A partir del año 1862 con Bartolomé Mitre, los presidentes de la Nación elegidos bajo los términos de la vieja Constitución Nacional de 1853 asumían el 12 de octubre y sus mandatos cesaban, luego de seis años, ese mismo día con el traspaso de mando a su sucesor. La tradición está plagada de anécdotas y recuerdos en torno a esa fecha que, por otra parte, remite al Descubrimiento de América actualmente denominado Día de la diversidad cultural.
Sin embargo la historia muestra también como excepciones a la fecha mentada, aquellas ocasiones en que mandatarios de facto asumieron como consecuencia de interrupciones de los mandatos constitucionales de aquellos presidentes que fueron derrocados por movimientos militares sublevados siendo una infeliz habitualidad a partir de 1930. De tal suerte, ya en el siglo XX, numerosas veces asumieron gobiernos electos en otra fecha diferente al señalado 12 de octubre, como consecuencia de la realización de actos electorales tendientes a la normalización de la situación legal. Por caso, desde la definitiva restauración de la vigencia de la democracia constitucional en 1983, fue instituída la fecha del 10 de diciembre (Día Internacional de los Derechos Humanos) como fecha de asunción de los presidentes.
TRADICION RADICAL
Sin embargo es el 12 de octubre la fecha en que más presidentes han asumido sus cargos. En la tradición radical tres presidentes de esa filiación política asumieron cuatro períodos presidenciales. El primero, obviamente fue Hipólito Yrigoyen en 1916. Es harto conocido que fue el primer ´presidente elegido por el voto obligatorio y secreto instaurado a partir de la reforma electoral impulsada por el presidente Roque Sáenz Peña.
Luego de triunfar en el voto popular y obtener la cantidad de electores suficientes para resultar consagrado según el anterior sistema indirecto, Yrigoyen acompañado por su compañero de binomio Pelagio B. Luna asumió a primera hora de la tarde del 12 de octubre de 1916 como se dijo, prestando juramento de desempeñar fielmente su cargo según la fórmula constitucional ante el pleno de la Asamblea Legislativa presidida por el presidente provisional del Senado el mendocino Benito Villanueva.
La nota de color sucedió cuando el ya juramentado presidente se ubicó en el carruaje presidencial acompañado por el exministro de Guerra y creador del Servicio Militar Obligatorio teniente general Pablo Riccheri, para dirigirse a la Casa Rosada a tomar el mando. La multitud congregada en la Plaza Congreso, presa de la alegría por ver al líder popular encaramado en la carroza, desenganchó a los caballos para arrastrarla a pulso por la Avenida de Mayo. La intervención personal del presidente evitó que las fuerzas militares que lo custodiaban reprimieran el espontáneo gesto del público.
Al arribar a la sede del gobierno que rebosaba de público (invitados y colados) lo esperaba el presidente saliente Victorino de la Plaza, hombre de larga y destacada actuación pública quien solicitó a sus allegados que antes de ingresar al Salón Blanco para hacer entrega de los símbolos del poder, la banda y el bastón presidenciales, le indicaran quién era Yrigoyen ya que no se conocían personalmente producto del hábito yrigoyeniano de no exhibirse en eventos sociales y públicos y casi no existir fotografías de él hasta entonces.
Luego de la ceremonia y los saludos de rigor así como de la toma de juramento a los ministros, Marcelo de Alvear, quizás el más cercano en el afecto personal de Yrigoyen entre todos los presentes, se acercó a saludarlo y le dijo “Que tal presidente, ¿está emocionado?”. Y el nuevo presidente la respondió: “No. Solo preocupado ya que no recuerdo a quién entregué mi sombrero y mi sobretodo”.
MARCERLO T. DE ALVEAR
Seis años más tarde, el 12 de octubre de 1922, los protagonistas de ese intercambio verbal volverían a cruzarse en el mismo salón con motivo de la entrega de los atributos de mando presidencial. Esta vez Yrigoyen finalizaba su período y había influído y puesto en juego su poder y su prestigio apoyando como sucesor a Marcelo Torcuato de Alvear, que regresaba de Europa donde se desempeñó durante todo el mandato de su predecesor como ministro plenipotenciario en Francia.
En la dársena del Puerto de Buenos Aires y luego de las elecciones en que triunfó mayoritariamente como candidato presidencial de la UCR junto a Elpidio González como compañero de fórmula, fue recibido por Yrigoyen. En ese abrazo entre los dos líderes captado por los fotógrafos Alvear le dijo: “Hipólito, usted sabe que yo siempre seré su amigo fiel!”. Pocos días después Alvear luego de jurar junto a González ante el Congreso se dirigió a la casa Rosada en medio de la alegría general aunque mas contenida y ordenada. Yrigoyen, el líder más popular de los últimos años, rodeado del afecto social se retiró a pie de la Casa Rosada. Esa misma jornada, en su modesta vivienda de la calle Brasil a media cuadra de la Estación Constitución, al anochecer recibió la visita del nuevo presidente que concurrió a cenar junto a su antecesor. No hay constancias ni registros de lo que hablaron en aquella oportunidad. Las personalidades de cada uno, las circunstancias y hechos posteriores permiten inferir que las diferencias de estilo separaron las trayectorias de aquellos dos hombres aunque nunca llegaron al punto de convertirlos en enemigos. Pero seis años después atravesados por vicisitudes complejas se reencontrarían en el mismo Salón Blanco para volver a intercambiar entre ellos los símbolos presidenciales.
