La guerra ya no termina en el Donbass

Konstantinovka, Finlandia y la nueva profundidad del conflicto europeo.

Cada guerra posee un momento en el que deja de ser comprendida únicamente por sus combates. Ese momento parece haber llegado en Ucrania. Mientras la atención internacional continúa concentrándose en los avances rusos sobre Konstantinovka o en los ataques ucranianos con drones sobre territorio ruso, otros acontecimientos aparentemente secundarios revelan una transformación mucho más profunda y algo se ve claramente: el conflicto ha dejado de ser una guerra localizada para convertirse en una competencia estratégica de largo plazo entre Rusia y la OTAN.

Los acontecimientos registrados durante los últimos días permiten apreciar esa evolución con notable claridad. Sobre el terreno, las fuerzas rusas continúan presionando en múltiples direcciones. Los partes oficiales informan nuevos avances en la región de Járkov, la captura de Kopani en Zaporiyia y, sobre todo, la continuidad de las operaciones urbanas en Konstantinovka y Krasny Limán. Aunque cada localidad pueda parecer de escasa importancia por sí misma, en conjunto muestran una campaña que mantiene una lógica operacional coherente: ejercer presión simultánea sobre diversos sectores para obligar al mando ucraniano a dispersar sus reservas y dificultar la estabilización del frente.

Especialmente significativa resulta la evolución de la batalla por Konstantinovka. Los comunicados rusos ya no describen simplemente ataques contra los accesos de la ciudad, sino operaciones de limpieza de los grupos ucranianos que permanecen en el sector sudoeste. Si esa descripción refleja la realidad táctica, significaría que los combates han ingresado plenamente en la fase urbana, donde el objetivo deja de ser penetrar la localidad para pasar a consolidar progresivamente las posiciones conquistadas. Al mismo tiempo, la insistencia sobre Krasny Limán sugiere que Moscú procura mantener activos varios ejes ofensivos de manera simultánea

. Este procedimiento responde a una característica histórica del pensamiento militar ruso: evitar que el adversario identifique con precisión dónde se encuentra el esfuerzo principal. La denominada Batalla Profunda, desarrollada por los teóricos soviéticos durante el siglo XX, no buscaba únicamente romper un punto del frente, sino desorganizar todo el sistema defensivo enemigo mediante acciones convergentes sobre distintos niveles de profundidad.

 

OTROS ESCENARIOS

Sin embargo, limitar el análisis a los combates terrestres sería insuficiente. La guerra se está desarrollando simultáneamente en otros escenarios menos visibles.

Durante la misma semana, Finlandia completó el proceso legislativo que autoriza el ingreso, tránsito y eventual despliegue de armas nucleares de los aliados de la OTAN en su territorio. La decisión posee un alcance mucho mayor que el estrictamente jurídico. Por primera vez desde el final de la Guerra Fría, la frontera de más de 1.300 kilómetros que une Finlandia con Rusia pasa a integrarse plenamente dentro de la arquitectura militar de la Alianza Atlántica. La respuesta rusa fue inmediata. Moscú anunció el cierre de varios pasos ferroviarios fronterizos con Finlandia, Estonia y Letonia, al tiempo que continúa reforzando su dispositivo militar sobre el flanco noroeste. Estas medidas, aparentemente administrativas, poseen un profundo significado estratégico. El ferrocarril ocupa un lugar central en la logística militar rusa desde la época imperial y soviética. Reducir los puntos de cruce implica aumentar el control sobre la movilidad, reforzar la seguridad de la infraestructura crítica y preparar el territorio para un escenario de confrontación prolongada.

Este episodio confirma que la guerra de Ucrania ya no puede interpretarse únicamente como un conflicto entre Moscú y Kiev. Cada decisión adoptada por Finlandia, cada ampliación de la infraestructura militar de la OTAN, cada ataque ucraniano contra refinerías rusas y cada avance terrestre en el Donbass forman parte de un mismo proceso de transformación del equilibrio estratégico europeo.

 

LA TECNOLOGIA

A ello se suma una tercera dimensión que continúa expandiéndose: la tecnológica. Los partes de ambos bandos muestran diariamente ataques contra centros de control de drones, empleo masivo de sistemas no tripulados, guerra electrónica y operaciones de precisión sobre objetivos logísticos. La guerra moderna ya no distingue con claridad entre el frente y la retaguardia. El combate terrestre, el dominio electromagnético y la infraestructura crítica forman parte de un único sistema operacional.

Pero quizá el cambio más importante sea de naturaleza conceptual. Durante décadas, la profundidad fue entendida principalmente como un problema geográfico o operacional. Hoy ese concepto ha adquirido un significado mucho más amplio.

Existe una profundidad operacional, donde las fuerzas terrestres buscan desarticular el sistema defensivo enemigo. Existe una profundidad tecnológica, donde drones, satélites e inteligencia artificial permiten golpear objetivos situados a cientos de kilómetros del frente. Existe una profundidad cognitiva, donde ambos contendientes disputan diariamente la interpretación de la guerra mediante operaciones de información y campañas psicológicas. Y existe, finalmente, una profundidad estratégica, donde la ampliación de la OTAN, la militarización del Ártico y la reorganización del dispositivo militar europeo están modificando el equilibrio de seguridad del continente.

En este contexto, Finlandia adquiere una importancia que trasciende ampliamente su frontera con Rusia. La cuestión ya no consiste únicamente en la posibilidad de albergar armamento nuclear aliado. El verdadero significado radica en que Europa comienza a reorganizar su arquitectura militar suponiendo que la confrontación con Rusia será prolongada. Del mismo modo, las respuestas de Moscú indican que el Kremlin también parece prepararse para un escenario de competencia estratégica de largo plazo.

