BUENA DATA EN LA PRENSA

Historia familiar

Elaborar el propio árbol de familia, brinda un especial sentido de identidad y pertenencia pero además las actitudes, hábitos y habilidades que es necesario desarrollar para buscar, recopilar y comprender los datos necesarios.

Una labor única, lenta y muchas veces ardua, que se logra a través de la búsqueda de testimonios directos, fotos, documentos, correspondencia, souvenirs y papeles comerciales entre otros y a la que le imprimimos un sello personal. 

Somos un eslabón en la maravillosa "cadena de la vida". Todos tuvimos la inmensa fortuna de haber sido gestados y de poder afrontar la maravillosa aventura de vivir, de tener la posibilidad de amar, ser libre,  tener familia y amigos, aprender a pensar, defender valores tener palabra,  sacrificarse, trabajar, estudiar, buscar el bien y la verdad, intentar ser justo…

UNO MISMO

Ser solo eslabón podría, en principio, sentirse como un ataque a nuestra autoestima.  Ser “uno más”. Decía R. Guardini, en La Aceptación de sí mismo “Como pasa con las hormigas caminantes; si se aplasta una, siguen andando cien; si se las pisa a todas sigue existiendo la especie; si la especie misma se aniquila...; bien, en definitiva, no hay nada realmente importante.” 

Sin embargo, somos un  eslabón maravilloso y único en la continuidad de las generaciones, sin el cual la cadena quedaría rota, porque en el mundo de lo infrahumano, cada individuo  persiste tiempo pero no deja un rastro suyo, exclusivamente suyo.

La apariencia de ser uno más encubre la realidad de ser uno mismo. Producto de un profundo misterio que engarza la historia, la genética y la voluntad de Dios.

El fundamento de la elaboración del propio árbol genealógico es echar luz sobre esta cadena maravillosa. Develar el pasado, las vidas de nuestros ancestros, el tiempo que les tocó vivir, sus alegrías, sus grandezas, sus penurias, sus carencias y el por qué de sus decisiones... nos ubica aún más, en nuestro lugar de dignidad. “…una vez que yo existo, ya no hay en absoluto un mundo en el que yo no existiera” sostiene Guardini.

Una vez puestos en la existencia estamos para siempre.

ESPERA Y CONFIANZA

Quienes se internan en esta búsqueda genealógica encuentran que muchas veces los esfuerzos resultan infructuosos. Días, meses y aún años de búsqueda sin tener resultados positivos en los que todo parece estancarse definitivamente, pero también saben que el esfuerzo de hoy puede dar su fruto mucho tiempo después; un dato puede llegar sorpresivamente: una carta en un cajón olvidado, o un pariente que trajo a la memoria algo que había permanecido oculto nos abre una puerta para una nueva investigación. Se cultiva la paciencia porque la realidad se impone, pero siempre se conserva la esperanza con todas las emociones que la suelen enriquecer: confianza, seguridad, certeza, optimismo, aliento, entusiasmo, euforia ...

ACEPTACIÓN

Cuando vamos develando las huellas de nuestra historia familiar podemos encontrarnos muchas cosas que nos hacen felices y que miramos con ternura y admiración en nuestros antepasados: decisiones acertadas, actos, unos inusualmente heroicos, otros no por cotidianos menos loables.

Pero también nos situamos frente a hallazgos que preferiríamos no haber encontrado, situaciones que cualquiera quisiera negar o esconder por indignos e impropios que pueden hacernos pensar, siguiendo de la mano de Guardini: “Mis padres cometieron tales o cuales defectos en mi educación, ¿por qué tenían que ser precisamente los míos? Mis antepasados tenían tal o cual lastre. ¿por qué precisamente aquellos de que procedo?. A la pregunta ¿por qué soy como soy?, ¿por qué soy en vez de no ser? – y a todas las demás formas en que pueda prolongar por las tres dimensiones de mi existencia-, no hay ninguna respuesta por parte de mi ser inmediato. Pero tampoco por mi circunstancia; más aún: ni siquiera por parte del mundo en general. (...) Todo esto significa que no me puedo explicar por mí mismo, ni demostrarme, sino que tengo que aceptarme. Y la claridad y valentía de esa aceptación constituye el fundamento de toda existencia”. 

Esto nos pone en una actitud de sumisión ante la verdad, y si somos sinceros en nuestro trabajo, de obediencia a lo que la realidad muestra.

Tenemos, por fuerza, que reflexionar sobre la condición humana y sus limitaciones, pero también sobre la necesidad de aceptar lo dado para aprender, crecer y perfeccionarse. Qué hacer con lo que no nos gusta de nuestra historia y que ya no podemos cambiar nos enseña a tomar una actitud con dos facetas: pasiva y sumisa frente la aceptación de la realidad y activa, respecto del aprendizaje que ella nos puede brindar.

EL SENTIDO DEL “SIN SENTIDO”

Seguramente todos alguna vez nos hemos enfrentado a situaciones penosas y traumáticas que creemos que no merecemos y a la que no les encontramos ningún sentido. En esos momentos nos enojamos y cuestionamos a Dios y su asistencia porque nuestra mirada es corta y no podemos movernos de nuestra situación inmediata.

Buscando en la historia vemos que eso también le ha sucedido a otros, y muchas veces encontramos (por la perspectiva que nos da la distancia), que esa situación poco feliz o injusta derivó en otras que a través de las generaciones dio resultados insospechadamente afortunados, que el protagonista originario no hubiera podido siquiera sospechar.

Descubrir esto, nos permite “entrever por el ojo de la cerradura” los planes de Dios y las misiones que nos encomienda, que en nuestra existencia cotidiana se nos vuelven misteriosas e intrincadas.

TRASCENDENCIA

Nos ponemos frente a dos acepciones de la trascendencia. La trascendencia hacia Dios y la trascendencia en el tiempo. Desde el primer aspecto quedamos maravillados ante las ¿casualidades? que van aconteciendo para que una nueva persona venga al mundo. La creación con todo su misterio se abre ante nuestros ojos y nuestra mente. El asombro frente a lo creado es casi una oración sin palabras.

Por otra parte, rescatar del “anonimato” a quienes nos precedieron, reconstruir su pasado y echar luz sobre sus vidas para transmitirlo a las generaciones venideras, es un acto de gratitud hacia ellos.

Muchas veces nos acercamos a la existencia de nuestros antepasados a través de narraciones sobre sus vidas, anécdotas que han pasado de generación en generación y se transformaron en “leyendas” familiares. Hemos encontrado parte de las huellas que han dejado nuestros ancestros en el paso por esta vida. Pero el alma humana es inabarcable por sus actos... y a nosotros también nos conocerán por nuestras huellas.

 

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