La importancia de una buena educación
La Argentina transcurre en un período de crisis política y moral, la universidad pública también es parte de esta situación, no ha cumplido correctamente con su actividad de formación.
La energía creadora deriva de una vocación sincera por la verdad, pero ese objetivo debe ir acompañado de un contenido ético. La Universidad necesita despertar la conciencia al ciudadano, de su propia dignidad.
Si no se enseña que la libertad es un valor superior a cualquier prebenda y el respeto por la justicia, surgirán de allí graduados sin responsabilidad social. La consecuencia será tener directivos, funcionarios, empresarios, profesionales y políticos que manejarán el destino del país con falta de valores fundamentales. Sus decisiones que afectan a miles de personas las realizarán sin tener principios bien consolidados. No necesito nombrar a alguno, hay muchos de ellos que actúan en detrimento del bien común y a favor de intereses personales.
ALUMNOS EN SERIE
La escasez de profesores con real vocación se hace frecuente, los alumnos emergen como formados en serie. Es así como no se prefiere al profesor que sabe enseñar, al que sabe más, sino a aquel que consigue más puntos en los concursos.
La masividad de alumnos supera por lo general la capacidad de las universidades y el número de egresados no condice con el número de principiantes. Ello muestra otra de las consecuencias: quien no tuvo la constancia de estudiar y terminar la carrera, le quita eficiencia en la preparación al que lo desea.
Se considera normal que los alumnos tengan solo la oportunidad de tratar al profesor titular en la mesa de exámenes. Otros de los males: la continua renovación de profesores, muchas veces por causas ajenas a la universidad, los cargos elegidos a dedo, de la mano de la influencia política, los empleados de más, desarrollan sensación de inseguridad y hacen inestable y poco propicio el clima universitario.
Ni hablar de la repercusión que tiene sobre la enseñanza las convulsiones políticas que a menudo afectan al país y que hacen imposible el trabajo sereno y fecundo.
No se tiene en cuenta que una formación adecuada lleva tiempo y dedicación, para que ello suceda el profesor debe estar bien remunerado, de lo contrario las necesidades económicas le restan energía para brindarle tiempo y dedicación a su tarea.
VERDUGOS DE SU CULTURA
En las facultades, más en las de profesiones sociales, una buena cantidad de profesores, por sus ideas, son verdugos de su cultura: enseñan a odiar a la cultura occidental endiosando, por otra parte, a las sociedades simples, en las que domina la mentalidad arcaica, la fraternidad tribal.
Ese ideal utópico de sociedad, generalmente se traslada hacia el futuro y como en el mito del buen salvaje, olvidan comparar los indicadores de libertad, salud, epidemias endémicas y los niveles de hambre o educación, por ejemplo. De allí egresaron muchos de los que han destruido al país.
La educación debe ser libre, no solo en la Universidad, sino también, en las escuelas primarias y secundarias, con un mínimo de control estatal, asegurando la enseñanza en idioma nacional, geografía e historia argentina, instrucción cívica democrática y la exaltación de nuestros próceres, entre los cuales, son varios los combatidos por sus ideas liberales.
En cuanto a los estudiantes universitarios, no es posible que un grupo ideológicamente definido se arrogue la representación de todos ellos. Toman medidas que condicen con su línea ideológica, pasando por encima de los que, o no la tienen, o sostienen otra. Es importante señalar lo que es común: los centros de estudiantes abanderados ideológicamente, no prestan atención al estudio de los problemas antes de tomar posición sobre los mismos. También es culpa de esa institución.
El gobierno actual pretende, entre tantos cambios , mejorar la situación, por eso propugna que se respete el derecho de cada ciudadano de elegir para sí mismo o para sus hijos, el profesor, la escuela, colegio o universidad, que mejor concuerde con su idiosincrasia, posibilitando a todos el acceso a los mismos.
También decidió que se controle el gasto en las universidades para que la sociedad sepa hacia donde es dirigido, un modo de evitar la corrupción, otro de los achaques. Pero, quienes las manipulan, han pretendido darle a la sociedad gato por liebre: dirigieron el conflicto hasta convertirlo en un ataque del Presidente Javier Milei a la enseñanza pública. Por ello llevaron obligatoriamente a los alumnos a la calle e incentivaron protestas masivas.
Esos directivos son los que crean una universidad alejada de la importante tarea que les compete. Los alumnos pierden clases y retrasan exámenes pero quejarse implica, en demasiados casos, perder la simpatía de profesores que pretenden la unanimidad de pensamiento.
Le correspondería a la universidad proveer los medios necesarios para la formación de futuros profesionales, científicos y técnicos capaces de realizar sus tareas específicas con eficiencia en un clima adecuado para el estudio. Crear un ambiente de permanente dialogo despertando las inquietudes de los estudiantes frente a problemas de orden político, económico, y social, así como también los de orden filosófico, literario y artístico, para elevar, de este modo, su nivel cultural, sin olvidar proporcionarle una amplia visión del mundo contemporáneo. Deberían egresar hombres de elevada capacidad y probidad cívica y moral, que sean ejemplos dignos de imitación.
GRADUADOS DELIRANTES
Se graduaron generaciones enteras sin una formación completa y con ideas que le escapaban a la realidad. Se vieron frustradas las aspiraciones de hombres con idoneidad, capaces de mejorar el destino de nuestro país. Lo malo es que sabiendo las causas de esta situación, los directivos de la mayoría de las universidades se han cruzado de brazos y lo que es peor aún, se han opuesto a un cambio superador.
Se observan subvertidos importantes valores éticos: debería exigirse a todo estudiante una actitud de crítica racional activa, para que no quede a merced de demagogos y teorizantes. Si se le enseña esta actitud, no solo se lo alejará de ese peligro, sino también, se le aumentará la actitud de honestidad consigo mismo, irá en busca de la verdad guiado por los valores fundamentales de libertad y justicia que deberían ser la base de nuestra sociedad.
La universidad en la Argentina se ha convertido en instrumento de la deformación cultural, se la ha puesto, desde hace muchos años al servicio de quienes usan al Estado para su propio bien, dejando de lado el bien común.
Si esta institución no cumple con defender los valores que recalcamos lo tendría que hacer el estudiantado cuando se pretenda subvertirlos. Esa misma actitud, si es fortalecida, le servirá, en su futuro, para combatir demagogias y planteos erróneos apoyados en ideologías circunstancialmente mayoritarias.
En resumen, la universidad pública deja mucho que desear. No hay preocupación por enseñar, investigar y aprender. El nivel académico es bajo en muchos de los profesores y se gradúan sin haber obtenido una formación aceptable.
Para colmo, perdura una prédica marxistoide que pudre las cabezas haciendo, como consecuencia, un grave perjuicio al país. Por esas ideas dejamos de progresar en la medida que lo hacen los países más desarrollados del mundo. Seguimos en las últimas filas…
