La estrategia del “second best” se juega en dos elecciones ajenas

¿Cómo interpretar la conducta del presidente Milei durante su visita a Brasil?

Hay que admitir que  estamos ante una especie de barbarismo diplomático del Presidente porque se puede tener diferencias con otros gobiernos, con otros partidos, con otras posiciones, pero hay una ley no escrita de buen trato entre personas  -no digamos ya entre autoridades, entre personas- y sobre todo entre personas a las que se está visitando. En este caso, Millei habló, dijo esas cosas impropias en Brasil no solo sobre Lula, sino también sobre un miembro de la Corte Suprema brasilera. Esto es rotundamente ofensivo y esa parece la sensación  que ha dejado Milei en su viaje a Brasil.

Está claro que no se trató de una visita en la que Milei iba a cumplir una misión presidencial.  El viaje a Brasil no tuvo que ver con algo estatal, sino con una preferencia facciosa del líder libertario: fue a hacer campaña en favor de Flávio Bolsonaro -hijo de su amigo Jair Bolsonaro-,  que se presenta como candidato de la línea que Milei personalmente prefiere, una línea de derecha más bien autoritaria.  Fue un viaje de carácter político partidario,  tuvo que ver con algo faccioso. Milei puede personalmente  preferir un candidato, pero no puede desprenderse de su condición de presidente de la República, lo que le otorga a su comportamiento una dimensión diplomáticamente molesta, incómoda, disonante.  

Afortunadamente, la relación entre Argentina y Brasil no pasa prioritariamente  por el carácter de sus presidentes. Influyen, cómo no,  pero la relación entre ambos países es mucho más importante. que   los comportamientos de sus funcionarios. Brasil es junto con China, cliente comercial principalísimo de la Argentina.

Hay que reconocer que Milei, siguiendo un poco la performance del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que él admira, es capaz de ir y volver en pocas horas; es capaz de decir una cosa por la mañana y afirmar algo opuesto por la tarde. Baste recordar lo que supo decir de China, hasta que descubrió que Beijing era un muy buen partner, “un socio comercial muy interesante, que no exigen nada, sólo que no los molesten”.  La intervención, un día después de los discursos presidenciales, del canciller Quirno, procurando poner el acento en los ejes de la relación entre ambos países, fue un intento de remendar lo que estaba rasgado. El embajador brasilero, llamado por su cancillería, demora su retorno a Buenos Aires.

Es probable que las firmas que participan en el intercambio entre los dos países -grandes empresas y compañías más pequeñas- terminen impidiendo que los arrebatos o las puestas en escena de funcionarios con “una emociónalidad importante” , como supo definir Patricia Bullrich,  frustren esa relación que genera divisas y empleo.

Brasil absorbe más de la mitad del trigo argentino destinado al exterior y, dato relevante, alrededor del 38 por ciento de todas las manufacturas industriales argentinas exportadas.  En una Argentina cuya economía industrial sufre un desgaste persistente, no parece una buena idea  apostar las buenas relaciones con un cliente de tanto peso a las vehemencias de sus autoridades.

Estados alterados

Se puede pensar que lo ocurrido fue la expresión de una sensibilidad alterada o, por el contrario, que se trató de una decisión política, calculada por Milei para ayudar mejor a su cofrade ideológico Bolsonaro (que, dicho sea de paso, aparece hoy más bien retrasado en las encuestas de opinión de  Brasil y se encontraría, a tres meses de distancia del comicio presidencial, cinco o seis puntos por debajo de la candidatura de Lula). .

Quizás haya querido ayudarlo y es probable que Lula haya agradecido íntimimamente este gesto de Milei, porque ese tipo de intervención no es  precisamente agradecido  por las sociedades donde ocurren. Es probable  que los improperios de Milei contra Lula y contra el juez  Alexandre de Moraes terminen convirtiéndose en una ayuda para Lula, así como está ocurriendo con la ofensiva comercial de Trump y su incremento de aranceles (un castigo porque Brasil implementó exitosamente un sistema de pagos que no le cuesta nada a los clientes y que que virtualmente deja abolido el efectivo y complica principalmente  el negocio de los grandes bancos norteamericanos. Esa ofensiva arancelaria de Trump contra Brasil  Lula la está convirtiendo en un activo político propio  porque a ningún país le gusta ser el blanco de la agresión de la potencia regional.. Lula,que está haciendo todo lo posible por  ser reelecto por cuarta vez (no consecutiva) agradece ciertas enemistades.

Las enemistadas en algunos casos debilitan y en otros casos fortalecen. En elcaso de Estados Unidos, el daño comercial que provocan esos aranceles de Trump es relativamente  poco por comparación con la participación norteamericana en el comercio de Brasil.

Nuestro vecino le vende bastante a Estados Unidos, pero  es menos de  la tercera parte de lo que le vende a China.

El martes 28 por la noche Lula mantuvo una larga conversación telefónica con el líder de la República Popular, Xi Jinping y éste le manifestó el pleno  apoyo de China, la censura a los intentos de intervención externa en los asuntos brasileros y además recordó que China va a seguir colaborando comercial y financiamente con Brasil.

Xi Jinping no pensaba en Milei cuando habló de  intervenciones externas, sino más bien en el  modelo que sigue el presidente argentino: Donald Trump. El influyente diario inglés The Guardian  escribió, a raíz de la intervención del presidente argentino en Brasil que “Milei no es el que manda”  en esa jugada, sino que en realidad por detrás de él se distingue la mano de titiritero de Trump que lo estaría utilizando como un agente de su política para la región

La estrategia del second best

Sin duda Milei es funcional a la política de Trump, pero parece exagerado suponer que reciba instrucciones puntuales de Washington. Se trata, más bien, del espíritu de mejor alumno  que inspira al libertario y lo lleva a buscar  destacarse y perfilarse como cabecilla de los sectores de la derecha que están creciendo en el área bajo la constelación Trump y que suponen que Estados  Unidos, cada vez más complicado en otros espacios donde supo imperar indiscutidamente, se replegará –como lo anticipó en noviembre pasado su documento sobre estrategia- sobre el hemisferio occidental, las Américas. En  tal caso, consagrado a priori el número uno del Continente, la consigna del libertario sería convertirse en second best.

Brasil, por su parte, tiene una historia que lo asocia a Estados Unidos: su política exterior está marcada por el realismo y pragmatismo del barón de Rio Branco y por su condición de aliado activo de Washingtonque participó en  la segunda guerra  Pero ese espíritu pragmático está impregnado de intención atonómica. Brasil no enfrentar a Estados Unidos pero tampoco se somete livianamente a sus presiones. Trata de negociar un  rumbo político no beligerante pero conciente de que el periodo de la unipolaridad –ese instante de una década que se produjo después de la caída de la Unión Soviética, cuando  Estados Unidos se convirtió en incontestado patrón de la vereda global, llega a su fin. Ahora también calientan otros soles. China se avecina-

Lula tiene por delante la prueba de la elección de octubre. Un mes después, Estados Unidos enfrentará las primarias y el que  estará sometido a prueba será el gobierno de Trump, que puede debilitarse sensiblemente  si pierde el control del Congreso. La estrategia del second best se juega en esos tableros.