“La baja de la inflación es clave para recuperar el consumo”
El comercio se sostiene con cautela y márgenes acotados. Las familias consumen sólo los productos esenciales. “La estabilización de la economía todavía no se está traduciendo en una mejora del poder adquisitivo”, destaca Blas Taladrid, presidente de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción de Mar del Plata (UCIP).
El impacto del ajuste, la moderada suba de los salarios registrados, el destino incierto de los ingresos no registrados, la caída del consumo son todos engranajes de un mecanismo que se manifiesta en todo el país.
A veces es importante cambiar el foco, quitar la lupa del entramado económico de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano para replicar otras experiencias. Mar del Plata tampoco está al margen de este fenómeno de contracción y cambios de hábitos en el consumo que ponen al comercio contra las cuerdas.
“Lo que es transversal a todos los rubros es la sensación de que el cliente que entra al local lo hace con más criterio al momento de comprar”, explica Blas Taladrid, presidente de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción de Mar del Plata (UCIP).
-¿Cuál es la foto de la situación económica en la zona de Mar del Plata?
-El relevamiento de ventas minoristas que realizamos mensualmente desde el DESE (Departamento de Estudios Sociales y Económicos) de la UCIP en los Centros Comerciales a Cielo Abierto de Mar del Plata arrojó en mayo una caída del 5,8% interanual. Es una caída que más que duplica el 2,6% interanual medida en unidades físicas. Medimos volumen, no facturación, porque el volumen no miente, dado que neutraliza el efecto precio y refleja lo que realmente ocurre en la actividad cotidiana del comercio. La foto que emerge de ese dato es la de un consumo contenido y una economía donde los hogares priorizan lo esencial. El 47,7% de los comerciantes que consultamos dijo que su situación empeoró respecto al mismo período del año anterior. Sólo el 6,3% registra mejoría. El 84,1% considera que este no es un buen momento para invertir en su negocio. Esos números no son opiniones: son las respuestas de los propios comerciantes marplatenses, relevadas con metodología propia, mes a mes. El comercio formal de Mar del Plata está sosteniendo la actividad con cautela y con márgenes ajustados. La demanda no acompaña y las perspectivas de corto plazo no son optimistas.
-¿Qué rubros sufren más el impacto?
-La contracción del consumo no golpea de manera uniforme. En un escenario donde los hogares priorizan lo esencial, los rubros que primero acusan el impacto son aquellos vinculados a bienes durables y consumos discrecionales: indumentaria, calzado, mueblería, regalería, bazar. Son compras que el consumidor puede postergar, y en este contexto las posterga.
Los rubros de consumo de reposición frecuente, como alimentos y bebidas o farmacia, muestran mayor resiliencia en volumen, aunque con presión creciente sobre los márgenes por el aumento de costos operativos. Lo que sí es transversal a todos los rubros es la sensación de que el cliente que entra al local lo hace con más criterio, con menos impulsividad y con el peso de cada compra muy presente.
-¿Cómo podría revertirse esta tendencia?
-Cayó el volumen vendido, que es el indicador que más nos importa. El 5,8% de caída interanual en unidades físicas no es un dato aislado, sino que confirma una tendencia de consumo retraído que viene configurándose en los últimos meses. El 19,1% de los comerciantes anticipa que sus ventas van a seguir cayendo en los próximos seis meses. Solo el 6,3% espera una mejora. La reversión de esta tendencia requiere una condición que hoy no está dada: la recomposición del poder adquisitivo de los hogares.
Cuando las familias recuperan capacidad real de compra, el comercio formal lo siente de inmediato. Mientras eso no ocurra, las estrategias individuales de cada comerciante, por buenas que sean, tienen un techo estructural que no pueden superar solos. UCIP lo viene diciendo con claridad: necesitamos que las decisiones de política económica estén informadas por la realidad del sector. Para eso producimos este relevamiento cada mes.
DESINFLACION
-¿Detecta algún punto positivo del programa económico?
-Sí. La desaceleración del ritmo inflacionario es una condición necesaria para la recuperación del consumo. Un comerciante que no puede proyectar sus costos ni fijar precios con cierta previsibilidad no puede planificar, no puede invertir, no puede sostener empleo. En ese sentido, la estabilización de las variables macroeconómicas apunta en una dirección correcta. El problema es que esa estabilización todavía no se está traduciendo en mejora del poder adquisitivo de los hogares ni en reactivación del consumo interno. La brecha entre estabilización macro y recuperación real del comercio minorista es lo que los números de mayo reflejan con nitidez. Es un punto de partida necesario, pero no es suficiente. Necesitamos reactivar el consumo.
