El rincón de los sensatos

La guerra y los intereses argentinos

Si queremos el respeto de la comunidad internacional, debemos comprometernos. Ese compromiso conlleva esfuerzo, riesgo y hasta sufrimiento.


POR MIGUEL ÁNGEL TROITIÑO

La guerra en Medio Oriente es uno de tantos ejemplos de choque de intereses que buscan definir el poder, en el marco de un equilibrio global que asegure la vida en el planeta. La racionalidad humana, afortunadamente, aún maneja límites.

Si la eliminación de toda posibilidad de amenaza nuclear iraní fue el incentivo de la alianza entre Israel y Estados Unidos y el inicio de la actual guerra del Golfo Pérsico, su evolución demuestra una diferencia de intereses entre éstos: la supervivencia, como interés vital israelí, es funcional y coopera con el control de los nodos estratégicos principales del mundo para asegurar su condición de máxima potencia mundial, que es la motivación de Trump.

Irán, claramente identificado como la amenaza a los intereses mencionados, lejos de renunciar a su propósito de ser líder regional y expandir más allá su visión ideológica fundamentalista, consciente de su debilidad, promueve el caos.

Busca ampliar el conflicto, involucrando a la máxima cantidad de países posibles, afectando sensiblemente la producción y exportación de petróleo y gas, expandiendo la sensación de crisis al mundo entero. Ser miembro del BRICS y socio de Rusia en la guerra de Ucrania y de China, como su máximo proveedor de petróleo hasta el estallido de la guerra, permite inferir que su accionar, si bien extremo, no es improvisado.

Las consecuencias en cuanto al costo, que involucran daños colaterales y escalada, tiene en vilo a los países de Medio Oriente, que sufren los efectos directos de la guerra, y a otros como China, India, Japón y Corea del Sur, que ven afectadas sensiblemente sus economías abastecidas por los recursos del Golfo Pérsico.

Lo cierto, es que nadie en el mundo puede considerarse ajeno y desafectado de la influencia de este conflicto, a partir del ascenso del valor del petróleo y los efectos generales que esto provoca en la economía mundial.

ACTORES SERIOS

Todos los actores serios y con poder en el mundo analizan, ajustan sus decisiones en función de sus intereses y actúan. Por dar un ejemplo, no es casualidad que Rusia se haya transformado en el proveedor más importante de gas y petróleo de China. Ambos, históricos rivales, hoy cooperan para asegurar sus intereses y minimizar los efectos negativos del conflicto.

Mientras al primero le permite compensar la pérdida del mercado europeo y asegurar el flujo de dinero para solventar los costos del bloqueo económico desde occidente, la guerra en Ucrania y su expansión en el Ártico, al segundo le garantiza la continuidad de su plan de crecimiento y expansión económico-militar, en donde el ”sueño chino” lo encuentra, sin prisa y sin pausa, en camino de la hegemonía geoeconómica y tecnológica mundial. En los hechos, la Franja y la ruta de la seda, la diversificación de polos de poder en la figura del BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO), entre otros, para erosionar a Occidente y la carrera por liderar tecnológicamente son acciones concretas.

La iniciativa de Estados Unidos para neutralizar a su rival, más allá de las medidas económicas arancelarias, se ve claramente en la reciente definición de su estrategia de defensa nacional: el fortalecimiento y unión de Occidente y América, la búsqueda del control de los recursos naturales, entre los que se encuentran los minerales críticos y las vías de comunicación marítima para su transporte. El desafío es enorme, imposible de ser realizado solo. Es allí donde el llamado a sus aliados, y a Occidente todo, viene a fortalecer y legitimizar su propósito.

DEFINIR UN ROL

La Argentina, al igual que los países serios, debe moverse por intereses. Su alineamiento a USA e Israel expresado por el Presidente Javier Milei, y, por carácter transitivo, a Occidente y América, nos ubica en un lugar del escenario mundial bien definido. Por razones geopolíticas, históricas, culturales y religiosas tiene una lógica irrefutable, pero requiere la definición de un rol. Nadie puede darse el lujo de ser un “convidado de piedra”. Entre países e intereses, la calificación eleva a la mesa de las decisiones o relega al pasillo de los que esperan sus efectos.

