UNA MIRADA DIFERENTE

La guerra que ganamos, ¿o perdimos?

El aforismo dice que en un conflicto bélico todos pierden. Pocas veces más acertado que en este caso. El peligro de la resurección de los ayatolas.

Es innecesario remarcar que la columna no está capacitada para opinar sobre cuestiones bélicas de ninguna naturaleza. También es sabido que está en total desacuerdo con el régimen iraní, tanto en lo que hace a la tiranía religiosa, política y contraria a toda libertad y derechos de su pueblo, como en su mandato de soberbia de eliminar a todo el que no profese su credo - además interpretado a su manera - como en su estúpida pretensión de negar la existencia del Estado de Israel y propender a su aniquilación.

Asimismo, es innecesario remarcar que la columna no cree que el presidente Trump tenga las capacidades adecuadas para dirigir los destinos de su país y de Occidente, por varias razones. Como es relevante destacar que anteriores gobiernos estadounidenses encararon el problema iraní al menos con una gran dosis de inocencia.  Este 'disclaimer' es importante para que el lector pueda ponderar las opiniones aquí vertidas y sacar sus conclusiones.  

No hay ninguna duda, nunca la hubo, de que, en términos bélicos, tanto Israel como Estados Unidos tienen sobrada capacidad bélica e Inteligencia como para eliminar a Irán de la faz de la tierra si así lo desearan. El problema es el costo, y quien lo pagará. Y no exclusivamente el costo de armamentos y equipamiento, que puede terminar siendo el menor de los problemas.

No puede dejar de sorprender al observador medio el salto conceptual del mandatario entre aspirar al premio Nobel de la Paz, proclamarse como quien detuvo ocho guerras y asegurar que en 48 horas detendría las contiendas y amenazas globales a declarar una guerra unilateralmente y sin siquiera informar al Congreso de la decisión. Difícil creer que se trata de una decisión estratégica analizada por todo el andamiaje de geopolítica americano. 

Por lo pronto habría que desechar la aseveración del presidente de que se trataría de una guerra de pocas semanas. O, puesto de otra manera, es posible que Estados Unidos detenga sus ataques, pero eso sería una retirada, no el fin de la guerra. La gran potencia tiene una larga y triste historia de guerras que parecían ganadas de antemano y que terminaron al borde del papelón, además de costar muchas vidas de aliados locales. El propio Sha es un ejemplo de la indiferencia con que son olvidadas las alianzas y apoyos. Puesto de otra manera: Es posible que en algún momento Estados Unidos dé por terminada la guerra. Pero Irán no. 

Sólos en la conflagración

Por el momento, Estados Unidos e Israel están solos en la conflagración. Europa, por diversas razones, no quiere apoyar el ataque ni siquiera con discursos, no ya con acciones de ningún tipo. El mundo árabe, con un importante sector hasta hace poco muy cercano a acuerdos copernicanos con Israel, (que ya habían quedado en vida latente con la represalia por la masacre de Hamas y sus secuestros de ciudadanos israelíes) permanece neutral pese a los ataques injustificados y provocadores que recibe de Irán, que sirven para crear más caos energético en el mundo al marcar la supremacía de la antigua Persia sobre  el estrecho de Ormuz, lo que es relevante tanto para crear una grave situación en la energía global, como para sembrar el concepto de que lo que les pasa a esos países es por culpa de Estados Unidos, un elemento de presión a tener en cuenta. 

Los países más capitalistas y el propio Arabia Saudita temen que los ataques iraníes puedan ser realizados no sólo contra bases estadounidenses o contra instalaciones petroleras, sino contra otros blancos igualmente estratégicos, lo que podría paralizarlos y hasta diezmarlos. 

China y Rusia se favorecen con el desgaste de Estados Unidos tanto en su inventario bélico como en la tolerancia popular. Si bien China deja de beneficiarse con el subsidio en el precio del petróleo, el resto del mundo también sufre con el aumento del 50% del fósil, que apunta a seguir subiendo mucho más, y del gas, que se está encareciendo más aún. Debe recordarse que un aumento en el precio de la energía y el combustible creará (ya es inevitable) un aumento de precios generalizados en todos los bienes, algo que, si bien no puede clasificarse como inflación en el sentido friedmaniano del término, tiene igual efecto letal. Un arma de destrucción masiva de riqueza y capital, que puede llevar al caos. 

India no tiene la mínima intención de participar en esta colisión, porque sus objetivos necesitan un entorno pacífico y una asociación con todos los países relevantes, sin ponerse en el frente de combate, algo con lo que sólo podría perder. 

La ONU está a un paso de censurar el ataque, no sólo a no apoyarlo. De todas maneras, ya ha perdido cualquier esperanza de ablandar a Trump. 

