El ámbito educativo, que debería ser un espacio de encuentro, se enfrenta a alumnos cooptados digitalmente
La escuela como escenario de peligro
Frente a la creciente ola de amenazas de tiroteos, los especialistas advierten que no estamos ante hechos aislados. Aseguran que es la manifestación de una crisis de salud mental que está transformando la infancia y la adolescencia en el país.
"En el caso de los grupos que orientaban a los adolescentes a organizar una matanza, como ocurrió en Santa Fe, estamos viendo que se llega a los casos más graves cuando la estabilidad emocional se ve afectada por la pertenencia a ciertas páginas que los llevan a consumos problemáticos o trastornos psicosomáticos", destacó a La Prensa la psiquiatra y psicoanalista Alejandra Doretti, miembro del Departamento de Niños Y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), sobre la radicalización silenciosa de los jóvenes en el ecosistema digital. Según la especialista, no se trata de hechos aislados, sino del síntoma más agudo de una crisis de salud mental que está reconfigurando la infancia y la adolescencia en Argentina.
Este panorama de vulnerabilidad extrema encuentra un respaldo estadístico preocupante en el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA). El documento de trabajo "Dimensiones postergadas del bienestar infantil", presentado en abril de 2026, revela que el 21,2% de los adolescentes en centros urbanos presenta síntomas de depresión o ansiedad.
Lo que antes se leía como "rebeldía" o "apatía", hoy se identifica como un malestar estructural que escala a medida que los jóvenes atraviesan la educación secundaria, impactando no solo en su bienestar emocional, sino en su capacidad de aprendizaje y vinculación social.
ABSTINENCIA DIGITAL
La tecnología ha dejado de ser una herramienta de consulta para convertirse en el eje de la organización psíquica de los jóvenes. La Dra. en psicología y autora del libro “Un nuevo transitar ante el espejo. Vicisitudes del proceso puberal”, Charo Maroño, identificó patrones de comportamiento que guardan una similitud con las adicciones químicas. "A los chicos, si les sacas el celular o algún dispositivo tecnológico, en los casos más serios entran en estado de abstinencia; en otros, lo que podes ver es un uso indebido donde hay mucha aceleración", explicó a La Prensa la especialista miembro del Departamento de Niños Y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
Esta "aceleración" no es otra cosa que una desregulación emocional que impide la pausa necesaria para el pensamiento crítico.
Por su parte, Doretti reforzó este diagnóstico al explicar la química detrás del fenómeno. "El objetivo de la red es captar tu atención; están diseñadas para que tu atención no se vaya nunca y, en la mente de un adolescente con carga hormonal e impulsividad, esto se convierte en una adicción que produce en el cerebro los mismos cambios que el uso de sustancias".
La luz azul de los dispositivos inhibe la melatonina, trastornando el sueño, pero el impacto más profundo es el "secuestro" del sistema de recompensa del cerebro, lo que deja a los jóvenes en un estado de vulnerabilidad constante frente a los estímulos externos.
AMENAZAS EN LOS COLEGIOS
En los últimos meses, las amenazas de tiroteos o ataques en escuelas argentinas han dejado de ser una ficción extranjera. Según Maroño, el fenómeno es multicausal debido a que "Los mismos chicos están utilizando estas amenazas digitales para distintas cosas; desde faltar al colegio o suspender clases hasta situaciones donde hay mucha aceleración y se pierde el límite".
Sin embargo, detrás del anonimato que proveen las redes, se gesta algo más oscuro. La pertenencia a grupos de odio o comunidades actúan como refugio para adolescentes con baja autoestima y, en general, son chicos que tienen una conflictiva familiar, mala inserción social o han sufrido bullying. Para Doretti un joven que se siente invisible o rechazado por sus pares, el paso a la acción violenta se presenta como una "cuestión heroica que después termina en suicidio en general”.
“El proceso sigue la lógica del heroísmo moderno por la creencia de que las redes te otorgan fama inmediata. En un simple destello, uno puede pasar de ser un “ganador” a inmolarse en cuestión de segundos. Es una dinámica aterradora, vehiculizada por las plataformas digitales que hoy facilitan el acceso a este tipo de grupos, algo que antes era prácticamente imposible”, señaló la psiquiatra que también explicó que, en los espacios digitales, se cataliza el descontento y se potencia la agresividad bajo la promesa de una fama efímera, pero intensa, validada por un algoritmo que premia el impacto por sobre la ética.
