Opinión
Justin Gatlin
En el atletismo hay una ley no escrita. Nos dice, sin decirlo, que la prueba más valiosa -la reina de las competencias- es la de cien metros, que califica, al que los recorre en el menor tiempo, como el hombre más veloz del mundo.
Ningún atleta logró durante muchas décadas, bajar el tiempo de 10 segundos para esa distancia de cien metros.
Hasta que en 1968, un extraordinario velocista norteamericano, logró en México la hazaña: Se llamó Jim Hines y empleó 9 segundos y 95 centésimas en recorrer los 100 m. Este tiempo significaba que un hombre había podido alcanzar corriendo los 40 Km por hora.
Varios atletas fueron bajando ese tiempo, hasta que un 13 de mayo de 2006, surge una nueva estrella de la velocidad.
Empleó para los 100 m, 9 segundos 77 centésimas, a un promedio de 45 Km por hora, señal inequívoca de lo infinito de las posibilidades del hombre. El lugar de la hazaña fue el pequeño estado árabe de Qatar, en el Asia.
El atleta es norteamericano. Su nombe, Justin Gatlin. Tenía 24 años y pesaba 75 Kg, peso que armonizaban con su 1,76 m de altura. Ese récord le significó –sobre todo en Estados Unidos- una fortuna en dólares, contratos de publicidad y prestigio.
Entrevistado después de la carrera, por docenas de periodistas australianos y de los diarios y canales de TV de todo el mundo, expresó con una sonrisa simultáneamente irónica y triste, palabras que sorprendieron pero que revelaban su dolor, por injusticias que sin duda había soportado:
-Como me ven soy todavía negro, aunque ya no soy pobre, ni lustro zapatos ni vendo diarios. Quieren ustedes señores periodistas oír mi palabra y me dicen que millones de personas escucharán mis declaraciones. Desde esta ciudad Árabe, querría preguntarles, señores periodistas: ¿el hecho de correr más rápido que otros hombres me ha transformado en una persona mejor?. Y yo mismo les respondo: A muchos de los que me estarán escuchando, especialmente en mi país Estados Unidos, si yo no hubiera logrado este récord mundial, ni mis palabras, ni siquiera mi persona, les hubiera importado. Gracias”.
Se nublaron sus ojos y no pudo agregar una sola palabra más. Tampoco añadiré nada para este desprecio al diferente, solamente por diferente, no por inferior... Y un comentario adicional con relación a este logro deportivo.
Cada vez que se supera una marca surge este interrogante ¿se llegó al límite?.
La respuesta sería que así como no hay límite para el conocimiento humano tampoco puede haberlo para la superación física.
OTRO RECORD
Y ya que aludimos a superación física, hay otro récord, no menos valioso que el de Justin Gatlin, también logrado en atletismo y en 100 metros.
Este otro deportista, también norteamericano se llama Marlon Shirley, tiene 24 años. Recordemos el tiempo que empleó Gatlin para los 100 mts.: 9 segundos 77 centésimas. El tiempo de Shirley, obtenido (el 22 de julio de 2002) es de 11 segundos 08 centésimas, es decir que registró 1 segundo y algunas centésimas más que Gatlin, corriendo a casi 40 Km por hora.
Y entonces, ¿cuál sería la hazaña? ¿y por qué es récord?.
Pues porque a Shirley le fue amputada a los 5 años parte de su pierna izquierda y se ayuda para correr con una prótesis de fibra de vidrio. Y participa solamente en competencias para atletas discapacitados.
Ahora se entenderá mejor su logro. Porque pensamos que con su impedimento, está, en los 100 m apenas a un segundo y centésimas del hombre más veloz del mundo.
La de Shirley es una hermosa historia de sacrificio y de voluntad, puesta al servicio de un ideal noble.
Y si bien la voluntad de triunfar, no otorga de por sí el triunfo, no hay duda que lo acerca. Porque la necesidad o las circunstancias negativas no otorgan fuerzas. Pero las descubren.
Sabemos que hay metas que parecen inalcanzables. Pero es evidente que hay hombres nacidos para alcanzarlas.
