar al promedio de los dos, no le acierta a nadie. Cuando hay objetivos que están alineados, si se pudiera tirar con una sola bala a dos presas al mismo tiempo, la única forma de acertarles es que las dos estén en la misma línea. Ese es el problema de la Argentina. Tiene un objetivo porque tiene un problema grave. No un problema grave de que la economía crezca o no crezca, no estamos en una recesión de los años ‘30. A uno le gustaría que la economía creciera un poco más, por supuesto, pero no tiene un problema grave con la tasa de crecimiento sino con la inflación y la moneda. Tiene que recuperarla. Por lo tanto, tiene que tener un objetivo. Dentro de 20 años, cuando tengamos consolidada la estabilidad monetaria como tenemos consolidada la inflación, uno podrá discutir como se discutió la reforma constitucional del ‘94. Uno podrá discutir más adelante si no hay una manera mejor de hacerlo. Hoy el objetivo del Banco Central debe ser estabilizar la moneda. No hay margen para otra meta.
-¿Cómo ve la pelea política en el Congreso? ¿Puede aprobarse este proyecto?
-Absolutamente. Creo que va a haber un consenso muy grande. Por supuesto que está la discusión de si va a haber un paquete de todas las propuestas de reformas en un solo proyecto, y ahí va a ser más complejo. Pero si el Gobierno envía el proyecto de la reforma de la Carta Orgánica por separado, habrá un consenso mayoritario. Es muy difícil pensar en que alguien pueda oponerse. Luego viene la discusión particular sobre la designación de las autoridades. Todos deberían estar de acuerdo. Tal vez se oponga la izquierda. Cuando uno mira a Uruguay, donde gobierna la izquierda; o Brasil, con la gestión de Lula; la Chile de Boric, que venía del Partido Comunista; o Perú, donde gobernó Castillo (Pedro), que también era comunista y bastante retrógrado, no se les ocurrió modificar la Carta Orgánica y afectar la independencia del Banco Central.
-¿Le da otro status a la reforma que sea sancionada a través de una ley del Congreso?
-Claro que sí, y ojalá que estuviera en la Constitución. Esto es como si uno tiene un problema de seguridad en la casa. ¿Cómo es más fácil que entren los ladrones? Dejando la puerta abierta. Todas las medidas de precaución que se tomen limitan la posibilidad de que entren los ladrones. ¿Puede venir alguien con un camión y tirar la puerta abajo? Sí, puede. Sería un golazo que estas medidas de seguridad sobre el Banco Central se ampliaran incorporándolas en una reforma constitucional.

-Estamos en la Argentina de la intangibilidad de los depósitos. ¿La oposición no puede revertir la ley?
-No lo veo por múltiples razones. Primero porque la próxima gestión no va a tener mayoría parlamentaria si es de un signo distinto al del gobierno ya que no tuvo una buena elección de medio término. Si le toca al peronismo gobernar, no tendrán número para afectar la estabilidad del Banco Central, por lo menos por dos años. Además, una vez que se consigue la estabilidad con una norma, es muy difícil que alguien se anime a voltearla. Tengamos en cuenta que Duhalde (Eduardo), que fue el último que volteó una norma que garantizaba la estabilidad en la Argentina, terminó muerto políticamente. La sociedad valora mucho la estabilidad.
SUPERPODERES
-Algunos economistas que están de acuerdo con la reforma advierten sobre el riesgo de dotar de mucho poder a la institución, y que quede aislada del funcionamiento de la economía. ¿Qué opina?
-Ojalá que tengan razón y quede aislada de todo el funcionamiento de la economía. Que se concentre ciento por ciento en estabilizar el valor de la moneda. Para el resto de la economía hay otras herramientas.
-La inflación se ha estabilizado cerca del 2%. ¿Coincide con la idea de que es un fenómeno estrictamente monetario?
-Basta mirar el resto de América Latina. ¿En qué otro país del mundo la inflación se combate con una mesa del hambre o con una reunión de gobernadores, o con cualquier otra institución que no sea un Banco Central? En todos los países del mundo la inflación se controló con un Banco Central independiente. En todos los países, cuando hay problemas con la inflación, la respuesta es del Banco Central. No hay ninguna otra política pública que controle la inflación. ¿Por qué se nos ocurriría a nosotros pensar que acá puede haber una cosa distinta?
-Bueno, en realidad se nos ocurrió pensarlo. Se debatió eso durante muchos años.
-Ya debimos haberlo aprendido. Esto, en algún momento como en la década del ‘80, estaba más discutido. Los Bancos Centrales no eran independientes. Ahora me parece que en el mundo está bastante claro que la institución responsable de controlar el valor de la moneda cada vez que hay problemas con la inflación es el Banco Central. Ocurre en toda América Latina.
-Pero acá, en nuestros debates eternos, no hace mucho se discutía sobre la concentración de la producción en pocas manos, los oligopolios y monopolios como formadores de precios. Se vigilaban las góndolas...
-Eso es correcto. Eso ha fracasado rotundamente. Se han hecho todos esos intentos, probaron todo lo que podían probar y ya saben que no funciona. Es como cuando empezó la pandemia, algunos pensaban que si tomaban lavandina se curaban. Quedó claro que no.
“A la economía le falta impulso”
-¿Cómo ve la marcha de la economía?
-Justamente no la veo en marcha. La veo más bien parada. No está tampoco cayendo, no está en recesión, no está contrayéndose la actividad económica. De hecho, los datos de recaudación de impuestos vinculados al trabajo muestran que el mercado laboral se estabilizó en los últimos tres meses. Por el estancamiento de la inflación no hubo ni caída del salario real ni crecimiento del desempleo. No hay despidos masivos. La masa salarial se mantiene constante. La economía parece estar estabilizada pero le falta un impulso. Los sectores vinculados a las actividades de la cordillera, el agro, la energía y la minería empujan pero el resto de la economía más bien parece estar en stand-by.
-¿Los sectores fuertes no terminan por derramar?
-Esos sectores no tienen la tarea de derramar, tienen la tarea de aportar divisas para que no volvamos a tener una crisis como las 15 crisis que tuvimos en los últimos 75 años porque nos quedábamos sin dólares. Eso no va a volver a pasar.
-Cuando uno habla con representantes de esos sectores remarcan la importancia de su cadena de valor, la provisión de insumos, la creación de empleo.
-Eso existe un montón en las economías regionales. Eso es muy importante para todas las economías regionales pero no para las grandes áreas metropolitanas. Estas grandes áreas urbanas, en la medida en que haya estabilidad, van a empezar a desarrollarse. Tienen negocios probablemente más vinculados al rubro servicios. Pero recién se está consolidando la estabilidad.