En tanto, en la adolescencia, el fenómeno del contagio es moneda corriente. “Lo vemos en la moda y en la formación de grupos identitarios, pero también tiene un lado oscuro como la imitación de conductas peligrosas. Así como en su momento se restringió la información sobre suicidios para evitar réplicas, hoy vemos un crecimiento exponencial en las amenazas escolares, que saltaron de 3 a 45 en apenas siete días”, resaltó Doretti.
Luego agregó que “Esto genera en los chicos lo que en psicología llamamos “lo siniestro”. Es ese quiebre traumático donde lo que debería ser seguro, tu aula, tu amigo de al lado, se vuelve una amenaza de muerte. Lo cotidiano deja de ser refugio para convertirse en un lugar donde acecha el miedo".

El anonimato en las redes facilita el acceso a grupos que incitan a matar.
IMPACTO EN EL APRENDIZAJE
El informe de la UCA arroja un dato que debería interpelar a todo el sistema educativo debido a que los niños y adolescentes con malestar emocional tienen casi el doble de probabilidades de "no aprender mucho" en la escuela. La salud mental y el rendimiento académico son dos caras de la misma moneda. Un niño que sufre de ansiedad o que no tiene amigos, el 27,3% de los NNyA tiene déficit de vínculos sociales, carece de la base emocional necesaria para procesar nuevos conocimientos.
"Es imposible para un docente competir con la oferta del algoritmo", sentenció Doretti. El uso intensivo de pantallas ha generado un "embotamiento" que anula el pensamiento reflexivo. Los jóvenes recurren a la inteligencia artificial para resolver tareas de manera automática, un “copiar y pegar" sin proceso interno, quedando expuestos a contenidos que, como advierte la especialista, no están libres de ideología ni tienen control científico. La escuela, que debería ser un espacio de encuentro y construcción de ciudadanía, se enfrenta a un alumno que está físicamente presente pero psíquicamente ausente, atrapado en una "trinchera digital".
PONER LÍMITES
Ante esta grave situación, las especialistas apuntan a la responsabilidad de los adultos responsables en la vida de un menor. El informe del ODSA-UCA subraya que la pobreza no solo es una carencia material, sino que "lastima la subjetividad". Sin embargo, la crisis de salud mental atraviesa todos los estratos sociales. Sobre este punto, Maroño observó una tendencia preocupante debido a que "Estamos viendo padres a los cuales les asusta poner límites, decir 'no'. Pero el 'no' es el del cuidado, el de la protección". Muchos padres, autodenominados "analfabetos digitales", han cedido su rol de guía, dejando a sus hijos solos frente a la inmensidad de internet.
Por su parte, Doretti coincidió en que existe una "brecha cultural" inmensa. Si el adulto no habla de sexualidad, de agresión o de valores, el adolescente buscará las respuestas en la pornografía o en los foros de odio. "La gente que está muy desesperada por patologías de sus hijos recurre a las redes y ahí no hay ningún control", advirtió. La falta de figuras referentes de protección deja a los chicos en una orfandad vincular que los hace presa fácil de las comunidades de riesgo.
La solución a este complejo entramado no puede ser puramente tecnológica ni puramente médica. El informe de la UCA clama por políticas integrales que aborden las "experiencias cotidianas de exclusión".
Sobre este aspecto, Maroño fue enfática al señalar que "Tiene que haber un entorno, figuras adultas responsables que se ocupen de los chicos. No nos sirve una atención a través de una plataforma donde no sabes qué está pasando del otro lado".
Para revertir la tendencia de las amenazas y el malestar, es imperativo recuperar la presencialidad afectiva. Según las dos especialistas, la escuela debe volver a ser ese lugar donde el vínculo real logre perforar la burbuja del algoritmo, detectando a tiempo al chico que se aísla, al que sufre y al que, en su desesperación, busca en la violencia digital el reconocimiento que no encuentra en el mundo real.
