EL RINCON DEL HISTORIADOR

Jaunting: un carruaje único en el país

 

La perseverancia de María Julia Burgos hizo posible conocer un carruaje irlandés, el jaunting, del cual solo hay un ejemplar en el país y apenas cinco en el mundo. Y digo perseverancia porque debió vencer el obstáculo siempre omnipresente para toda actividad rural: el clima. Aun suspendida la primera fecha por fuertes lluvias, la segunda fue un éxito a pesar del clima destemplado y las nubes amenazantes.

El escenario fue La Margarita, el casco de la antigua estancia de Margarita Mooney de Morgan, que data de 1845 y hoy está en poder de sus descendientes Matías Morgan y Catalina Guerrico, quienes con encomiable esfuerzo tratan de restaurar y preservar el legado familiar a través del turismo rural, logrando con calidad y eficiencia ser estupendos anfitriones de esa hospitalidad criolla de la que hablaba un vecino ilustre, don Ricardo Güiraldes.

Fundó el apellido en estas tierras un prófugo de Irlanda llegado en 1828, llamado William Mooney, quien debió huir con cuatro compañeros dejando todos sus bienes. En Buenos Aires, su compatriota el almirante Brown los presentó a Rosas, quien los envió a Bahía Blanca a construir las zanjas del Fuerte Independencia, instalado por el coronel Ramón Estomba, aprovechando la habilidad que tenían para construir trincheras en su tierra natal.

Hijo de este fue William Mooney, que llegó a reunirse con su padre en 1832 y casó con Mary Murray; ambos fueron padres de Margarita. Se casó con Eduardo Morgan y, establecidos en San Antonio de Areco, figuraron entre los grandes contribuyentes al progreso de esa localidad.

De su generosidad, a comienzos del siglo XX, se levantaron edificios emblemáticos como la Capilla San Patricio, el Colegio Clonmacnoise (1902) y el Hospital María Clara Morgan (1902). Tal fue su labor que el 25 de diciembre de 1903 se daba a conocer en Buenos Aires que el papa Pío X le había concedido la cruz Pro Ecclesia et Pontifice, una de las más altas condecoraciones de la Iglesia católica. Su hermana María Mooney fue quien financió el Colegio Santa María (1901) de esa ciudad.

LARGA DESCENDENCIA

Eduardo Morgan y Margarita Mooney se prolongaron en una larga descendencia, a pesar de haber muerto varios de sus hijos en la infancia. Esa estancia fue escenario de "misiones" a cargo de sacerdotes irlandeses, como lo recuerda una antigua película en la que se nota una peregrinación de gente a pie y paisanos a caballo hasta una imponente cruz. Esta ya es centenaria y, para evitar depredaciones, fue instalada en el parque frente a la casa y bendecida por un capellán durante el encuentro.

María Julia Burgos se dedicó hace ya bastantes años a la investigación y al posterior desarrollo en Argentina de la raza Gypsy Vanner —caballos de origen irlandés— de la que hoy es una reconocida criadora, logrando, además de la calidad genética, transmitir valores muy propios de la colectividad: cercanía, nobleza, familia y encuentro. Por eso surgió la idea de reunir ese caballo con un carruaje como el jaunting car. De este vehículo solo hay uno en el país, en la colección de José Antonio Lalor, quien a la pasión del coleccionista une un profundo conocimiento tanto de la historia del país como de los coches que colecciona, todo ello con una modestia ejemplar.

EN BORRIS

El vehículo, según una pequeña placa en su estructura, indicaba su origen: Borris Sporting Car - Millett, Borris. Fue fabricado en el pueblo de Borris, en el condado de Carlow, Irlanda, que según el censo de hace una década tenía 652 habitantes.

La fábrica de carruajes fundada por Patrick Millett a fines del siglo XIX adquirió pronto reconocida fama por la calidad de sus productos, a cargo de carpinteros, herreros, tapiceros y pintores. Si bien no trabajaban a gran escala, la atención personalizada les sirvió para ganar reputación y confianza en el mercado, ya que trabajaban "a medida". Ello les permitió penetrar en el mercado inglés y en ambas Américas.

A la muerte de Patrick en 1897 se hizo cargo su hijo Michael, quien continuó el legado familiar con expansión y prestigio, creando nuevos modelos, participando de exposiciones y patentando el Borris Sporting Car; sin embargo, con la aparición del automóvil comenzó, a partir de 1910, a decaer.

Lo interesante es que uno de esos jaunting cars había sido adquirido por Margarita Mooney de Morgan y traído a San Antonio de Areco.

Ahora el vehículo estaba en poder de José Antonio Lalor, quien con absoluta generosidad lo facilitó, junto con una réplica, para que fueran exhibidos en las tierras de quien fuera su propietaria y donde antes había recorrido las calles de San Antonio de Areco.

Para ilustración de nuestros lectores: es uno de los carruajes más representativos de Irlanda, utilizado durante el siglo XIX como medio de transporte en caminos rurales y entre poblaciones. Su diseño, tan simple como ingenioso, lo convirtió en una pieza clave dentro del sistema de movilidad de la Irlanda tradicional.

Se trata de un carruaje liviano de dos ruedas con una disposición singular: los pasajeros viajan en asientos laterales perpendiculares al eje, mirando hacia el paisaje. Esta configuración lo distingue de la mayoría de los carruajes europeos. Posee plataformas con apoyapiés plegables que brindan estabilidad y comodidad al pasajero, y que se pliegan al momento de guardar el vehículo.

Ligero como un sulky, puede transportar mayor cantidad de personas y, por esa disposición de los asientos, el área destinada al equipaje es mayor que en esos coches. El cochero, ubicado al frente, puede hacer a la vez de guía para los pasajeros que contemplan el paisaje a sus respectivos lados.

Luego de una larga investigación histórica y un relevamiento internacional, se puede afirmar que existen menos de cinco jaunting cars funcionales en el mundo en condiciones comparables al que posee la familia Lalor. Este vehículo no es uno más: se trata de un ejemplar que, partiendo de un diseño tradicionalmente austero y utilitario, fue llevado a un nivel superior de calidad, terminación y elegancia.

Los concurrentes escucharon las palabras de la dueña de casa, con quien recorrieron el parque contemplando especies y arte; la música folklórica de Guillermo Luro; las palabras del exembajador de Irlanda en nuestro país, Justin Harman; las del historiador local Eduardo Clancy; las del autor de estas líneas; y las de Miguel Guarnochena, secretario de la Asociación de Estudios Irlandeses del Sur. Finalmente, María Julia Burgos, además de agradecer el esfuerzo de tantos amigos, paseó durante dos horas a los concurrentes por el parque en un carruaje que es uno de esos tesoros que se guardan en manos privadas y que generosamente se permiten disfrutar.