Y un aforismo final para Shirley, el atleta discapacitado que luchó por lo aparentemente imposible y lo hizo posible: “Muchos triunfos los lograron hombres aparentemente vencidos”.
Ningún atleta logró durante muchas décadas, bajar el tiempo de 10 segundos para esa distancia de cien metros.
Hasta que en 1968, un extraordinario velocista norteamericano, logró en México la hazaña: Se llamó Jim Hines y empleó 9 segundos y 95 centésimas en recorrer los 100 m. Este tiempo significaba que un hombre había podido alcanzar corriendo los 40 Km por hora.
Varios atletas fueron bajando ese tiempo, hasta que un 13 de mayo de 2006, surge una nueva estrella de la velocidad.
Empleó para los 100 m, 9 segundos 77 centésimas, a un promedio de 45 Km por hora, señal inequívoca de lo infinito de las posibilidades del hombre. El lugar de la hazaña fue el pequeño estado árabe de Qatar, en el Asia.
El atleta es norteamericano. Su nombe, Justin Gatlin. Tenía 24 años y pesaba 75 Kg, peso que armonizaban con su 1,76 m de altura. Ese récord le significó –sobre todo en Estados Unidos- una fortuna en dólares, contratos de publicidad y prestigio.
Entrevistado después de la carrera, por docenas de periodistas australianos y de los diarios y canales de TV de todo el mundo, expresó con una sonrisa simultáneamente irónica y triste, palabras que sorprendieron pero que revelaban su dolor, por injusticias que sin duda había soportado:
-Como me ven soy todavía negro, aunque ya no soy pobre, ni lustro zapatos ni vendo diarios. Quieren ustedes señores periodistas oír mi palabra y me dicen que millones de personas escucharán mis declaraciones. Desde esta ciudad Árabe, querría preguntarles, señores periodistas: ¿el hecho de correr más rápido que otros hombres me ha transformado en una persona mejor?. Y yo mismo les respondo: A muchos de los que me estarán escuchando, especialmente en mi país Estados Unidos, si yo no hubiera logrado este récord mundial, ni mis palabras, ni siquiera mi persona, les hubiera importado. Gracias”.
Se nublaron sus ojos y no pudo agregar una sola palabra más. Tampoco añadiré nada para este desprecio al diferente, solamente por diferente, no por inferior... Y un comentario adicional con relación a este logro deportivo.
Cada vez que se supera una marca surge este interrogante ¿se llegó al límite?.
La respuesta sería que así como no hay límite para el conocimiento humano tampoco puede haberlo para la superación física.
OTRO RECORD
Y ya que aludimos a superación física, hay otro récord, no menos valioso que el de Justin Gatlin, también logrado en atletismo y en 100 metros.
Este otro deportista, también norteamericano se llama Marlon Shirley, tiene 24 años. Recordemos el tiempo que empleó Gatlin para los 100 mts.: 9 segundos 77 centésimas. El tiempo de Shirley, obtenido (el 22 de julio de 2002) es de 11 segundos 08 centésimas, es decir que registró 1 segundo y algunas centésimas más que Gatlin, corriendo a casi 40 Km por hora.
Y entonces, ¿cuál sería la hazaña? ¿y por qué es récord?.
Pues porque a Shirley le fue amputada a los 5 años parte de su pierna izquierda y se ayuda para correr con una prótesis de fibra de vidrio. Y participa solamente en competencias para atletas discapacitados.
Ahora se entenderá mejor su logro. Porque pensamos que con su impedimento, está, en los 100 m apenas a un segundo y centésimas del hombre más veloz del mundo.
La de Shirley es una hermosa historia de sacrificio y de voluntad, puesta al servicio de un ideal noble.
Y si bien la voluntad de triunfar, no otorga de por sí el triunfo, no hay duda que lo acerca. Porque la necesidad o las circunstancias negativas no otorgan fuerzas. Pero las descubren.
Sabemos que hay metas que parecen inalcanzables. Pero es evidente que hay hombres nacidos para alcanzarlas.
Y un aforismo final para Shirley, el atleta discapacitado que luchó por lo aparentemente imposible y lo hizo posible: “Muchos triunfos los lograron hombres aparentemente vencidos”.
