La belleza de los libros

Jane Austen y la literatura sentimental

Por Fernando Adrián Bermúdez *

 

El pasado 16 de diciembre se celebraron 250 años del nacimiento de la escritora inglesa Jane Austen

, una de sus más fieles y dignas representantes. En sus cuarenta y dos años pudo cumplir su vocación de escritora, llevando a la novela a un nivel digno de admiración y convirtiéndose en un verdadero clásico, cuya vigencia temporal da fe de su profundidad, envergadura y estética belleza. Sus novelas han quedado en la historia de la literatura inglesa y universal, visibles en las reediciones, estudios, comentarios y en las producciones cinematográficas que cada tanto podemos observar en las carteleras.

Si la prueba de fuego para una gran novela es la relectura, y el placer que brindan las relecturas posteriores, afirma Harold Bloom, entonces Orgullo y prejuicio puede rivalizar con cualquier novela jamás escrita. Para el crítico norteamericano, Jane Austen es la novelista más shakesperiana en lengua inglesa. En este sentido, afirma: “Cuando Shakespeare lo desea, puede hacer que todos sus personajes, principales y secundarios, hablen con voces completamente propias, coherentes y totalmente diferentes entre sí. Austen, con una ilusión de facilidad similar, hace lo mismo. Dado que la voz en ambos autores es una imagen de la personalidad y también del carácter, el lector de Austen se encuentra con una asombrosa variedad de identidades en su mundo socialmente confinado”.

Ahora bien y en contraste con las palabras de Bloom, muchas veces cuando se habla de literatura sentimental o también denominada ‘novela rosa’, inmediatamente se nos representa a ella y como ejemplo notable justamente sus obras Orgullo y prejuicio o Sentido y sensibilidad. Lamentablemente, el ubicar a Jane Austen en esta postura (muchas veces de manera despectiva) no hace del todo justicia a su obra ni tampoco a los aportes realizados, que son mucho más que una cuestión meramente sensible o embelequera. Es decir, estamos ante obras cuyo romance y sensibilidad son de un valor superior que se desmerece al caer en una visión reductiva o parcial, que no rinde el adecuado aprecio a la narrativa austeniana. En la presente nota quisiéramos resaltar esos aspectos, tomando como parámetro algunos pasajes de sus obras y, en segundo lugar y no menos importante, rendir un homenaje a la autora inglesa y una reivindicación de la literatura sentimental con mayúscula.

 

LAS NOVELAS ROSAS

Cuando hablamos de novelas rosas, estamos haciendo referencia a aquellas narrativas románticas cuyos textos resaltan los sentimientos de una manera a veces exagerada o acaramelada, ridiculizando los sentimientos o vulgarizándolos en algunos casos, desmereciendo al propio ‘sentimiento’, además de los otros aspectos esenciales de la naturaleza humana, como son la inteligencia, la razón o la voluntad. Lamentablemente, es un tópico común poner en este lugar a Jane Austen a través de sus novelas más conocidas. Entonces surge la pregunta: ¿Es Jane Austen una escritora de novelas rosas? ¿O es algo más que eso? ¿Podríamos encontrar otros aspectos también esenciales en su obra?

Siguiendo a Pedro Pallares Yabur, en un estudio reciente sobre la autora inglesa, resalta justamente este punto y afirma: “… sus historias no se reducen a enamorarse, pelearse, reconciliarse, casarse y fueron felices para siempre. Se trata más bien de justificar a sus heroínas, de convertirlas en reales, en personas de verdad. Es decir, en mostrar una consistencia a través de su carácter y de la coherencia en la historia que cuentan con sus vidas”. Como se ve, hay en la autora inglesa un esfuerzo por reflejar la realidad, hacernos ver en ella y, sin dejar de lado, el humor, la agudeza, el sarcasmo y la alegría en muchos de sus relatos.

Como un ejemplo del carácter como consistencia de los personajes, podemos ver en Orgullo y prejuicio el siguiente párrafo donde se describen a los padres de Elizabeth Bennet, el Sr. Bennet y su señora: “El señor Bennet era una rara mezcla de agudeza, humor sarcástico, reserva y capricho, que la experiencia de veintitrés años no había bastado para que su esposa comprendiese su carácter. El de ella era menos difícil. Era una mujer estrecha de mente, más bien inculta y de temperamento inestable. Cuando estaba insatisfecha, se imaginaba nerviosa. La empresa de su vida era casar a sus hijas; su solaz eran las visitas y las novedades”. El contraste es impecable, como la descripción de cada uno de ellos, haciéndonos ver justamente la consistencia y diversidad de caracteres.

Por otra parte, en su obra “Persuasión” se lleva a cabo la siguiente caracterización de uno de los personajes: “El señor Elliot es un hombre que no tiene corazón ni conciencia, un ser egoísta, de sangre fría, que no piensa más que en sí mismo y que, por su propio interés, no vacilaría en cometer cualquier crueldad, cualquier traición, cualquier cosa que no se vuelva más tarde contra él. No tiene sentimiento por los demás. A aquellos de los cuales ha sido él el principal motivo de ruina puede dejarlos y abandonarlos sin el menor problema de conciencia. Está más allá de todo sentimiento de justicia o compasión. Oh, su corazón es negro. ¡Negro y vacío!”. Visiblemente, se observa esa preocupación por resaltar y brindarnos en forma narrativa los modos de ser, temperamentos y la personalidad de los personajes.

Otro aspecto que es digno de resaltar, además de la consistencia del carácter, es el valor de la palabra y su recurso narrativo. Uno encuentra pasajes de tal belleza y estilo que uno, como lector, queda suspendido en el tiempo contemplando y disfrutando el momento.

Bien afirma C. S. Lewis sobre este punto, en un ensayo dedicado a la autora: “Ella utiliza sin rubor ni reparo todos los grandes sustantivos que usan los moralistas ingleses clásicos: buen sentido, coraje, aplacado, fortaleza, ‘algún deber descuidado, algún defecto consentido’, la incorrección, tosquedad, generoso candor, censurable desconfianza, justa humillación, vanidad, ignorancia, razón. Con estos conceptos Jane Austen comprende el mundo”

. Por eso, concluye Lewis que en ella todo es duro, claro, definible e incluso ingenuo.

 

RECUPERAR LA PALABRA SENTIMENTAL

Bien ha dicho Chesterton que no llegaremos nunca a una seria y auténtica crítica literaria mientras no recuperemos la palabra “sentimental”, cuyo descrédito y confusión se ven a diario, como hemos venido desarrollando. Dirá el autor inglés: “Carece por completo de sentido y es ridículo que ‘apasionado’ se considere una forma ceremoniosa y ‘sentimental’, una forma hostil, como lo sería que se rindiese acatamiento a ‘azul’ y se combatiera a ‘verde’. Por eso concluye afirmando que, si la literatura sentimental ha de ser condenada, no sería porque sea sentimental, sino por la sencilla razón de que no es literatura.

Creemos que la lectura de la obra de Jane Austen es una de las mejores maneras de recuperar el alcance y sentido más profundo del sentimiento en el marco de una mirada integral de las personas, sus situaciones y sus contextos que, con tanta creatividad y profundidad, nos interpela en cada una de sus novelas. Sus escritos, dijo su sobrino James Austen -Leigh, son como una fotografía en la que no se suaviza ningún rasgo; todo es el reflejo sin adornos del objeto tal y como es.

En definitiva, las novelas austenianas son una epifanía, una revelación y un descubrimiento de nosotros mismos. Solo nos resta una cosa: leer, reflexionar, gozar y disfrutar junto a ella.

* Docente Universitario UM – UNCuyo.