La Dama de Hierro

Desde el cielo Buenos Aires se extiende en un entramado urbano donde los límites se desdibujan. Como si fuera una manta hecha con retazos, tirada junto a un charco marrón (color de león, diría Borges). Kristalina mira por la ventanilla del avión y piensa:

-¿Será que no tiene fin?

Es la primera vez que la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, visita la Argentina. No es, sin embargo, el primer funcionario de ese rango que llega al país; ni siquiera la primera mujer.

La última directora en pisar estas orillas fue su antecesora en el cargo, la francesa Christine Lagarde, ahora al frente del Banco Central Europeo, adonde asumió en 2019 tras pasarle la posta del FMI a Georgieva. Encarnan ambas una línea dura. Son Damas de Hierro.

El viaje multiplicó conjeturas porque se plasmó justo antes de la tercera revisión del programa de u$s 20.000 millones que el organismo aprobó para el gobierno argentino en abril de 2025.

Y si bien la gestión libertaria ha hecho todo el esfuerzo por comportarse como el mejor alumno del Fondo, y aunque la funcionaria llegó invitada especialmente por Javier Milei, el desembarco los puso tiesos. Vale recordar que la Argentina le debe un total de u$s 57.720 millones y es, por lejos, el principal prestatario del organismo.

Las cifras, abultadas, vienen de aquel año 2018 cuando los mercados le soltaron la mano al entonces presidente Mauricio Macri y su gobierno no tuvo más remedio que golpear nuevamente las puertas del FMI, con quien el kirchnerismo había saldado la deuda para desembarazarse de su control reiterado y molesto.

En aquella oportunidad Macri anunció el préstamo de u$s 50.000 millones, que se amplió luego a u$s 57.000 millones. Cosas del destino, el resultado adverso en las PASO del 2019, la posibilidad del retorno K, hizo que el Fondo recortara los envíos, por lo cual terminaron por llegar al país un total de u$s 44.000 millones.

Antes de asumir el poder, Javier Milei dejó en claro que haría buena letra con el Fondo y se despegaría de la estrategia beligerante del kirchnerismo. De hecho, llegó a decir que no habría problemas con el organismo ya que su gobierno ensayaría un ajuste fiscal superior al que solicita el FMI. Y fue así nomás.

Cultivar las buenas migas parece una conducta inteligente de cara a una agenda de vencimientos sobrecargada:

* En el segundo semestre 2026: u$s 1.130 millones de capital y u$s 1.694 millones en intereses. Desembolsos esperados: u$s 863 millones.

* En 2027 vencen u$s 4.408 millones de capital y u$s 3.256 millones en intereses. Desembolsos: u$s 1.725 millones.

* En 2028 vencen u$s 6.568 millones de capital y u$s 2.934 millones en intereses. Desembolsos: u$s 1.725 millones.

* En 2029 vencen u$s 8.066 millones de capital y u$s 2.504 millones en intereses. Desembolsos: u$s 861 millones.

PRIMER DIA

La agenda de Kristalina Georgieva se oculta en las horas previas al aterrizaje. Los medios periodísticos la desconocen. Quizás para evitar que su difusión permita la concentración de las fuerzas de oposición, alguna que otra manifestación contra el FMI que dejaría en una posición incómoda a los anfitriones.

Es esperable, sin embargo, que se produzca una reunión en la Casa Rosada. Temprano, el ministro de Economía, Luis Toto Caputo, recibe a Georgieva en el Palacio de Hacienda y llevan adelante una conferencia de prensa conjunta. Luego simplemente cruzan la calle y se dirigen a la sede del Ejecutivo, donde la funcionaria participará de la clásica reunión de Gabinete.

Un fuerte esquema de seguridad custodia a la directora del Fondo mientras atraviesa Hipólito Yrigoyen. El viento, pertinaz, juega con el pelo de Kristalina y Toto, que sonríe con el perfil de dandy que luce para estas ocasiones.

Más allá, sobre la Plaza de Mayo, un nutrido grupo de militantes de izquierda clama en contra del capitalismo, las políticas del FMI y la postura cipaya de los gobernantes. Pasan allí toda la mañana, vigilantes en su trinchera.

Sobre sus cabezas flamean las banderas de La Cámpora; la nacional con las Malvinas dibujadas en el centro; la de Palestina libre. Otra exige ‘Fuera Milei y FMI’; en un costado, sobre un paño rojo, se agita el rostro de Mao. Más acá se recorta el perfil de Cristina.

