Siete días de política

La gobernabilidad y los mercados, ajenos al ruido de los medios

Mientras continuaba la campaña de denuncias de corrupción contra el Gobierno, el Congreso sancionó la nueva Ley de Glaciares, el dólar bajó, aumentaron las reservas y subieron los bonos de la deuda.

En la madrugada del jueves el oficialismo logró dar en la Cámara de Diputados mediante una holgada mayoría sanción definitiva a la Ley de Glaciares, iniciativa que Javier Milei considera clave para impulsar un aumento de la inversión extranjera directa en una actividad que entró en expansión acelerada en los últimos dos años: la minería.

El éxito parlamentario contra la oposición kirchnerista, de izquierda y de bloques minoritarios como la Coalición Cívica retrotrajo la situación al mes de febrero, cuando en las sesiones extraordinarias la Casa Rosada obtuvo la aprobación de un “paquete” de normas reformistas rechazadas también por los medios y, en su caso, por sectores afectados como la CGT.

Durante marzo, en cambio, Milei había estado prácticamente arrinconado por una lluvia de denuncias en los medios. Esas acusaciones de corrupción le quitaron la iniciativa y el control de la agenda.

Pero la respuesta del Congreso el jueves demostró que el clima generado por la “realidad” virtual del periodismo no había interferido con la realidad efectiva del poder, que la gobernabilidad seguía funcionando sin sorpresas y estaba intacta. A la hora de juntar votos, La Libertad Avanza volvió a contar con sus aliados habituales de las provincias, varios de ellos peronistas (ver “Finanzas provinciales”).

La realidad palpable de los mercados resultó también muy distinta a la de los medios nativos que hablan de “malestar social” creciente, de desaliento, de salarios que no llegan a fin de mes, de deudas que no se pagan y caída de la imagen del Gobierno en las encuestas.

Todos los dólares cotizaron a la baja (el blue por debajo de los $1.400). El Banco Central compró más de 400 millones de dólares (desde enero lleva comprados más de 5 mil millones) y las reservas llegaron a los 45 mil millones. A lo que hay que sumar que se acerca la liquidación de la cosecha gruesa.

A mediados de semana se conoció, además, un informe de Morgan Stanley anticipando que, a pesar de la guerra y la incertidumbre de los mercados globales, Argentina tendrá superávit de cuenta corriente este año y no necesitará emitir deuda externa. Por su parte, el Banco Mundial adelantó que Argentina será el país con mayor crecimiento de la región en 2026. Todo esto en un cuerpo de letra menor y en el fondo de la agenda, mientras la escribana de Manuel Adorni salió más veces en los medios que Donald Trump o Julián Álvarez juntos.

Pero los medios son solo la vanguardia del frente político opositor. La CGT anunció que se movilizará el 30 contra el Gobierno por “el aumento del malestar social” en sociedad con la Iglesia que ahora cuestiona hasta las estadísticas de reducción de la pobreza.

El “colectivo” opositor en formación, aunque todavía sin conducción política, no está completo sin los industriales, cuyo repudio al modelo desregulador libertario amplifica el periodismo. Una amplificación que apunta a crear un clima de “crisis” política hasta ahora artificial.

Durante la semana -en ese sentido- se conoció el fuerte retroceso de la actividad industrial de febrero (8,7%) en relación con 2025. Son varios los sectores afectados, entre ellos el de los textiles cuya caída fue homérica: 33%.

Esta consecuencia de la reforma del régimen prebendario por uno de libre competencia que impulsa el Presidente está creando un conflicto irresoluble, porque los afectados quieren seguir haciendo negocios como antes: peso devaluado, barreras arancelarias, subsidios, cepo, autorizaciones “otorgadas” por políticos. Lo de siempre: capitalismo de amigos, mientras el Gobierno insiste con lo contrario: denuncia a los que pretenden seguir “cazando en el zoológico”, defiende a los consumidores, exige eficiencia y rechaza el capitalismo de amigos.

Esta tensión, que se refleja cotidianamente en la prensa, apresuró la reorganización del peronismo. Había tomado la iniciativa Cristina Kirchner con la visita de Miguel Pichetto a San José 1111, vicisitud de la interna del principal partido opositor que causó sorpresa y hasta algunas muestras de sorna, pero que no fue correctamente decodificada por los observadores, hasta que la expresidenta dio la bendición a otro de sus alfiles, Sergio Uñac, para hacer PASO este año y definir en forma anticipada el candidato a presidente del PJ.

La respuesta de su antagonista, Axel Kicillof, fue convocar el martes pasado a La Plata a Nicolás Massot y Emilio Monzó, socios parlamentarios de Pichetto. Los tres vienen del macrismo y buscan empleo, porque el expresidente va camino a cerrar el PRO. Sonó la hora de juntar la tropa.

En el peronismo, tanto CFK como Kicillof están en la etapa de armado por si tienen que resolver las candidaturas en una interna. La confusión es tanta que hasta hay quienes proponen un acuerdo con Myriam Bregman para diversión de Sergio Massa.