La crisis del pensamiento actual

 

Una noósfera envenenada

Por Roberto Kozulj

Prometeo. 283 páginas

“Estamos viviendo en una era donde las ideas que han conformado nuestros conocimientos pueden envenenar, tanto a la esfera del conocimiento actual y futuro como la atmósfera lo está junto a la contaminación de las tierras, ríos, lagos y mares (…) A través de las noticias del día a día, el mundo que habitamos se vislumbra como un polvorín. Se nos dice -y así lo percibimos- que ya no hay juventud ni en los jóvenes. Que procrear no tiene ya sentido. Que los humanos somos una especie peligrosa, maligna y fallida, con rumbo a una extensión hasta tal vez deseada o merecida (…) Los mensajes de odio, el desprecio por quien piensa distinto, la doble vara moral ha sido instalada como los muros que florecen por doquier para defendernos de un enemigo la más de la veces creado, instigado y fabricado. El poder de las redes y los medios nos ha enfermado. El lenguaje se ha vuelto soez, la falta de respeto parece ya no asombrarnos, la niñez, con pocas excepciones, no se resguarda en su inocencia”. Este es el oscuro y deprimente panorama que presenta de la actualidad humana Roberto Kozulj.

El pensador y licenciado en Economía (UBA) en este ensayo complejo se pregunta cuando comenzó esta decadencia del género humano y el porqué.

Las respuestas irán apareciendo al correr de las páginas de la mano del pensamiento de autores clásicos como Teilhard de Chardin, el sacerdote jesuíta francés (1881- 1955) de quien extrae el concepto de “noósfera”, aquella capa de conciencia colectiva que envuelve a la tierra y depende de las mentes humanas y su evolución. También recorrerá en búsqueda de respuestas las teorías de Zygmunt Bauman, Nietzsche, Freud, Marx, Harari y Batenson, entre otros.

Entre las conclusiones que Kozulj ofrece a los lectores, sostiene que la crisis de la noósfera no es un accidente histórico ni un simple desface cultural. Sino que es la manifestación de un proceso de larga data. “A medida -reflexiona- que hemos logrado un mayor conocimiento instrumental acerca de cómo dominar a ciertas fuerzas de la naturaleza y a otros grupos humanos, a su vez hemos creado las bases para nuestra destrucción (…) No hemos logrado ni cuidar completamente a nuestra propia especie”.

Y ante la necesidad de reconocer el camino que nos ha llevado a este punto habla de las conocidas tres frustraciones que lastimaron el ego de la humanidad: La cosmológica de Copérnico (la tierra dejó de ser el centro del universo). La biológica de Darwin (el hombre es solo una especie más dentro de la evolución). Y la psicológica de Freud (el hombre no es dueño de manera voluntaria de su psiquis). Y presenta y desarrolla lo que podría ser la cuarta frustración para el ser humano en la actualidad: La inteligencia artificial. Si bien propone no tenerle miedo, plantea la necesidad de darle elementos filosóficos para que no se vuelva perjudicial para el mismo hombre.

En definitiva, una de las pocas certezas de este ensayo (“al adentrarte en estas páginas encontrarás más preguntas que respuestas”) es que es posible volver a la senda correcta porque, afirma Kozulj, la búsqueda de la verdad es una incesante e inherente tendencia humana, por lo cual todo aquello que nos esforzamos por ocultar emergerá en algún tiempo, en alguna parte.