SEGUNDA DE YRIGOYEN
Yrigoyen fue consagrado candidato presidencial de la UCR apenas dos semanas antes de las elecciones de abril de 1928. El conglomerado opositor al veterano líder radical, agrupaba conservadores, socialistas independientes y radicales antipersonalistas que más bien deberían haberse denominado anti yrigoyenistas. Eran bien vistos en la escena oficial que presidía Alvear aunque ya fuera por auténtica lealtad o simplemente por decoro republicano no había hecho uso de su poder para beneficiar a los adversarios de Yrigoyen. Las elecciones arrojaron un resultado tan abrumador (más del 60% obtuvo la fórmula yrigoyen -Beiró) y contundente nunca visto hasta entonces en una contienda electoral que muchos llamaron “Plebiscito” y que Yrigoyen prefirió denominar “Mandato extraordinario”.
El fallecimiento inesperado del vicepresidente electo produjo la primera complicación institucional de un período que tendría muchas. Volvieron a reunirse los colegios electorales ya que la elección era indirecta como se ha dicho y consagraron al gobernador de Córdoba Enrique Martínez como vicepresidente.
Así el 12 de octubre de 1928 Yigoyen y Martínez tomaron juramento ante la Asamblea Legislativa y esta vez a bordo de un automóvil descapotable entre una masiva concurrencia popular que celebraba el regreso de su líder al gobierno,se dirigieron a la Casa Rosada para recibir los atributos presidenciales. En el Salón Blanco y luego de saludarse con Yrigoyen recuperando el trato afable y afectuoso que la revista Caras y Caretas inmortalizó en su tapa con una genial caricatura del dibujante Víctor Valdivia, Alvear se retiró a pie por la explanada de la Avenida Rivadavia. El episodio de color fue que cuando un atrevido anónimo escudado entre la multitud osó gritarle “Traidor!” y Alvear, gran sportman que había practicado hasta box en sus años mozos, lo encaró corajudo defendiendo su honra personal y política. Ese mismo día y junto a su esposa Regina Pacini, se embarcaron nuevamente con destino a su amada Francia.
ARTURO UMBERTO ILLIA
Treinta y cinco años después, el 12 de octubre de 1963 asumiría el último presidente radical en tomar el cargo en dicha fecha.
Arturo Umberto Illia, médico nacido en Pergamino y radicado en Cruz del Eje, Córdoba donde ejerció su profesión y desarrolló su vasta trayectoria política (senador provincial, vicegobernador provincial, diputado nacional y gobernador electo) acompañado en la fórmula presidencial por el entrerriano Carlos Humberto Perette triunfaron en los comicios generales del 7 de julio de 1963 obteniendo la primera minoría, siendo posteriormente ratificados por la mayoría absoluta de los electores que los consagraron Presidente y Vicepresidente de la República. Así, asumieron sus cargos aquél 12 de octubre con todas las formalidades rituales de la ceremonia, ante la Asamblea Legislativa y posteriormente se dirigieron en dos automóviles Cadillac a la Casa Rosada. Detalle a señalar es que el presidente constitucional compartió el automóvil con los comandantes en jefe de la Armada y del Ejército, a la sazón Almirante Carlos Pita y teniente General Juan Carlos Onganía. Paradójicamente quien lo sucedería en el cargo presidencial tres años más tarde en 1966 como producto del golpe de Estado de las Fuierzas Armadas que se denominó Revolución Argentina. Una vez en la sede del Poder ejecutivo, en el Salón Blanco tradicional escenario de los traspasos de mando, se reencontraría con su antiguo correligionario y presidente en ejercicio José María Guido (que ejercía la presidencial luego del derrocamiento de Arturo Frondizi en 1962) y que entregó en propia mano los atributos de la banda y bastón presidenciales mientras recibía de Illia una afectuosa palmada en el rostro que quedó registrada en filmaciones y fotografías de la ceremonia.
La jornada se completó con la jura de los ministros y secretarios del gabinete y el protocolar saludo de las delegaciones extranjeras a las que fiel al estilo que impondría el nuevo gobierno se ofreció una sobria recepción en el tradicional Hotel Savoy -lugar de residencia del vicepresidente Perette en Buenos Aires animada musicalmente por Hilda Rufino “La Cuyanita” y su conjunto “Tacita de Plata” acompañado por el pianista porteño Mario Valdéz.
