La actividad física durante la infancia y su impacto sobre el desarrollo integral

La actividad física durante la infancia es un aspecto fundamental para el crecimiento y el desarrollo integral de los niños. No sólo contribuye a mantener un buen estado de salud física, sino que también favorece el desarrollo emocional, social y cognitivo. Es una etapa de la vida en la que el cuerpo y el cerebro están en constante crecimiento, el movimiento desempeña un papel esencial para adquirir habilidades, fortalecer el organismo y generar hábitos saludables que pueden mantenerse durante toda la vida. 
Desde los primeros años, los niños necesitan moverse, correr, saltar, jugar y explorar su entorno. Estas actividades les permiten desarrollar la coordinación, el equilibrio, la fuerza, la flexibilidad y la resistencia. Además, mediante el juego activo aprenden a conocer los límites de su cuerpo, mejoran su motricidad y adquieren confianza en sus propias capacidades. La práctica regular de actividad física ofrece numerosos beneficios para la salud. Entre ellos se destacan el fortalecimiento de los músculos y los huesos, la mejora del funcionamiento del corazón y los pulmones, el mantenimiento de un peso saludable y la disminución del riesgo de desarrollar enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 y algunos problemas cardiovasculares en el futuro. 
También favorece un mejor descanso nocturno, aumenta los niveles de energía y fortalece el sistema inmunológico. Más allá de los beneficios físicos, la actividad física tiene un impacto muy positivo en la salud mental. Cuando los niños realizan ejercicio o participan en juegos activos, su organismo libera sustancias como las endorfinas, que producen sensaciones de bienestar y ayudan a reducir el estrés, la ansiedad y el mal humor. Asimismo, el deporte y el juego fortalecen la autoestima, permiten superar desafíos, aprender nuevas habilidades y sentirse capaces de alcanzar objetivos. 
Otro aspecto muy importante es el desarrollo social. Muchas actividades físicas se realizan en grupo, lo que brinda oportunidades para aprender a compartir, respetar reglas, trabajar en equipo, comunicarse y resolver conflictos de manera pacífica. A través del deporte y de los juegos cooperativos, los niños desarrollan valores como el respeto, la solidaridad, la responsabilidad, el compromiso, el compañerismo y la perseverancia. La actividad física también influye positivamente en el rendimiento escolar. Diversos estudios han demostrado que los niños físicamente activos suelen presentar una mayor capacidad de concentración, mejor memoria, mayor creatividad y un mejor desempeño en tareas que requieren atención y resolución de problemas. 
El movimiento estimula el funcionamiento del cerebro y favorece el aprendizaje. Mejora la capacidad respiratoria y estimula la hidratación y eliminación de toxinas. Mantener una vida activa puede beneficiar tanto la salud como el desempeño académico. Existen muchas formas de realizar actividad física durante la infancia. No es necesario practicar un deporte competitivo para obtener sus beneficios. Caminar, correr, andar en bicicleta, bailar, nadar, jugar a la pelota, saltar la cuerda, practicar gimnasia, patinar o simplemente jugar en una plaza son actividades que ayudan a mantenerse activo. Lo importante es que los niños disfruten del movimiento y encuentren actividades acordes a sus gustos e intereses. 
La familia cumple un papel fundamental en la promoción de hábitos saludables. Los padres y otros adultos pueden incentivar la actividad física compartiendo momentos de juego, realizando paseos al aire libre, limitando el tiempo frente a las pantallas y dando el ejemplo con un estilo de vida activo. Del mismo modo, la escuela tiene una gran responsabilidad mediante las clases de educación física, los recreos activos y las propuestas deportivas que fomentan la participación de todos los alumnos. En la actualidad, uno de los principales desafíos es evitar el sedentarismo. El uso excesivo de teléfonos celulares, computadoras, tabletas y videojuegos hace que muchos niños permanezcan varias horas sentados, reduciendo el tiempo destinado al movimiento. Este estilo de vida puede afectar negativamente la salud física y emocional.  Genera problemas posturales.  
Entonces resulta fundamental equilibrar el tiempo de pantalla con actividades recreativas y deportivas. Los especialistas recomiendan que los niños realicen al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa. Estas actividades pueden combinar ejercicios aeróbicos, juegos, deportes y ejercicios que fortalezcan los músculos y los huesos, siempre adaptados a la edad y a las posibilidades de cada niño.Como siempre, recomiendo contar con el apto físico del médico de cabecera de los niños que realizan actividad física. 
 

Claudio V. Penna 
Prof. Nac. de Educ. Física 
Ig: @lospenna