LA MIRADA GLOBAL

Irán es un país que fue arruinado por las aventuras en el exterior y la mafia del agua

Hasta hace tres años atrás, la teocracia de los ayatolas, adueñada de la República Islámica de Irán era, sin dudas, la mayor influencia política y militar del Cercano Oriente, con la única excepción de Israel.

Su alineación geopolítica y estratégica con la Federación Rusa y la República Popular China, además, la había convertido, inclusive, en protagonista necesario y crucial en la criminal invasión de Vladimir Putin a Ucrania, por su constante provisión de drones y misiles destinados a destruir al país invadido.

Esta teocracia de raíz musulmana encabezada por Ruhollá Jomeini (1906-1989) tomó el poder en Irán a principios de 1979, luego de la caída del emperador persa de entonces, el Sha Mohammad Reza Pahleví, acusado de sostener una conducción política asfixiante, contraria a los sentimientos tradicionales y religiosos de la población y demasiado impregnado por los valores de Occidente.

En el transcurso de su carrera política opositora al Sha, el fundador de este movimiento religioso se mostró muy virtuoso, tolerante e inclusivo con todos los disidentes al Emperador, pertenecientes a un amplio arco político donde figuraban desde nacionalistas a marxistas leninistas. Luego de más de una década de exilio en Francia, este ayatola iraní de gran prestigio llegó a Teherán el 1º de febrero de 1989. Entre sus apoyos más decididos estaban las mujeres, deseosas de ampliar los derechos civiles y políticos ya concedidos por el Sha (incluído el voto femenino) ya en la década de 1960.

PRIMERA DECEPCIÓN

Ya el 8 de mayo de 1979, Día Internacional de la Mujer, el gran sector femenino admirador de Rohullah Jomeini sufrió una gran decepción. Esperaban un notable apoyo al género femenino, superador de todo lo alcanzado hasta entonces, pero ese día se encontraron con unas vagas declaraciones sin valor institucional alguno.

En realidad, en una religión donde la Sharia (el código de conducta religiosa diaria) impone tantas regulaciones taxativas a hombres y mujeres, pero muy especialmente a estas últimas, el ayatola no quiso ampliar nada.

De todas maneras, no logró convencerlas. El desencanto y la procesión acompañaron, por dentro, a los corazones de las mujeres iraníes a lo largo de más de cuatro décadas.

Tampoco fue nada flexible en materia política. Fue tan taxativo y absoluto como lo había sido el Sha, o quizá un poco peor. Solo aceptó a quienes le profesaban una lealtad sin límites, y organizó el Estado iraní a su imagen y semejanza. Instauró una Guardia Revolucionaria totalmente independiente del resto de las Fuerzas Armadas, directamente bajo sus órdenes y con plenos poderes para intervenir en todos los temas y las empresas económicas de todo el país.

LLEGA JAMENEI

A la muerte del primer ayatola, en 1989, lo siguió el nombramiento de su sucesor, el actual ayatolá Alí Hoseiní Jamenei, actualmente de 86 años de edad, quien siguió fielmente los pasos de su predecesor.

El odio al Estado de Israel y su deseada desaparición física de la faz de la Tierra se convirtió en un leiv motiv de la política exterior de la República Islámica de Irán. Casi en su razón de ser y existir.

Para ello, gastaron enormes sumas de dinero destinadas a la producción de armas atómicas fabricadas con uranio enriquecido.

Por otro lado, si bien equiparon a sus fuerzas armadas con los mejores elementos que pudieron, los iraníes financiaron preferentemente ejércitos asimétricos en las proximidades de Israel. Entre ellas Hamas, en la Franja de Gaza, y Hezbolá, en el Líbano. También han financiado a las fuerzas terroristas hutíes, en Yemen.

El brazo armado de Hezbolá se extendió luego considerablemente en América Latina, a partir de Venezuela y de sus conexiones con otros países de la región, abonados en su momento al Socialismo del Siglo XXI, o no. Un movimiento sostenido por el cerebro de Fidel Castro y la billetera de Hugo Chávez, como dijo un lúcido senador paraguayo hace unos años atrás.

LA DECADENCIA

La teocracía iraní se asoció muy cerradamente con la Federación Rusa para proveer a este país de dos elementos claves: drones y misiles. Pero, evidentemente, no se ha tratado de ninguna guerra exitosa, ni mucho menos, ya que Putín ni siquiera ha podido, luego de casi cuatro años de guerra prolongada, completar la ocupación del Dombás.

