SU NOTABLE CRECIMIENTO YA SE PARECE AL DE LOS TIGRES ASIATICOS

La economía brasileña está volando

Con un crecimiento de 7,7% previsto para 2010, Brasil exhibe tendencias propias de un tigre. El nivel de actividad económica subió al 9% interanual en el primer trimestre de este año, la tasa más veloz de expansión en 15 años.

Una mirada detenida a los datos indica una imagen más impresionante. El sector industrial avanzó un 14,6% interanual, mientras que los servicios se expandieron un 5,9% interanual. La formación de capital fijo bruto fue de 26%, el nivel más alto registrado desde que el IBGE empezó su nueva serie. La tasa de ahorros de Brasil también alcanzó el 15,8% del PBI.

Aunque el consumo es fuerte, el principal motor del crecimiento es la inversión. Con el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos en el horizonte, el país está empeñado en mejorar su infraestructura para convertirse en la siguiente vitrina mundial. Así, en los próximos cuatro años, empezará a regir el Programa para Acelerar el Crecimiento (PAC). Lanzado en 2007, este programa prometía invertir 504.000 millones de reales en vivienda, generación de electricidad, autopistas y otros proyectos de infraestructura. Empero, sólo se gastaron 257.000 millones de reales, y parte de la demora se explica por impedimentos regulatorios y burocráticos.

En cualquier caso, Brasilia intenta ampliar ese programa hasta los 959.000 millones de reales en el transcurso de los próximos cuatro años, y casi la tercera parte de los nuevos fondos serán dirigidos a petróleo y gas natural. Ello incluirá la construcción de nuevas plantas petroquímicas para Petrobras, la empresa estatal que se transformó en motor del crecimiento con el desarrollo de las cuencas submarinas de hidrocarburos.

UN GIGANTE ENERGETICO

Brasil se ha convertido en un gigante energético plenamente desarrollado, con una producción petrolera que supera los dos millones de barriles diarios. Equipos de perforación y proveedores de servicios proliferan en Río de Janeiro y áreas circundantes. Ligas de ingenieros recién egresados de las principales universidades consiguen empleo en la industria petrolera. En consecuencia, ha mermado la tasa de desempleo del país y millones de brasileños de clase baja fueron impulsados a la clase media.

El auge de las inversiones también empuja el auge del consumo. Brasil se ha convertido en el cuarto fabricante mundial de autos del mundo, por encima de Alemania, lo que tiene un efecto derrame sobre países vecinos, como la Argentina y Uruguay, que se apuran a cubrir el repunte de la demanda interna brasileña. Como el crédito al consumo se expande a una tasa anual de entre 26% y 30%, los bancos dan fondos para cubrir las necesidades de consumo.

Lo interesante es que la inflación sigue bajo control. Es verdad que los precios subieron notablemente en la primera parte del año. No obstante, el índice empezó una caída moderada en junio hasta ubicarse en el 4,8%. Se trata de un hecho significativo, en particular por el nivel de crecimiento del primer trimestre.

Brasil tiene una larga historia de recalentamiento cuando el crecimiento del PBI supera el 4% interanual. Anteriormente los cuellos de botella conducían a desequilibrios entre la oferta y la demanda, lo que daba a los productores una mayor habilidad para subir los precios. Las inversiones adicionales en infraestructura, especialmente en transporte y logística, eliminarán buena parte de los cuellos de botella. En consecuencia, Brasil podrá lograr tasas asiáticas de crecimiento, sin alimentar presiones inflacionarias.

El auge económico reforzará las perspectivas de Dilma Rousseff, la candidata presidencial del Partido de los Trabajadores (PT). Aunque al principio iba rezagada en las encuestas, ahora empata con el candidato del PSDB, José Serra.

Los inversores afirman que al final ella se impondrá al poco carismático ex gobernador de San Pablo. Con Rousseff, el estado brasileño seguirá adoptando posiciones firmes en frentes nacionales y extranjeros.

También veremos un rumbo más independiente en la política exterior, pese a las críticas que recibió Brasil por negociar un acuerdo para enriquecer el uranio de Irán. Pero lo hizo por sus propios intereses económicos: Irán es un importante socio comercial de Brasil, que importa vastas cantidades de carne y azúcar. Es hora de admitir lo obvio. Brasil está volando y seguirá volando en el futuro previsible.

W.M.