La corrupción salpica de cerca a Evo

 

Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) es, sin duda, la empresa más importante de Bolivia, la que provee lo sustancial de los ingresos de la tesorería del país del norte, inmensamente rico en hidrocarburos y en minerales, incluyendo el codiciado litio.
Por ello, YPFB debiera ser la columna vertebral del andar económico boliviano y su conducción estar siempre en las mejores manos, desde que el bienestar de los bolivianos depende -en enorme media- del éxito o del fracaso en la gestión de esa empresa estatal. Por eso, cualquier gobierno medianamente sensato debiera confiar su manejo a personas idóneas, esto es, calificadas y de probidad comprobada. Al menos en teoría.

Una "seguidilla" inocultable de escandalos. En la "nueva" Bolivia de Evo Morales las cosas no han sido precisamente así. Por el contrario, YPFB ha estado sumida en los más diversos escándalos y cambios de rumbo, en manos que hasta ahora no han sido precisamente ideales. En poco más de tres años de gestión de Evo Morales Ayma, YPFB ha tenido ya cinco presidentes.

En enero de 2006 Jorge Alvarado asumió la presidencia de esa empresa. Poco después, envuelto en un escándalo -mayúsculo y burdo- vinculado con exportaciones de petróleo crudo al Brasil, Alvarado debió renunciar ante la evidencia de que estaba perjudicando duramente al Estado. Alvarado, pese a todo, está -muy orondo- en la "misión diplomática" de Bolivia en Venezuela. Como premio y sin castigo.

Lo sucedió Juan Carlos Ortiz Banzer, que debió renunciar rápidamente, asediado por lo que denominó "presiones del Ejecutivo" que hacían imposible gestionar profesionalmente a YPFB. Su renuncia fue aceptada sin titubeos.
A Ortiz Banzer le siguió Manuel Morales Olivera, hijo de un amigo de Evo Morales. Sindicado de nepotismo y carente de formación, su gestión en YPFB fue desastrosa y debió renunciar cuando fuera fotografiado (rodeado por sus funcionarios) en una playa cubana, mientras estaba presuntamente trabajando en un curso de fiscalización petrolera, en La Habana. Para él no hubo tampoco castigo por las "equivocaciones".

A Morales Olivera le sucedió Guillermo Aruquipa Copa, que había tenido notoria actuación parlamentaria en la "nacionalización" del sector dispuesta por el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de gobierno. Envuelto, una vez más, en acusaciones de corrupción y nepotismo, también Aruquipa debió renunciar precipitadamente ante un escándalo que tuvo como protagonista a uno de sus aliados, un audaz sindicalista del gremio de los choferes de Villa Victoria.

A Aruquipa le siguió un amigo, Santos Ramírez Valverde, un auténtico "peso pesado" del MAS. Hablamos de uno de sus fundadores que, desde la dirigencia sindical de los maestros rurales, había crecido vertiginosamente en el universo político de Potosí, ciudad en la que comenzó su vertiginosa "carrera política" como concejal.

En el 2002, Ramírez comienza su proyección nacional, cuando es elegido diputado por ese departamento. Con el triunfo del MAS, en el 2005 es elegido senador y como presidente del Senado ocupa -dos veces- provisionalmente la presidencia de Bolivia ante los reiterados viajes del presidente y de su vicepresidente, Alvaro García Linera, el notorio ex guerrillero que hoy es probablemente el ideólogo principal local del MAS.

Cercano a Evo Morales, que actuara este año como su padrino en su más reciente boda, Ramírez pertenece al "riñón" mismo del MAS. Y al de Morales. Ha sido uno de sus dirigentes más poderosos.

No obstante, desde su llegada al Senado ha estado rodeado de escándalos que de alguna manera lo han salpicado. Siempre. Primero, el vinculado con la "venta de visas" a ciudadanos chinos, en tránsito hacia los Estados Unidos. Luego, en casos evidentes de tráfico de influencias. Alguno de sus colaboradores inmediatos hasta apareció envuelto personalmente en cuestiones de drogas.
Pese a todo, como gozaba de la confianza de Evo Morales, su aureola no se opacó nunca.

