MUSICA
La 'Doncella de Hierro' y una pasión que no se oxida
Iron Maiden brindó uno de sus mejores shows en el país.
Recital de Iron Maiden. Músicos: Bruce Dickinson, voz; Steve Harris, bajo; Dave Murray, guitarra; Adrian Smith, guitarra; Janick Gers, guitarra; Simon Dawson, batería. El martes 20 en el Estadio Tomás A. Ducó.
La química tiene sus leyes y el hierro, tarde o temprano, se oxida. Sin embargo, Iron Maiden parece haber encontrado la fórmula para esquivar esa ecuación. A más de cinco décadas de su nacimiento, la Doncella de Hierro del heavy metal sigue haciendo temblar escenarios con una potencia que desafía el paso del tiempo.
El martes, ante un repleto estadio Tomás A. Ducó, Bruce Dickinson, Steve Harris y compañía volvieron a demostrar que su idilio con el público argentino sigue intacto. Una relación que se remonta a 1992 y que, en esta oportunidad, tuvo como excusa el tour Run for Your Lives.
Con puntualidad inglesa, a las 21 comenzó a sonar ‘Doctor Doctor’, de UFO, la canción elegida para dar el puntapié inicial a una noche que dejó en claro por qué Iron Maiden sigue ocupando un lugar privilegiado en la historia del heavy metal mundial.
Pero el espectáculo no depende solamente de su cantante. Steve Harris, con su inconfundible bajo y energía, marca el pulso de una maquinaria que se completa con las guitarras de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers. Cada uno aporta su personalidad, sus movimientos y sus solos a un sonido que mantiene intacta la identidad de Maiden. La batería de Dawson, por su parte, sostiene la potencia de un repertorio que exige precisión y resistencia.
Así, ‘Murders in the Rue Morgue’ dio comienzo a una avalancha de clásicos que hizo vibrar a la multitud. Le siguieron ‘Wrathchild’ y ‘Killers’, tema durante el cual Eddie se corporizó por primera vez sobre el escenario.
RELACIÓN SIMBIÓTICA
Entre la banda y sus seguidores existe una relación casi simbiótica: los músicos entregan sus canciones, su potencia y un espectáculo que combina música y puesta en escena, mientras que la multitud responde con esa pasión tan argentina que parece renovar la energía de quienes están sobre el escenario.
El campo fue durante toda la noche una verdadera marea humana que vibró con ímpetu ante los acordes de ‘The Number of the Beast’, ‘Powerslave’ -una de las más aclamadas- y ‘2 Minutes to Midnight’.
La muy fría noche de Parque Patricios no logró acallar las voces de los irons, que estallaron ante los acordes de ‘Run to the Hills’ y ‘Seventh Son of a Seventh Son’. Seguramente, uno de los momentos más altos llegó con ‘The Trooper’. Más allá del morbo que despierta la bandera británica que Dickinson suele flamear durante el tema, el cantante tomó nota de lo ocurrido hace unos años y esta vez también hizo flamear durante unos instantes la celeste y blanca. El gesto sumó un guiño a una escena clásica del repertorio de Maiden, aunque no fue obstáculo para que unos pocos -muy pocos- cantaran al final del tema “el que no salta es un inglés”.
FINAL APOTEÓSICO
Transcurridas casi dos horas de un show demoledor, llegó el turno de los bises. Primero fue el turno de ‘Fear of the Dark’, que no sólo sonó impecable, como el resto de las canciones, sino que encontró en la interpretación de Dickinson un plus extra.
Para el final quedó ‘Wasted Years’, que terminó de redondear una noche en la que los años de la banda no pesaron como una carga y volvió a demostrar la fidelidad con el público.
La cita dejó claras dos cosas. La primera es que la música atraviesa generaciones y diferencias sociales, y la segunda, que Iron Maiden volvió a demostrar que las buenas canciones pueden desafiar incluso las leyes de la química. Porque el metal podrá oxidarse, pero la Doncella de Hierro sigue encontrando la fórmula para mantenerse vigente.
Calificación: Muy bueno
