ESCRITORES EN LA FERIA DEL LIBRO
Historia, misterio y aventura
La española María Oruña pasó por Buenos Aires para presentar ‘El albatros negro’. Su trama combina dos épocas históricas y demanda la participación del lector.
En los últimos años, el nombre de María Oruña se ha consolidado como una de las voces más leídas y consistentes de la narrativa española contemporánea. Dueña de un estilo que conjuga precisión documental y tensión narrativa, la autora llegó a Buenos Aires en el marco de la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires para presentar El albatros negro, una novela que amplía su universo hacia territorios menos previsibles, donde el misterio dialoga con la aventura y la historia.
El encuentro con este diario tuvo lugar en sus primeras horas en el país -el cual visita por primera vez-, aún con el ritmo del viaje en el cuerpo y la curiosidad intacta de quien observa cada detalle como hipotética historia.
Oruña (Vigo, 1976), que inició su carrera como abogada antes de dedicarse por completo a la escritura, construyó una obra sostenida en la investigación rigurosa y en una concepción del relato que rehúye lo inmediato.
En El albatros negro (Plaza & Janés, 616 páginas) ese método alcanza una de sus formas más ambiciosas con dos épocas distintas en paralelo, incluso dos lenguajes contrapuestos, y una trama que exige del lector una participación activa. De la periferia rural de su habitual Cantabria, pasó a la ría de Vigo, para una historia de galeones hundidos en 1700.
Autora de la multivendida y global saga Puerto Escondido, protagonizada por su icónico personaje de ficción Valentina Redondo, Oruña ha sabido combinar éxito comercial con una búsqueda constante de renovación, impulsada por una premisa clara. Cada historia debe ser, ante todo, un desafío.
GIRO MARITIMO
-En su nueva novela, ‘El albatros negro’, hay un giro visible en su obra. ¿Cómo nació la idea de indagar en lo marítimo?
-Por una necesidad muy íntima de no repetirme. Si una historia no me desafía, difícilmente conmoverá a quien la lea. Venía de explorar distintos subgéneros dentro del misterio y sentí que debía ir más allá, buscar un territorio que me resultara incómodo. Entonces apareció la idea de dialogar con las novelas de aventuras clásicas, pero desde una estructura contemporánea, con una investigación sólida y una trama que exigiera al lector algo más que un consumo rápido.
-El cruce entre aventura, historia y misterio pareciera un género casi infantil, pero exige una profundidad superior.
-Absolutamente. Me propuse construir algo que no fuera fácil, incluso a riesgo de descolocar. Pensé en una historia que funcionara como un guiño a los relatos de tesoros, pero con una base real y rigurosa. No buscaba una novela estrictamente comercial, sino un artefacto narrativo más complejo, casi como coser dos novelas distintas en una sola. Sabía que eso implicaba un desafío formal importante, sobre todo en la alternancia de lenguajes y registros.
-En su novela juega con la actualidad y con el 1700, una época no muy utilizada en la literatura.
-Es cierto. Los inicios del 1700 son años poco documentados desde lo literario, lo que en Galicia se conoce como “los siglos oscuros”. No había referencias claras sobre cómo se hablaba o escribía entonces. Tuve que recurrir a fuentes no convencionales, como correspondencia privada, informes de guerra, confesiones. Fue un trabajo casi obsesivo, porque el lenguaje debía ser verosímil sin caer en anacronismos ni artificios. De hecho, escribí ambos tiempos por separados porque el tono, el lenguaje y la atmósfera eran radicalmente distintos. Luego vino el trabajo de ensamblaje, de encontrar los puntos de contacto. Por eso la planificación previa, la escaleta, resulta fundamental para que el conjunto funcione con coherencia.
INVESTIGACION
-¿Qué lugar ocupa la investigación en su proceso creativo?
