Según el “newsletter” GZero Daily que difundió esta información, la tendencia a la pérdida de credibilidad del periodismo es un proceso que dura varias décadas en los Estados Unidos. En la del 60, dos tercios de los consultados creían firmemente en lo que reportaba el mítico presentador de la CBS Walter Cronkite.
Hoy, una mayoría del 57% tiene poca confianza en que los periodistas actúen en el mejor interés público. Un 40% dice que no les tiene demasiada confianza y un 17% que no les tiene ninguna. Por lo contrario, un 43% les tiene mucha o bastante confianza.
En informes anteriores, el Pew Reserch Centre alertó sobre otros retrocesos del periodismo. Por ejemplo, la pérdida de confianza en comparación con otras instituciones y profesiones como los militares, los científicos y hasta la policía. En pocas palabras: la mayoría le cree más a un policía que a un periodista.
Hay asimismo dudas sobre los objetivos reales de las organizaciones periodísticas, fenómeno que encuestas locales ya han registrado en Argentina. También detectaron un desplome en la imagen de los medios que habían alcanzado enorme protagonismo y prestigio en la vuelta a la democracia 40 años atrás.
Los motivos de la suspicacia respecto a los medios, en realidad, son variados. En principio, el desprestigio general que afecta a las instituciones. Cuando los periodistas señalan la cada vez más baja participación electoral atribuyéndola a la crisis de representatividad de los políticos, deberían antes mirarse al espejo y preguntarse a quiénes creen representar. Qué veracidad conceden los lectores y la audiencia a la información que difunden.
Una fuente de pérdida de confianza en los medios proviene de los canales de noticias que trasmiten 24/7 y hacen de la presentación de la información un show no pocas veces ridículo. Otra fuente de desprestigio: los paneles de expertos, idóneos o habilitados para opinar cualquier cosa sobre cualquier asunto.
En este marco, la mayor parte de los grupos mediáticos se concentraron en trasmitir en cadena nacional privada desde hace meses denuncias contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, con el objetivo de hacerlo renunciar. Una operación política que no afectó la economía que durante marzo vio el crecimiento de la actividad industrial y de la construcción, además de seguir sumando dólares y aumentando las reservas, lejos de cualquier crisis. Hasta una importante calificadora de riesgo mejoró la nota de la Argentina y el pago de la deuda hasta el fin del mandato de Milei está asegurado. El contraste entre el partisanismo político de los medios y la realidad es tanto que la pregunta obligada es ¿hasta cuándo podrá seguir machacando el periodismo a Adorni y con qué resultado si la justicia no le da una mano urgente?