Una catastrofe politica y moral

Las cosas iban más o menos a tumbos hasta el 27 de enero pasado, cuando el gerente general de una empresa con vinculaciones argentinas, Jorge O"Connor d"Artach, que manejaba a Catler Uniservice -empresa a la que YPFB había adjudicado (pese a su falta de antecedentes) la construcción de una importante planta separadora de líquidos a extraerse del gas natural, en el Departamento de Santa Cruz-, fuera asesinado a la luz del día, a sangre fría. En circunstancias que aparentemente tenían que ver con el pago de coimas al entorno de Ramírez vinculadas con el negocio antedicho, del orden de los 80 millones de dólares.

Entre los sospechosos que actuaron en el referido "negocio" con Santos Ramírez aparecieron enseguida personas con antecedentes penales, administradores de prostíbulos y locales nocturnos y varios familiares políticos de la nueva esposa de Ramírez, una activa dirigente del MAS, ella también.

Para quienes estaban considerados como formando parte de la propia elite del MAS, el episodio es realmente feo. Gravísimo, más bien. Para el MAS, el cuadro es horrible.

Evo Morales, enterado de lo que sucedía, primero defendió presto a Ramírez Valverde. Hasta que los hechos fueron apareciendo, unos tras otros, mostrando una maniobra de corrupción tan extendida -y obvia- que el presidente de Bolivia tuvo de pronto que "girar sobre sus talones" y "dar la espalda" a su amigo y colaborador de años, dejando en cambio actuar a la Justicia. Tomando prudente (o táctica) distancia.

Mas corrupcion, por donde se mire

Mientras las investigaciones sobre la empresa antes nombrada avanzan, los casos de corrupción en YPFB se multiplican, cual rosario delictivo.

En torno a todos aparece de alguna manera Santos Ramírez Valverde, que ha terminado siendo enviado al penal de San Pedro, en La Paz, como interno número 1.300. A su acceso a esa cárcel, fue recibido con un estruendoso aplauso por parte de los internos, que obviamente lo esperaban.

Como muestra de su "entereza moral", antes de ser detenido Santos Ramírez Valverde había seguido el "consejo" de sus letrados e iniciado un juicio de divorcio de quien es todavía su actual esposa, la diputada del MAS Giovanna Navia Doira Medina, cuyos hermanos aparecen directamente implicados en la turbia operación investigada. El divorcio iniciado pretendió, en sus propias palabras, "alejarlo" de su nueva familia política. Un hombre "de principios", queda visto. Capaz de tomar decisiones que avergüenzan.

La fiscalía le imputa a Santos Ramírez Valverde nada menos que seis diferentes delitos, a saber: conducta antieconómica (curioso delito definido penalmente en el país del Altiplano, seguramente utilizado para presionar a quienes no pertenecen a la "tropa propia"); uso indebido de influencias; contratos lesivos al Estado; incumplimiento de deberes del funcionario público; cohecho pasivo (por ahora), y asociación ilícita.

Esa lista, a medida que surgen nuevas evidencias de posible corrupción, podría presumiblemente ampliarse. Una de las novedades de los últimos días es que la investigación en curso habría comprobado algunas otras maniobras en beneficio de Santos Ramírez Valverde y un grupo de "funcionarios" de YPFB, como la contratación de una empresa dedicada a la "recalificación" de garrafas, que habría sido beneficiaria de una contratación directa y recibido sustanciales pagos irregulares.

La sensación es que bien puede haber otras "sorpresas", puesto que Ramírez Valverde y sus amigos podrían tener participación en algunas otras maniobras condenables.

Ante la magnitud de la corrupción descripta, queda claro que los controles en la administración del MAS o no existen, o no funcionan. Pero además aquello de "dime con quién andas y te diré quién eres" resuena constantemente en nuestras cabezas. Y no sin motivos.

Para Evo Morales esto es mucho más que un llamado de atención. Es una mancha que puede ser indeleble, pese a lo que deberá tratar de borrarla. Antes que lo salpique aún más. No será nada fácil, Ramírez Valverde tenía, desde hace años, verdadera intimidad con él. Demasiado como para sospechar que lo sucedido era un impensable para Evo Morales. Lamentable, por demás, pensando en los ciudadanos del país del norte. Especialmente en los más postergados.

Una vez más se confirma aquello de que, en la región, la corrupción alimenta las ambiciones personales de quienes dicen ser "progresistas" y confunden al Estado con lo propio, como si no hubiera para ello jamás fronteras morales. En todas partes.


* Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.