Identidad potente de una voz introspectiva
Forzado a viajar
Por Pablo Andrés Rial
Paserio Ediciones. 73 páginas
“Me aterra morir como nací / a los gritos / y sin entender al mundo”, suelta Pablo Andrés Rial (1984, escritor, poeta y crítico, oriundo de Longchamps) en su libro Forzado a viajar. Se trata de una voz fresca la de Rial pero que a su vez resuena con todo el poder de la adultez y la responsabilidad. Es una mirada atenta al entorno, a lo que nos sucede y así lo expresa con suma belleza. “Le puse / la cadena de la bicicleta / a un pibito del barrio / fue casi / como / arreglarle la vida”, dice en un momento.
El viaje del título en el mundo Rial dista de cualquier romanticismo. No se lo ve como la salida a un problema. Es una obligación. Como dice Liliana Ramos en el prólogo del texto, “es un viaje introspectivo, de paisajes humanos que se van desterrando con el poder de la palabra y la minucia del detalle que sólo se logra con la observación (...)”.
“Detesto mi cuerpo / pero amo mi sombra. / Nunca envejece / nunca enferma / nunca duele”, dice Rial, quien es autor de otros varios libros de poesía como Aves desplumadas, La casa de barro o el más reciente Leonor, cada uno con su impronta y su búsqueda particular.
Específicamente en Forzado a viajar, el poeta consigue reflejar una identidad bien potente. Nos habla de introspección, de aprendizajes de vida, de sabiduría. Es una palabra intimista, reflexiva y de fuerte tensión ética. Seguramente influenciado por algunos de sus autores favoritos como Rainer Maria Rilke, Louise Glück o Albert Camus, Rial muestra a la poesía como un lugar de transformación interior, una voz contenida pero que deja profundas resonancias en quien lee. Dice en otro momento: “El ser humano / funciona al revés de las cosas / recién cuando se rompe / comienza a andar”.
En algunas entrevistas, Rial señaló que el armado de este poemario se vio atravesado por la pandemia y la pérdida de un ser querido. En ese sentido, Forzado a viajar también puede entenderse, finalmente, como una hermosa forma de duelar. En un momento, al pasar, el poeta dice: “Lloré a mi propia muerte / hice mi duelo / y seguí con mi vida”.

