Juan Galo de Lavalle

El patriota al que nos referiremos en esta ocasión tuvo, en su corta vida, 30 años de acción. Hecho no común para una existencia de sólo 44 años.

Juan Lavalle, en 1810, contaba 12 años de edad, pues había nacido en 1797, en Buenos Aires, un 17 de octubre. Su padre, que era funcionario en Chile en ese momento, decide regresar a Buenos Aires en 1812.

En ese año, Juan Lavalle, con sólo 15 años, pide incorporarse como cadete, al Regimiento de Granaderos a Caballo que San Martín estaba organizando en Buenos Aires.

Ya a las órdenes de Alvear, es ascendido a Teniente en el sitio de Montevideo, luchando contra las fuerzas de Artigas.

Tiene 19 años y ya está otra vez con San Martín en Mendoza, reincorporándose al Ejercito de Los Andes.

Luego, combate en Chacabuco  -ya es Capitán- y en Maipú.

Tiempo después, a las órdenes de Bolívar, está peleando en Ecuador, en la Batalla de Rio Bamba.

Allí se desarrolla la más brillante estrategia de una fuerza de caballería, de todas las batallas de la Guerra de la Independencia, infringiendo a los españoles –corre el año 1822- una derrota de la que ya no se repondrán.

Al año siguiente, 1823 -tiene 26 años- está en Mendoza, donde al frente de un movimiento militar consigue derrocar al Gobernador. Es nombrado él, en su reemplazo.

Meses después es ascendido a Coronel y a los 30 años llega al grado de General en la batalla de Ituzaingó, entre argentinos y brasileños. Allí, Lavalle combatió nuevamente, a las órdenes de Alvear. En esa batalla murió el General Brandzen.

Como todo hombre de acción y de ideas, fue muy discutido en su tiempo, polémica que a más de 170 años continúa.

Y la causa principal de las críticas, fue el haber ordenado el fusilamiento de Dorrego, luego de haberlo derrocado como Gobernador de Buenos Aires y de derrotarlo en Navarro.

Dorrego había sido detenido en su huida por un Regimiento de Húsares, al mando del Coronel Mariano Acha.

Este lo llevó al campamento de Lavalle, jefe de los unitarios.

Dorrego era federal. Cuatro días después de la batalla, ordena el fusilamiento de este.

La historia no puede perdonar que por una diferencia de ideas, un patriota, quite la vida a otro patriota.

Es que en cada hombre se dan todos los ingredientes.

Y se debe valorar al hombre cuando la proporción de virtudes supera al porcentaje de carencias, indudablemente fue el caso de Dorrego.

Hemos relatado un hecho muy negativo en la trayectoria de Lavalle.

Finalicemos con uno positivo.

En la Batalla de Ituzaingó, que ya mencionamos, Lavalle ya era Coronel. En el fragor de la batalla, uno de sus soldados de caballería se acerca imprudentemente a la trinchera enemiga. Herido, cae de su cabalgadura, muy cerca de los adversarios.

Su muerte es segura. Lavalle le dice al General Alvear, su jefe inmediato:

-Voy a salvarlo. Y Alvear le responde:

-No es su tarea. Ud. es un Coronel, designe inmediatamente a otro.

Pero Lavalle, lo desobedece y a toda rienda se dirige donde está el soldado herido.

Buen jinete, levanta a su subordinado y lo sube a su cabalgadura.

Las balas silban en derredor, pero regresan ambos, sanos y salvos.

Alvear –admirado y conmocionado por la valentía de Lavalle- ha olvidado la desobediencia y resuelve ascenderlo a General.

La derrota de Famaillá en 1941, marca su ocaso militar y hace que trate de huir a Bolivia, cruzando Salta y Jujuy.

En Jujuy, se toman un descanso, en casa de Bedoya, un amigo.

Un grupo de personas dispara contra la residencia de este. Se desconoce si sabían que allí se alojaba Lavalle.

Lo real es que una bala atraviesa su garganta.

Es el 9 de octubre de 1841. Una semana después, hubiera cumplido 44 años.