La Argentina evaporada
Por Fernando Salon
La fuga sistémica de divisas supera los vencimientos de deuda soberana. La macroeconomía argentina enfrenta una paradoja estructural en su mercado de cambios: la capacidad de generación de divisas por los motores genuinos del país está siendo absorbida no por los compromisos financieros internacionales, ni por el desarrollo ni por nuevas infraestructuras, sino por la salida de capitales del circuito productivo nacional.
Los datos oficiales del Balance Cambiario de la República Argentina demuestran que la fuga de divisas duplica las necesidades de pago de la deuda pública externa, planteando un escenario restrictivo para la acumulación de reservas (que actualmente se hace mayormente con emisión de pesos y generando inflación endógena, postpuesta) y el crecimiento económico de largo plazo.
En una radiografía de la formación de activos externos, de acuerdo con los informes del BCRA, la demanda neta de billetes y divisas por parte de residentes de forma posterior a las flexibilizaciones cambiarias (‘cepo’) refleja un drenaje constante:
* Formación de Activos Externos (FAE): las estadísticas de la autoridad monetaria registran egresos acumulados en torno a los u$s 40.591 millones en conceptos de atesoramiento y/u ocultamiento fiscal por parte del sector privado no financiero. Este dinero genera inversiones y desarrollo… para otros países donde los dólares han sido depositados. Desafortunadamente, muchas noticias en diarios locales directa o indirectamente fomentan la fuga. Este flujo constante (en el último mes salieron más de u$s 2.400 millones) se suma a los u$s 400.000 o 500.000 millones que los argentinos tienen afuera. El Gobierno quiere que la gente traiga y use ese dinero (aun con normas que en el mundo son llamados de lavado de dinero), pero muy por el contrario el flujo mensual mencionado muestra la realidad contraria. Y no hay acción correctiva ninguna.
* Destino de los fondos: del total de divisas demandadas, se diferencian las colocaciones en cuentas bancarias del exterior (transferencias brutas-FAE), el ocultamiento en cajas de seguridad locales y el retiro físico del sistema (ocultamiento en hogares o ahorro informal bajo el colchón). La palabra ocultamiento significa que esos dólares -en general- no tributan (evasión fiscal).
* Turismo Emisivo: los pagos por viajes, pasajes y otros consumos con tarjetas de crédito y débito a proveedores no residentes suman un déficit persistente, con registros mensuales promedio que oscilan entre los u$s 700 millones y u$s 1.100 millones, consolidando un egreso anualizado superior a los u$s 12.000 millones anuales en la cuenta de servicios turísticos. Hay que sumarle las compras por Courier y las compras que vienen en valijas, que no es menor.
Si en 2025 viajaron 18,8 millones de argentinos, llegaron al menos 18,8 valijas llenas de compras, que se restan de las compras minoristas en Argentina y de la industria argentina, además de la perdida de impuestos a percibir por el Estado Argentino. Está viajando al exterior el 45% de los residentes, contra un promedio de 5% de otros latinoamericanos. Eso es pura pérdida de divisas e incentivo a la fantasía nacional, como fue en la época de Martínez de Hoz, Menem y Macri, el cual por mucho menos dólares (unos u$s 29.000 millones) tuvo que reimplantar el cepo sin más alternativa.
¿Vamos hacia eso? Si así fuera, es válido, mientras no haya que devaluar y echar a perder los esfuerzos de la gente debido a la inflación. ¿Impuestos a los viajes y a la compra de dólares para fines indeterminados? ¿Separación entre dólar comercial y financiero? Todo es válido si es bien implementado, pero así como hoy, las cuentas no dan.
COSTO DE OPORTUNIDAD
La salida de u$s 40.000 millones anuales del mercado local implica una contracción directa del Producto Bruto Interno (PBI), dado que estos recursos se retiran del circuito de inversión privada y consumo doméstico.
Para dimensionar el impacto de la fuga de capitales, ese volumen de divisas permitiría financiar proyectos estratégicos estructurales indispensables para el desarrollo de la Nación. Hubieran podido hacerse:
* Infraestructura energética: la construcción de gasoductos troncales y plantas de licuefacción para exportar Gas Natural Licuado (GNL) que requiere inversiones estimadas en u$s 10.000 millones, cubiertas holgadamente con una fracción del capital fugado.
* Logística y Transporte: la modernización y ampliación de las redes viales y ferroviarias de carga hacia las terminales portuarias optimizaría los costos logísticos del agro y la industria, potenciando la competitividad global del país.
* Construcción de 5 Centrales Nucleares o Parques de Energías Renovables de gran escala.