Por esa razón, la guerra ya no puede medirse exclusivamente por el número de kilómetros conquistados o por la captura de una ciudad determinada. El frente continúa siendo decisivo, porque ninguna tecnología reemplaza al soldado que ocupa el terreno. Sin embargo, alrededor de ese frente está emergiendo una competencia mucho más amplia que involucra economía, industria, logística, inteligencia, tecnología, energía y arquitectura de seguridad.

 

PARA TENER EN CUENTA

En una extensa entrevista concedida a Glenn Diesen, el coronel retirado estadounidense Douglas Macgregor sostuvo que la guerra en Ucrania estaría ingresando en una nueva fase estratégica. A su juicio, el Kremlin habría ampliado sus objetivos militares más allá de la consolidación del Donbass, orientándose ahora hacia el control de toda la región histórica de Novorossiya, incluida la ciudad de Odesa, así como al establecimiento de amplias zonas de seguridad en las regiones de Járkov y Sumy. Según Macgregor, la evolución del conflicto habría convencido a Moscú de que la profundidad estratégica inicialmente prevista ya no resulta suficiente para garantizar la seguridad del territorio ruso.

El analista norteamericano considera asimismo que Ucrania atraviesa una situación de profundo agotamiento militar y estatal. Si bien reconoce que Kiev conserva capacidad para realizar ataques con drones y misiles sobre territorio ruso, sostiene que ello depende casi exclusivamente del apoyo financiero, tecnológico y militar de Occidente. En su opinión, el gobierno del presidente Zelensky busca prolongar el conflicto con el propósito de asegurar nuevos paquetes de asistencia económica y militar, mientras la situación interna del país continúa deteriorándose. Desde el punto de vista operacional, Macgregor estima que Rusia dispone actualmente de la iniciativa estratégica y de fuerzas suficientes para emprender una ofensiva de mayor envergadura. Entre los posibles cursos de acción menciona la captura de Odesa, el aislamiento definitivo de Ucrania del Mar Negro y, eventualmente, una operación sobre Kiev mediante un avance desde Bielorrusia. Aunque aclara que desconoce cuándo podrían producirse esas operaciones, sostiene que el Ejército ruso posee hoy las capacidades necesarias para ejecutarlas de manera metódica y con elevada probabilidad de éxito.

Una parte importante de la entrevista está dedicada a analizar la percepción rusa de las declaraciones procedentes de Europa. Según Macgregor, numerosos dirigentes europeos continúan hablando de infligir una derrota estratégica a Rusia y de incrementar sustancialmente sus capacidades militares. Aunque considera que tales amenazas carecen de verdadero respaldo militar, advierte que en Moscú son interpretadas como la confirmación de una hostilidad permanente de Occidente, alimentando la percepción histórica de una nueva amenaza comparable a las invasiones sufridas durante la Segunda Guerra Mundial. En su opinión, esa percepción fortalece políticamente al Kremlin y facilita la expansión de sus fuerzas armadas.

Macgregor formula además una severa crítica a la conducción estratégica de Estados Unidos. Afirma que Washington carece actualmente de una estrategia coherente para el conflicto y sostiene que las decisiones responden más a necesidades políticas coyunturales que a objetivos estratégicos claramente definidos. En el plano económico, el coronel retirado advierte que tanto Estados Unidos como Europa enfrentan crecientes limitaciones fiscales para sostener indefinidamente el esfuerzo bélico.

Respecto de una eventual salida negociada, Macgregor se muestra marcadamente pesimista. Sostiene que la confianza entre las partes se encuentra prácticamente agotada y que, mientras Occidente no defina con claridad cuáles son sus objetivos estratégicos, la diplomacia tendrá escasas posibilidades de prosperar. En consecuencia, estima que el conflicto continuará evolucionando principalmente por medios militares.

Finalmente, el exasesor del Departamento de Defensa plantea que la guerra solo encontrará una solución estable cuando Estados Unidos reduzca de manera significativa su implicación militar en Europa y permita que los países europeos asuman directamente la responsabilidad de su propia seguridad. A su juicio, cuanto más se prolongue el conflicto sin una negociación seria, más favorables serán las condiciones estratégicas para Rusia y menos margen de maniobra conservarán Ucrania y sus aliados occidentales. En este sentido, concluye que el tiempo juega actualmente a favor de Moscú y que cualquier negociación futura probablemente tendrá lugar desde una correlación de fuerzas más favorable al Kremlin que la existente en etapas anteriores del conflicto.

 

ENSEÑANZAS, LUCES AMARILLAS Y MAS…

Para la Argentina, esta evolución ofrece una enseñanza de enorme importancia. Las guerras del siglo XXI no se improvisan cuando comienzan los combates. Se preparan durante décadas mediante inversiones sostenidas en doctrina, educación militar, investigación tecnológica e industria para la defensa. Los drones, la inteligencia artificial y los sistemas autónomos serán herramientas indispensables, pero no reemplazarán la necesidad de contar con un pensamiento estratégico propio.

Mientras Europa reorganiza su seguridad para afrontar una competencia prolongada, nuestro país debería preguntarse cuál será el instrumento militar que necesitará dentro de veinte o treinta años. La principal lección de Ucrania no consiste únicamente en cómo combatir, sino en cómo pensar estratégicamente antes de que la guerra llegue. Porque, como demuestra el conflicto europeo, las batallas comienzan mucho antes de que se dispare el primer tiro y continúan mucho después de que se conquiste la última ciudad.