-Ese proceso que para muchos es tedioso y lo tercerizan, para mí es inseparable de la escritura. No trabajo con documentalistas porque perdería una parte esencial que es el descubrimiento. Me interesa ir a los archivos, hablar con especialistas, recorrer los espacios. Solo así aparecen los matices que enriquecen la historia. En esta novela, por ejemplo, pasé horas en bibliotecas y consulté desde arqueólogos subacuáticos hasta fuerzas de seguridad especializadas en patrimonio histórico. Y cuando tengo el material suficiente y la estructura clara, escribo de manera muy concentrada, en bloques. Dejo reposar el texto, lo reviso, lo ajusto. Es un proceso que exige distancia y paciencia. La escritura es solo una parte visible de un trabajo mucho más amplio.
-¿En esa investigación surgen personajes nuevos?
-Claro. Yo parto de una estructura previa, con roles necesarios para la historia, pero durante la investigación aparecen figuras inesperadas que transforman el relato. Así ocurrió con algunos personajes inspirados en figuras reales que encontré casi por azar. Y a partir de ahí, elaboro un dossier muy detallado. Cada personaje debe tener una función precisa, no hay lugar para el relleno. Todo lo que dicen o hacen construye sentido.
-¿Por qué el mar y este universo náutico, poco representativo de la literatura española actual?
-Es una combinación de curiosidad personal y acumulación de experiencias. Desde hace años recojo información, datos, historias que podrían convertirse en una novela. En este caso, partí de una idea muy concreta, un tesoro real vinculado al mar. A partir de ahí, todo se expandió. Si bien tengo cierta formación náutica, fue necesario profundizar en normativas, técnicas y contextos históricos para que cada detalle tuviera sustento.
-Su novela parece invitar al lector a una experiencia activa. ¿Era su intención?
-Sin duda. Me interesa que el lector no sea un espectador pasivo, sino un participante. Que se intrigue, que investigue, que viaje con la historia. En el fondo, hay algo lúdico en esta novela, recuperar esa sensación de aventura, de descubrimiento, de asombro. Volver, de algún modo, a la infancia, pero con una mirada adulta y crítica. Ese equilibrio es, para mí, uno de los mayores logros posibles en la narrativa.
EL EXITO
-¿Siente la presión de superar el éxito de sus libros anteriores?
-Más que presión, siento responsabilidad. Detrás de cada libro hay un equipo grande que trabaja con compromiso. La editorial, los distribuidores, etcétera. Mi objetivo es no defraudar, no entregar algo descuidado o incompleto. Puede que una historia guste más o menos según los intereses del lector, pero lo que no puede ocurrir es que perciba falta de rigor o de honestidad. Mientras yo sienta que di lo mejor, el resultado será siempre defendible.
-Quien lea esta entrevista creerá que es escritora desde siempre y sin embargo, hace doce años dedicaba su vida por completo a la abogacía.
-Porque soy pragmática. No iba a dar un paso sin estar segura. Yo tenía muy claro que debía sostener mi trabajo, pagar mis facturas, ser responsable y la abogacía me daba todo ello. La escritura comienza no como un proyecto de vida, sino una actividad paralela. Durante años compaginé ambas cosas. Mi propio despacho y los libros. Fue un crecimiento progresivo, sin decisiones abruptas. Solo cuando vi que podía sostenerme con la escritura, di el paso definitivo.
-¿Cómo recibió las primeras señales de reconocimiento?
-Con una naturalidad que hoy me sorprende. Recuerdo estar trabajando en un tema jurídico y recibir una llamada de mi agente desde la Feria de Frankfurt para decirme que querían publicar Puerto escondido, mi primera novela con una editorial grande, en Alemania. Yo lo tomé como algo normal, sin dimensionar lo que significaba. Lo mismo ocurrió con otras traducciones. No era consciente de que estaba viviendo algo excepcional.
-Su personaje icónico, Valentina Redondo, que la acompañó en la saga de seis libros ‘Puerto Escondido’, ¿por dónde anda ahora?
-La verdad que no sé. Estará trabajando. Seguro en movimiento. No me interesa cerrar su historia de manera definitiva. La vida de un personaje, como la de cualquier persona, no tiene un final perfectamente delineado. Me gusta pensar que sigue ahí, evolucionando, enfrentando nuevos desafíos. Esa apertura también es una forma de respeto hacia el lector, que puede imaginar su propio desenlace.