-¿Los afecta la apertura de las importaciones?
-Afecta en términos de competencia. El comerciante formal de Mar del Plata paga impuestos, cumple con habilitaciones, garantiza condiciones laborales a sus empleados y trabaja dentro de la ley. Cuando compite con productos importados que ingresan a precios que no reflejan esa misma carga regulatoria y fiscal, la cancha no es pareja. No nos oponemos al comercio internacional. Lo que exigimos es que las reglas de juego sean equitativas para quienes operan dentro de la formalidad.
Si la apertura comercial no va acompañada de mecanismos de control que garanticen esa equidad, termina siendo un subsidio implícito a la competencia desleal, que ya es un problema estructural que venimos documentando desde hace años, no solo en su dimensión de importaciones sino también en la de comercio ilegal local.
-¿Cuál es la situación del empleo? ¿Ayudará la reforma laboral?
-La situación del empleo en el comercio marplatense es frágil pero todavía contenida. El 98,5% de los empleadores que consultamos dijo que no planea modificar su nómina en el corto plazo, lo que habla de una responsabilidad social del comerciante marplatenses. Pero el porcentaje restante ya está evaluando reducir personal, y nadie en incorporar nuevo personal en los próximos meses. Es el indicador más sensible que relevamos: cuando un comerciante empieza a pensar en reducir su plantel, es porque ya agotó otras alternativas.
Sobre la reforma laboral, desde UCIP acompañamos cualquier iniciativa que simplifique la contratación formal, reduzca los costos no salariales asociados al empleo registrado y facilite que las pymes puedan crecer con más trabajadores en blanco. Lo que no podemos aceptar es que la flexibilización se traduzca en precarización.
El empleo formal es uno de los pilares del comercio que UCIP representa. Si la reforma reduce las cargas sin reducir los derechos, es una buena reforma. Si va en la dirección contraria, estaremos en la primera línea para decirlo.
La Argentina necesita un sistema laboral moderno que promueva el empleo, reduzca la informalidad y acompañe el crecimiento. La reforma es un paso, pero el empleo va a crecer cuando haya más actividad, más inversión y más capacitación orientada a la producción.
Ahora bien, desde UCIP entendemos que puede mejorar las condiciones para contratar y puede generar mejor clima de negocios, pero que no es suficiente por sí sola. El empleo depende principalmente del nivel de actividad, el consumo, y la estabilidad macroeconómica, además de tener reglas claras. La ley es un paso positivo en el ordenamiento del sistema laboral, pero su impacto en el empleo será gradual y condicionado al contexto económico.
-¿Cree que una reforma impositiva aliviaría la realidad de los empresarios?
-Sin dudas. La carga impositiva sobre el comercio y la industria en Argentina es uno de los factores que más deteriora la competitividad del sector formal y que más incentiva la informalidad. Un comerciante que paga todos sus impuestos, en los tres niveles de gobierno, destina una parte desproporcionada de sus ingresos a esa obligación.
Una reforma impositiva que simplifique el sistema, elimine la superposición de tributos nacionales, provinciales y municipales, y alivie especialmente la presión sobre las pymes tendría un efecto real y rápido sobre la capacidad de inversión y de generación de empleo del sector.
El problema no es sólo la carga en sí, es la complejidad. Un comerciante mediano necesita asesoramiento permanente para cumplir con todas sus obligaciones fiscales. Ese costo también es parte de la ecuación. UCIP viene reclamando esta reforma desde hace años. No es una novedad del contexto actual, aunque el contexto actual la hace más urgente que nunca.
CONTRASTE
-Existe un contraste entre las políticas de la Nación y la provincia. ¿Cómo queda parado el empresario?
-El empresario opera en un entorno donde las decisiones de política pública se toman en tres niveles de gobierno simultáneamente y no siempre convergen. Eso genera lo que nosotros llamamos incertidumbre regulatoria. Es decir, no saber qué regla va a cambiar, en qué nivel, y con qué impacto sobre el negocio.
Cuando las políticas de diferentes niveles del Estado van en direcciones distintas, o cuando los tiempos de implementación no están sincronizados, quien paga el costo de esa descoordinación es el empresario. No porque haya hecho algo mal, sino porque opera en el cruce de esas tensiones.
Lo que UCIP exige es coordinación interjurisdiccional. Esa demanda no tiene color político ni es coyuntural; es una demanda técnica, operativa, concreta. El comerciante marplatense no puede funcionar como piloto de prueba de políticas que se diseñan sin consultar el impacto real sobre quienes las padecen cotidianamente. Para eso existe el DESE. Para eso existimos como institución, para traducir esa realidad en información que los distintos niveles de gobierno puedan y deban usar.