* 4.000 hospitales medianos en todo el país.
El lector puede sumarle carreteras o incentivos al desarrollo industrial que guste. Es lo que hacen los países desarrollados.
Este despilfarro de dólares es muy mal mirado por potenciales inversores extranjeros, que se preguntan así mismos porque invertir en Argentina si los propios argentinos fugan su dinero.
El tema “inocencia fiscal” que normalmente en el mundo se llama lavado de dinero es también muy mal mirado por quienes podrían ser inversores serios.
Estas irregularidades económicas resultarán en una tasa de interés enorme en caso de que Argentina pretenda ir a mercados de capitales institucionales, y son el impedimento duro para salir de la categoría de “standalone”.
En palabras simples, ningún inversor quiere que sus dólares terminen en una oscura caja de seguridad en Buenos Aires o pagando las vacaciones de millones de argentinos, pues eso no garantiza la seguridad del capital, ya que el capital simplemente desaparece de Argentina.
Y finalmente en la escena está el FMI, que es políticamente cuidadoso con Argentina por ser su primer y más grande deudor, y no quiere generar un default que cause daño financiero y de reputación a ellos mismos. En ingles se le llama a esta situación “too big to fail”, o sea demasiado grande para caer o fracasar. Un nuevo default de Argentina haría demasiado ruido.
MAPA DE COMPROMISOS
De acuerdo con el programa financiero oficial presentado por la Secretaria de Finanzas, el cronograma de vencimientos de deuda en moneda extranjera (tanto con organismos internacionales como con bonistas privados bajo legislación local y extranjera) exige desembolsos millonarios hasta fin de 2027:
* Vencimientos 2026: las necesidades de financiamiento y servicios de capital e interés en dólares ascienden a u$s 19.200 millones.
* Vencimientos 2027: el calendario financiero se torna aún más exigente, demandando un total de u$s 24.900 millones.
La colisión de datos oficiales expone una inviabilidad matemática en la administración de la balanza de pagos. Si la economía argentina debe afrontar un piso de vencimientos de deuda externa de u$S 24.900 millones hacia 2027, y la persistencia de una tasa de fuga de divisas y turismo emisivo que se ubica en el orden de los u$s 40.000 millones anuales, se neutraliza cualquier superávit comercial.
Esto es válido aún bajo proyecciones optimistas de liquidación de exportaciones conjuntas de los tres pilares de divisas del país: complejo agroindustrial (soja, maíz, trigo); sector minero (Litio y cobre); y sector energético (Petróleo y gas de Vaca Muerta).
La oferta agregada de estos sectores productivos resulta insuficiente si no se detiene la sangría de capitales. Sin regulaciones eficientes o incentivos profundos a la industria nacional que retengan y reinserten los dólares en el mercado financiero local, la generación de divisas productivas será absorbida por la formación de activos externos, ocultamientos en cajas de seguridad y colchón, y un desbocado turismo emisivo.
Esto impedirá el cumplimiento simultáneo de las tres metas macroeconómicas esenciales: 1) Sostener los pagos de la deuda soberana; 2) Financiar las importaciones necesarias para la actividad industrial, que a su vez enfrenta la necesidad de reducir las importaciones redundantes a través de aplicar aranceles normales que no terminen de destruir a la industria nacional; y 3) acumular las reservas netas requeridas por el Banco Central para garantizar la estabilidad cambiaría de largo plazo sin compras con emisión monetaria.
El escenario presenta el caso de una profecía económica autocumplida: la deseada estabilidad del peso argentino se ve comprometida por la fuga de las divisas necesarias para lograrlo.
Vale aclarar que no existe país en el mundo del tamaño y número de habitantes de Argentina que tenga una economía bimonetaria o libre elección o concurrencia de monedas. Lo que hay hoy en Argentina es un experimento único, sin antecedentes y de muchísimo riesgo, pues cada país desarrollado tiene su propia moneda, una sola, la suya, no la de otro país.
Muy pocos analistas de economía han identificado este escenario que habla de la falta de sustentabilidad de cualquier plan económico mientras casi todos los dólares que ingresan al país, -que son muchos- se vayan por las transferencias bancarias al exterior, hacia la humedad de las cajas de seguridad y el riesgo de seguridad de los colchones, y finalmente se vayan por Ezeiza a las hamburguesas y selfies que al BCRA le cuestan muchísimos dólares.
Es importante aclarar que el presupuesto equilibrado en pesos (sin déficit) no impacta en la validez de lo escrito, pues lo que se fuga son dólares, no pesos.