Aún la marina estadounidense parece ser renuente a participar del quiebre del bloqueo en el estrecho de Ormuz, algo incomprensible y al mismo tiempo complicado. Según los especialistas, no parece ser muy fácil respetar la promesa (aún no materializada) de Trump, de que su país aseguraba y garantizaba el tránsito de buques petroleros por esa zona, componente central del problema. 

Terreno desconocido

La reciente mención del Ares americano de la posibilidad del envío de tropas parece confirmar esa defección naval, y también presagia un estiramiento de las acciones, en un terreno que les es absolutamente desconocido (drama ya vivido varias veces). Habrá que ver la reacción popular cuando empiecen a llegar los ataúdes envueltos en la bandera de las barras y estrellas, inevitable resultado, como ha dicho el mandatario.    

Las menciones de una corta guerra parecen seguir la idea de que el armamento iraní se está agotando, sobre lo que esta columna no está en condiciones de opinar -aunque no haya muchos que lo estén- por la capacidad propia de construcción de misiles, y por las ayudas inconfesadas que puede recibir en ese plano. 

Aunque el arma más poderosa del país de Ciro (y de Soraya), no son los misiles, ni los aviones, ni las bombas racimo. Es el daño económico que puede causar al mundo, una parte del cual ya ha lo ha hecho y es irreversible. La pérdida de riqueza masiva, la inflación, la depresión y el empobrecimiento de muchas sociedades ya están en marcha. Lo que falta por ver es cuánto más daño puede hacer y qué más puede romper. 

Es interesante observar la actitud de Trump frente a los ataques israelíes a las instalaciones petroleras iraníes. Ante el esbozo de una represalia incontrolada contra otros países petroleros, Trump se apresuró a aclarar que “el ataque había sido llevado a cabo sin su consentimiento”, a lo que Israel respondió aclarando que el ataque le había sido anticipado. Por alguna razón, la declaración de Trump sonó como una tregua, o un pacto implícito, un límite. Un síntoma también. 

Y suena algo contradictoria la decisión de Trump de permitir la comercialización del petróleo de los barcos iraníes que están navegando. O a necesidad. 

Solemne irresponsabilidad

Tanto Israel como Estados Unidos han llamado al pueblo iraní a rebelarse y alzarse contra la dictadura. Una solemne irresponsabilidad, además de un desconocimiento de los regímenes islamitas y su relación con las masas. Una condena a la muerte de cientos de miles. Es cierto que la eliminación sistemática de los líderes de la dictadura de ayatolas tendrá efectos importantes en la organización y planificación de sus acciones y reacciones, pero no habría que pensar que eso basta.

El ataque americano-israelí puede haber aglutinado al pueblo musulmán, no necesariamente en favor de sus amos, pero sí en favor de su patria, que suele ser el sentimiento al que apelan los tiranos, inmediatamente después de la fe. También la maquinaria bélica americana se ha enfrentado a situaciones similares en el pasado, con resultados complicados. 

En su festival de contradicciones, Trump anunció ayer que piensa desescalar el conflicto y los ataques a Irán, porque los objetivos están cumplidos. ¡Ganamos!, parece creer. Unas horas antes había anunciado un ataque masivo.

Aun cuando su capacidad bélica fuera efectivamente comprometida, sería un error creer que eso frenaría a los ayatolas. Su habilidad siempre fue subsistir, amenazar y dañar en inferioridad total de condiciones, diferentes al armamento o los ejércitos. Cuentan para ello con su indiferencia ante la muerte, propia y de su pueblo. Son expertos en esa guerra donde se daña a cualquiera, aunque no sea enemigo.

Y también se creen protegidos de Alá con quien tienen una alianza que no sólo les promete la gloria, sino que les da el derecho de matar a cualquiera con o sin razón, basta con que sean clasificados o designados como infieles. 

La verdadera arma nuclear

Para los ayatolas, y hay miles de ayatolas, el Corán no es un libro sagrado. Es un arma nuclear.  Y no necesariamente todos tienen luengas barbas y usan turbantes, como ya se debería saber a esta altura. 

Luego de esta guerra, asumiendo que hay un luego, nada será igual. La economía occidental, ya tambaleante con el derrumbe ideológico y burocrático europeo y en camino del proteccionismo y la inflación auspiciados por Trump, tiene ahora un abismo muy difícil de salvar. Nadie puede predecir quién sacará provecho de este momento, ni quién regirá al mundo. Sí puede asegurarse que será un mundo mucho peor que el actual. Y China espera. 

Desde su tumba garantizada e inexorable, los ayatolas disfrutarán de su venganza.