-¿Cuáles cree que son las perspectivas a futuro?
-Las perspectivas de corto plazo son cautelosas. El 74,6% de los comerciantes que consultamos en mayo espera que sus ventas se mantengan sin variaciones en los próximos seis meses. El 19,1% anticipa nuevas caídas. Sólo el 6,3% proyecta una mejora. Eso no es pesimismo, es lo que el sector nos dice cuando le preguntamos con metodología rigurosa.
A mediano plazo, la recuperación es posible, pero no automática. Requiere que la desaceleración inflacionaria se traduzca en salarios reales que crezcan, en crédito accesible para las pymes y en condiciones que permitan al comercio formal planificar y volver a invertir. Ninguna de esas condiciones está todavía consolidada.
Mar del Plata tiene un tejido comercial resiliente. Los comerciantes que seguimos relevando mes a mes son personas que no abandonaron, que innovaron, que se adaptaron. El 92,1% ya opera con canales de venta digital habilitados. La caída que medimos no se explica por falta de adaptación del sector: se explica por contracción de la demanda. Cuando la demanda se recupere, el sector va a responder rápido. El desafío es acelerar las condiciones para que eso ocurra.
-¿Cuánto afecta la suba de los servicios a la rentabilidad?
-Es uno de los factores de presión más directos sobre el margen operativo del comercio. La energía eléctrica, el gas y los servicios de telecomunicaciones son costos fijos que no se pueden trasladar completamente al precio sin perder competitividad. Cuando suben, comprimen el margen.
El 39,7% de los comerciantes que consultamos en mayo calificó su margen entre ingresos y gastos como regular. El 23,9% lo calificó como malo y el 12,6% como pésimo. Sumados, el 36,5% del sector está trabajando con márgenes que no garantizan sustentabilidad.
En ese contexto, cada suba de tarifa pesa de manera diferente que en un escenario de demanda activa. Lo que nos preocupa es la acumulación. No es solo la energía. Es la suma de ajustes tarifarios, presión impositiva y demanda retraída operando en simultáneo sobre un sector que ya viene absorbiendo costos desde hace tiempo.
-¿Qué opina de la decisión de quitar el beneficio de zona fría?
-Es una medida que impacta directamente sobre la economía marplatense. Mar del Plata es una ciudad que tiene inviernos reales: la calefacción no es un consumo opcional para un local comercial, es parte de la operación básica. El beneficio de zona fría reconocía esa realidad geográfica y climática.
Su eliminación o reducción agrava la presión que ya describimos: márgenes ajustados, demanda retraída y un nuevo impacto a los bolsillos de las familias impacta directamente en el consumo local y las ventas.
Cálculos de consultores nos indican que de perder el beneficio o adaptarse al proyecto sancionado en diputados generará que cada mes de invierno el usuario de gas de la ciudad destine en su conjunto alrededor de 5.000 millones de pesos por mes al pago de las facturas de gas que salen del circuito económico de la ciudad, y significan menos consumo y menos ventas.
En términos anuales se estima una pérdida de consumo de las familias marplatenses del orden de los 30.000 millones de pesos. Por eso desde UCIP, hemos solicitado al Senado que no de la media sanción restante que la convierta en ley. Vamos a continuar planteando esta demanda ante las instancias que correspondan.
La voz del comercio marplatense
“Quiero dejar un punto que me parece importante para el debate público. El DESE de UCIP produce este relevamiento mensual desde hace años, con metodología propia y consistente”, aclara Blas Taladrid acerca del valioso instrumento estadístico.
Y añade: “Medimos en unidades físicas porque creemos que la verdad del consumo está en el volumen, no en la facturación. Esa decisión metodológica nos da una fotografía de la actividad real que pocas instituciones tienen la capacidad de producir a nivel local. Lo hacemos porque creemos que las buenas decisiones de política pública requieren buena información. No como ejercicio académico, sino como herramienta concreta”.
El empresario remarca que “cada mes que publicamos este dato, estamos poniendo sobre la mesa una evidencia que no depende de ninguna narrativa política. Depende de lo que los propios comerciantes marplatenses nos dicen sobre su realidad”.
Por último, sostuvo a manera de conclusión que “el comercio formal de Mar del Plata necesita condiciones reales para sostener actividad y empleo. Eso requiere recomponer el poder adquisitivo de los hogares. No hay atajo. Y UCIP va a seguir siendo la voz que lo diga, con datos, con claridad y sin alinearse con ningún sector político”.
