La guerra de los audios interminables
La obra ‘El chat de mamis’ llega al teatro Multitabarís para desnudar el costado “más animal” de la crianza. A horas del estreno, el elenco y su director, Marcelo Caballero, cuentan cómo transformaron los clichés de los padres arquetípicos en una comedia que invita a mirarse al espejo a través del humor.
¿Hay un ecosistema más fascinante y -por momentos- aterrador que el chat de mamis del colegio? Aunque hoy son una pieza clave en la logística escolar, los chats también son una fuente inagotable de notificaciones y pequeños malentendidos que pueden generar tensión durante todo el ciclo lectivo. De esto y otras cosas más habla ‘El chat de mamis, una comedia en el cole’, que se estrena mañana en el Multitabarís.
A partir de un hecho que ocurre adentro de un aula de séptimo grado, un grupo de padres es convocado por la maestra para aclarar la situación, lo que deriva rápidamente en acusaciones cruzadas, reclamos, audios interminables y un caos difícil de contener.
“La obra tiene como característica el hecho del que estamos hablando, pero que sirve como una anécdota para encontrarnos con la parte más animal de lo que es ser padres, donde se pone en juego cómo se cría, qué se hace, cómo se acompaña una crianza y qué significa eso”, explica el director Marcelo Caballero.
Para Mechi Bove, la autora, la pieza transciende el chat de mamis: “Lo que trato de transmitir es que nadie tiene un manual para ser madre o padre. Cada uno hace lo que puede y los hijos son el resultado de lo que uno hace como mapadre, sin juzgarlo. Es una obra que no juzga a los padres, sino que invita a entenderlos desde el humor y la emoción también”.
PADRES AL LIMITE
En una charla cruzada, días previos al estreno, la complicidad entre el elenco se hace evidente. “Nos divertimos mucho, se armó un grupo súper lindo, hay mucha empatía y unión entre todos. Somos personalidades muy distintas, pero a la vez congeniamos inmediatamente desde el minuto cero entonces eso es un agradecimiento total porque venir a laburar todos los días a la noche, si no tenés un equipo que te acompañe, se hace pesado”, dice Eugenia Tobal, quien en esta historia será Becki, “una nueva rica que no hace mucho en su vida más que estar pendiente de ella y de su hija, que me resulta muy disfrutable porque puedo componer algo que está muy alejado de mí”.
Si en algo coincide todo el elenco durante la charla es en que la obra funciona casi como un ejercicio de terapia grupal: “A mí me pasa de ver películas y decir: ‘¿Soy esto? No me gusta’. No sé si lo podés cambiar, pero tratás de reconocerlo y quizás de bajarlo un poco. Acá las personalidades están tan marcadas que puede llegar a pasar que alguna madre diga: ‘Che, ¿le estoy haciendo esto a mi hijo?’. Esa es la fibra que se puede tocar”, reflexiona Karina Hernández, a quien esta vez le toca ser la maestra que deberá lidiar con este grupo de padres.
“Siento que en todas estas mujeres en algún momento te podés sentir identificada. A mí me pasa eso con todos los personajes”, asegura Manuela Pal, quien le da vida a Sonia, una mamá a la que define como “un poco soberbia, caracúlica y enojona, que no sabe expresarse entonces grita”.
CLICHES Y ESTRATEGIAS
La comedia no pide permiso para meterse de lleno en los clichés más reconocibles del chat de mamis. “Las personalidades están muy marcadas y muy bien representadas en esta obra. En un chat que compartís mucho tiempo y no conocés a nadie, al principio pasa eso, que son personalidades, hasta que después los vas descubriendo”, explica Pal. En esta línea, Caballero dice que “lo más divertido que tiene la obra es que los personajes son clichés y acá lo que van a venir a ver es un muestrario de padres arquetípicos. El juego es un poco dónde encontrás tu espejo".
Si de identificación se trata, las madres del elenco aseguran que todo lo que pasa en el texto realmente ocurre en los grupos de WhatsApp, por eso algunas confiesan que tienen sus estrategias para no pasarla mal en sus propios chats de mamis: “Yo soy la que siempre está atenta a todo, pero si tengo que preguntar, pregunto por privado. Tengo una amiga y le digo: ‘Che esto qué onda esto, porque yo no lo encuentro en ningún cuaderno de Facundo’. En general no me expongo públicamente en el chat”, confiesa Carla Conte, que ahora será Nuria: “Una mamá medio hippie, como con un tinte feminista, que está todo el tiempo queriendo conciliar, pero tiene un lado B bastante tremendo”.
Para Micaela Riera, que no tiene hijos pero en la obra se pone en la piel de una madre de mellizos, todo lo que pasa le resultó “un delirio total”. “Yo sabía de cosas que vas viendo en internet, algunos videos graciosos que hacen, pero pensé que era algo aislado. De hecho, mientras ensayábamos, a medida que avanzaba el texto y se planteaba alguna situación, yo les decía ‘esto me parece un montón’ y todas las que son madres me respondían que esas cosas pasan de verdad. Creo que la gente se va a sentir reflejada en las locuras que se hablan en los chats”.
Berenice Gandullo, que no forma parte de ningún chat de mamis debajo del escenario, dice que lo que le gustó es que se trata de “una comedia con una temática tan universal” que, sin ser mamá, igual le pareció “sumamente atractivo, divertido, desgarrador y animal sobre lo que significa ser mapadre. Me resulta algo muy profundo y a la vez que puede sacar el monstruo más grande que hay en vos. Hay algo de esa semilla que me parece espectacular”.
Esa misma intensidad es la que atraviesa a Lionel Arostegui, el único papá en este grupo, quien también descubrió con la obra que estos chats “sacan a un nivel súper intenso miserias, violencia, alegría, todo se vuelve desmesurado, salvaje y también amoroso. Es un contraste muy fuerte”.