En los cuatro años de duración de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética y sus aliados habían derrotado al enemigo en casi todos los frentes, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Los rusos, con la ayuda de sus socios iraníes, chinos y norcoreanos, en el mismo lapso de tiempo, no han podido ocupar todo el este de Ucrania. Un contraste absoluto.

Para peor, al lanzar los iraníes a sus fuerzas armadas asimétricas contra Israel cosecharon derrotas muy tremendas, como las de Hamas en Gaza, y Hezbolá en el Líbano.

Para los ciudadanos persas ver como las autoridades habían malgastado fortunas para sostener fuerzas armadas asimétricas que, lejos de borrar al Estado de Israel de la faz de la Tierra, habían recibido palizas militares colosales por parte de los guerreros israelíes, fue motivo

FALTA DINERO Y AGUA

En un país como la República Islámica de Irán, donde el 50% de la economía es manejada por la Guardia Revolucionaria, el colapso de la economìa y de la falta de agua tiene como principales responsables a los miembros conspicuos de esta teocracia.

Los mismos gobernantes iraníes avisan desde hace seis meses que si no llueve se acerca el punto cero del agua. Por lo menos para Teherán, una capital con doce o trece millones de habitantes.

¿Qué quiere decir "el punto cero"? El punto exacto en que se acabará el agua en todo el éjido de Teherán. No saldrá una sola gota de agua en ninguna canilla, porque todas las reservas de agua potable que alimentan a la ciudad se habrán agotado irremisiblemente.

Pero no esto no ocurrirá solamente en Teherán, pues son enormes las regiones de este enorme país (de un millón seiscientos mil kilómetros cuadrados de extensión) que actualmente padecen de una cruda y angustiosa falta de agua potable. El drama, la tragedia de la sed.

Durante treinta años, el desvío de ríos, afluentes y arroyos de agua por parte de distintos gobiernos regionales (pero siempre con la bendición del gobierno central y la Guardia Revolucionaria) a favor de enormes acerías o establecimientos fabriles consumidores de agua, y en desmedro de grandes ciudades o pueblos asentados en sus orillas, ha sido una puerta abierta a la sed y a la decadencia económica y social.

Se instaló en Irán la llamada "mafia del agua", capaz de autorizar desvíos de cursos de agua que dejaban en seco a ciudades populosas. También, coimas mediante, o no, se autorizó el cultivo de sandías en pleno desierto, una fruta que requiere, para su correcto crecimiento, 150 litros de agua por cada kilo de sandía. Ni hablar de los arrozales que también se autorizaron a cultivar en zonas desérticas, pese a que, en todo el mundo, se cultivan cerca de ríos caudalosos.

Un gobierno lleno de burócratas corruptos, asistidos por una corte de falsos técnicos que avalaron a todos cuantos habían pagado una generosa contribución. La falta de transparencia de estas organizaciones políticas armadas y poderosas hicieron posible todos los desmadres.

Cientos de represas construidas al tun tun en todo el territorio iraní, sin estudios previos de sustentabilidad, fueron pavimentando el caos colectivo. Al ir desapareciendo las vías de agua de superficie se recurrió entonces a los pozos subterráneos, fatales en muchísimos casos, porque las capas freáticas carecen de recuperación una vez agotadas. Pues bien, en Irán existen unos quinientos mil pozos legales y otros quinientos mil clandestinos. Por eso el pueblo iraní ya no confía en estos burócratas y pide cambios políticos de fondo, absolutamente de fondo.

SOL Y EL LEÓN

Uno de los gritos más constantes en medio de todas estas manifestaciones, es el viva al hijo del Sha, y la quema de la bandera de la República Islámica de Irán, reemplazada toda vez que se puede, por la bandera del antiguo imperio de los Palevi, con el sol y el león. El estado geográfico, económico, institucional y político del antiguo imperio persa es exactamente el de una bomba de tiempo. Pero, seguramente, esta teocracia Islámica está actualmente muchísimo más muerta que viva. Nadie la quiere actualmente. El futuro es absolutamente incierto, pero no será fácilmente una continuación de este desastre. "Está muerto, sentenciaron las comadres."