Ocupan apenas un tercio de la plaza. Los turistas les pasa por al lado y los miran como si fueran una curiosidad más de las vacaciones. No son tiempos de resistencia. En las primeras horas de la tarde enrollan los trapos y emprenden la retirada.

El final de la primera jornada arroja un balance positivo para el equipo económico: Georgieva reconoce el progreso macroeconómico, subraya la necesidad de continuar acumulando reservas en el Banco Central, valora el superávit fiscal y la merma de la inflación, y llama a generar un crecimiento sostenido en todos los sectores.

FERVOR FISCAL

Cuando a Kristalina Georgieva se le pregunta por sus años vividos detrás del Telón de Acero, suele recordar el desabastecimiento crónico del modelo comunista y las largas colas para comprar lo indispensable. Cuenta también la experiencia de aquel negocio de Sofía que tenía todas las estanterías vacías y sólo vendía botellas de vinagre.

Kristalina Ivanova Georgieva nació el 13 de agosto de 1953 en Sofía, capital de Bulgaria. Por aquel entonces el país era gobernado por el secretario general del Partido Comunista búlgaro, Valko Chervenkov.

En su niñez y adolescencia cursó la escuela primaria y el secundario en la capital. Durante las vacaciones, sus padres la enviaban a Lyubimets, el pueblo adonde vivían sus abuelos, para colaborar en la cosecha de tabaco, tarea que realizaba con un carro tirado por un burro. Dice que allí aprendió la cultura del trabajo duro

Años después se graduó en Economía Política y Cobros en la Universidad de Economía Nacional y Mundial de Sofía, donde más tarde dictó clases. También completó un doctorado en Ciencias Económicas.

La caída del Muro cambió el mundo y la carrera de Kristalina cobró vértigo, ganó altura. Entre 1993 y 2010 trabajó para el Banco Mundial; entre 2010 y 2016, en la Comisión Europea; entre 2017 y 2019 fue directora General del Banco Mundial; y en 2019 tomó las riendas del Fondo Monetario Internacional.

Como todos los presidentes y funcionarios del Fondo, Georgieva ensaya el credo de la disciplina fiscal, madre del virtuosismo económico. Los economistas anglosajones suelen burlarse de la entidad y, jugando con su sigla, dicen que IFM significa It’s Mostly Fiscal.

SEGUNDO DIA

El avión que traslada a Kristalina Georgieva aterriza en el Aeropuerto Juan Domingo Perón de la ciudad de Neuquén. La temperatura es de 5 grados y el viento, que sopló fuerte durante los días anteriores, se muestra calmo, como dando la bienvenida.

Allí aborda un helicóptero que la traslada directamente al yacimiento de Loma Campana, explotado por YPF. Alguien le explica que la sigla remite a su antiguo nombre: Yacimiento Petrolíferos Fiscales. Georgieva saborea la última palabra y sonríe.

Al llegar, cambia sus ropas por un mameluco gris de la empresa, sobre el cual se pone una campera. También le dan un casco blanco y un par de anteojos negros para protegerse de la tierra voladora. La directora hace el recorrido, curiosa.

Como rostro visible de la casa acreedora, siente la tranquilidad de advertir que su principal deudor cuenta con recursos. No es tan insolvente, después de todo. Ignora, o prefiere ignorar, que tras la reforma constitucional de 1994 se estableció en el artículo 124 que “corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio".

“Tuvimos una reunión muy productiva y recorrimos un equipo de perforación de última generación, donde (Kristalina) pudo conocer el trabajo de nuestra gente, de las empresas que nos acompañan todos los días y el nivel de tecnología y eficiencia que alcanzamos”, escribe en sus redes el CEO de YPF, Horacio Marín.

La estada de Georgieva dura un suspiro. Poco menos de cuatro horas. A las 14 el Learjet 60 de la Fuerza Aérea Argentina la devuelve a Buenos Aires junto al ministro de Economía, Luis Caputo, y el resto de la comitiva del Fondo Monetario Internacional.

Se da por concluida la visita oficial de Kristalina Ivanova Georgieva a la Argentina. Todos quedan satisfechos. El Gobierno porque hace buena letra y recibe el guiño cómplice de la directora. Ella porque le toma el pulso a su principal acreedor y sopesa los recursos. Antes de irse un viejo refrán búlgaro le vuelve a la memoria: Maystorskoto oko struva poveche ot deset chuzhdi ratse (El ojo del amo vale más que diez manos ajenas).