POR IGNACIO BRACHT (*)
Muy cercano, a pocos kilómetros del majestuoso Monasterio de San Jerónimo de Yuste, que fuera la última morada del rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, se encuentra emplazado el Cementerio Militar Alemán que cobija a soldados caídos en la Gran Guerra (1914-1918) y en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
Situado en las cercanía del municipio de Cuacos de Yuste, provincia de Cáceres en la región de Extremadura, posee una sencilla y sobria construcción, que empatiza con el silencio que lo abriga bajo el mecer de olivares que se encuentran en su entorno, más algunos nobles robles, creando una atmósfera particular que impregna el respeto ante las tumbas.
Todas las sepulturas en tierra, llevan una cruz de granito oscura, en donde está inscripto el nombre del militar, su grado, fecha de nacimiento y muerte. Ocho de ellas llevan como mención "Ein Unbekannter Deutscher Soldat", es decir aquellos que no se pudo identificar, pero que su recuerdo no fenece, como tumba del soldado desconocido, pero que Dios sí conoce.
SOLDADOS
El cementerio guarda los restos de 26 soldados de la primera guerra y 154 de la segunda conflagración mundial, que aparecieron en las costas españolas provenientes de submarinos y navíos de guerra hundidos o aviadores que fueron derribados, ya sea en las costas del norte como en el Mediterráneo o el Atlántico en el sur.
La iniciativa surgió del gobierno alemán a través del organismo estatal de velar por los cementerios de guerra alemanes (el Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge) que logró reunir en un único lugar a los cuerpos de los combatientes enterrados en distintos cementerios de España.
El traslado se inició en 1980 y en 1983 fue inaugurado oficialmente por autoridades de la embajada alemana, el gobierno español y algunos de los familiares llegados de Alemania.
Como todo cementerio militar, sea cual fuere la nacionalidad y la contienda donde cayeron en combate, se refleja en las tumbas el precio que paga la juventud que es arrasada por la tragedia de la guerra. Observando las fechas en las imponentes cruces, resaltan las edades de los muertos: 19, 20, 23, años; llegando muy pocos a superar los 30 años de edad.
Ingresando por el pórtico se encuentra una placa en alemán y español que señala al visitante: "En este cementerio descansan 26 soldados de la Primera Guerra Mundial y 154 de la Segunda Guerra Mundial. Pertenecieron a tripulaciones de aviones que cayeron sobre España, submarinos y otros navíos de la Armada hundidos. Algunos de ellos murieron en hospitales españoles a causa de sus heridas. Sus tumbas estaban repartidas por toda España, allí donde el mar los arrojó a tierra, donde cayeron sus aviones o donde murieron.
El Volksbund en los años 1980-1983 los reunió en esta última morada inaugurada en presencia del embajador de la República Federal de Alemania en un acto conmemorativo hispano-alemán el 1 de junio de 1983. RECORDAD A LOS MUERTOS CON PROFUNDO RESPETO Y HUMILDAD".
España, una tierra que está poblada de rincones maravillosos que enaltecen su rica historia, posee en este caso, un cementerio de soldados alemanes que no combatieron en territorio español, ya que el país fue neutral en ambos conflictos mundiales (sólo destacándose el envío de la mítica División Azul que combatió en el frente ruso durante la segunda guerra mundial); fue el arbitrario destino que hizo que soldados alemanes murieron en esa generosa y bella nación.
Hoy descansan en paz en el Cementerio Militar Alemán y vaya paradoja, a muy poca distancia del monasterio donde murió Carlos V, ese gran monarca, que lo fue de las Españas y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Quizás una caprichosa coincidencia que a veces, nos regala la Historia.
(*) Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia y de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación. Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo.