Ser de Occidente y formar parte de una alianza, es aceptar su defensa y la protección de los valores que la definen.

Los argentinos somos muy emotivos y el mundo ya nos conoce. Nos gusta manifestar nuestros sentimientos, pero nos cuesta mucho plasmarlos en hechos concretos. Si queremos el respeto de la comunidad internacional, debemos comprometernos. Ese compromiso conlleva esfuerzo, riesgo y hasta sufrimiento. Es por eso que la responsabilidad de saber qué queremos es mandatorio.

Más allá de los intereses vitales, plasmados en nuestras leyes: soberanía e independencia, integridad territorial, autodeterminación, protección de la vida y la libertad de los argentinos, deberíamos definir intereses estratégicos que garanticen nuestro desarrollo y poder como país, y aseguren nuestro bienestar y calidad de vida.

Aspirar a ser mejores lleva implícito ser ambiciosos. Por ello, el rol que definamos en el marco del contexto internacional no debe ser vago, secundario ni desubicado. Debe ser coherente, acorde a la lógica de nuestra existencia geopolítica y alcanzable. En tal sentido, nuestro rol podría definirse como el de “Contribuir a Occidente con el control del Atlántico Sudoccidental, asegurando en el mismo la paz y servicio al mundo”.

De ese rol, se desprenden dos propósitos. Uno asociado a la seguridad estratégica y el otro a la economía y comercio con el mundo:

1 - Asegurar la paz regional

Activo fundamental y que nos distingue de la inestabilidad mundial. Pero es compartido con Brasil y se encuentra condicionado por la presencia británica usurpando soberanía argentina. Quien quiera romper este estatus, debe enfrentar y exacerbar el conflicto entre estos tres actores.

• Fortalecer la alianza con Brasil, definiendo responsabilidades en el Atlántico Sur.

• Fortalecer el Mercosur, como instrumento de acercamiento y coordinación regional.

• Mantener buenas relaciones diplomáticas con el Reino Unido, entendiendo que la solución del conflicto no pasa por la guerra, y considerando que ambos pertenecemos a Occidente.

• Crear una Defensa que contribuya al desarrollo integral del poder del país, transformándola en una verdadera herramienta de disuasión y negociación. Que sirva de vector activo de las relaciones internacionales, considerando su empleo como aporte a la defensa de los intereses de Occidente.

2 - Asegurar un eficiente servicio al mundo.

Hoy una ilusión, con aspiraciones a ser una realidad a partir de los numerosos emprendimientos en recursos naturales mineros e hidrocarburíferos, el constante crecimiento del campo y algunos conceptos industriales sostenidos por nuestra capacidad en ciencia y tecnología. Pero también, desde el punto de vista logístico, como puerta de entrada a la Antártida.

• Desarrollar el concepto de Autopista marítima, con el fin de crear una nueva vía de comunicación marítima internacional, que nos conecte al mundo y que brinde un camino seguro, proveedor de energía, alimentos y de un sistema logístico antártico eficiente.

• Transformarnos en líderes mundiales energéticos y en alimentos, como reserva y proveedor de recursos naturales a Occidente y al mundo entero.

• Crear un masivo, moderno e integral desarrollo de infraestructura asociada.

PROYECCION INVERSA

Son algunos de los conceptos que deberíamos definir como país y que sirven para entender la importancia de Argentina en el contexto internacional. El desafío es enorme por lo que, salvando las diferencias, al igual que le sucede a Estados Unidos, es imposible hacerlo solos.

Medio Oriente no garantiza la provisión de recursos naturales, ni asegura la libre circulación por las vías marítimas y terrestres. Es una región multicultural en conflicto permanente. Es frontera entre Oriente y Occidente, y la puja por su control asegura su permanente inestabilidad.

Una derrota de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente, desencadenaría una peligrosa escalada y proyección inversa de poder, apoyada por Rusia y China, quebrando los valores e infiltrando ideológicamente y culturalmente a Occidente. En definitiva, su resultado condicionará el orden mundial, cuyo equilibrio está definido por una bipolaridad a la que contribuyen todos de mayor o menor medida.

La Argentina debe hacer su aporte, cuya naturaleza (militar, en recursos energéticos, humanitario, social, intelectual, etc.) y magnitud deben responder a nuestros intereses como país.