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Entrevista con el intendente de La Calera (Córdoba), Fernando Rambaldi
“Hemos vivido alienados durante más de 20 años por ideologías foráneas”
De paso por Buenos Aires, destacó que hoy desde el Estado se puede empezar a hablar de familia, de vida, de valores y de Dios.
Recientemente estuvo en Buenos Aires, el intendente de La Calera, Córdoba, Fernando Rambaldi. Participó junto a otros jefes comunales y la vicejefa de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, del foro "Libertad para el futuro. Una agenda politica por la natalidad y la protección a la infancia".
Con su estilo cercano y empático, accedió gentilmente a dialogar con La Prensa.
- ¿Qué balance hace del foro realizado en esta Ciudad?
- La verdad que poder participar fue una experiencia increíble. ¿Qué me llevo principalmente? Una hermosa sensación de esperanza. Me pude reencontrar con viejos amigos que en nuestra juventud militábamos la causa provida, trabajábamos para eliminar las ideologías o frenar el avance de las ideologías en nuestra querida patria, y que hoy estemos ocupando espacios de poder, espacios en donde se toman decisiones, es fundamental. Porque en muchos gobiernos hoy ya la ideología, llámese ideología de género, llámese progresismo, no es la agenda del gobierno, y eso es fundamental. Se puede empezar a hablar de familia, se puede empezar a hablar de vida, se puede empezar a hablar de valores, se puede empezar a hablar de Dios. Volvemos al sentido común, esa es la clave de todo esto. Tuvimos un interludio de 20 a 25 años en donde era mala palabra hablar de todo este tipo de cosas que son en esencia la identidad propia del pueblo argentino.
- ¿Cuál sería el sentido de la acción política?
- Es trabajar por el bien común de la sociedad que le toca gobernar, por supuesto. El bien común es esa sumatoria de acciones que uno puede propiciar para promover la felicidad y la perfección de sus miembros. Toda acción que lleve a que cada uno de los ciudadanos sea más feliz, más perfecto y que mejore es justamente lo que uno tiene que hacer. Y en eso el trabajo con las instituciones intermedias, el trabajo con las familias, el trabajo con las personas. El bien común es aspirar a que cada persona sea mejor. Por eso un gobernante no solo debe encargarse de lo que es la cuestión material, sino también de la cuestión espiritual, porque la mirada trascendente, que es lo que se ha perdido por distintas ideologías en los últimos tiempos, es lo que nos ha llevado a esta debacle espiritual y cultural en la que lamentablemente estamos inmersos. Pero nunca hay que perder la mirada de esperanza. Un funcionario tiene que trabajar siempre por el bien común.
- ¿Cuáles son los principales logros de su gestión en pos de dar la batalla cultural?
- Para nosotros se trata de una política de Estado. Venimos, como decía antes, de tiempos en donde la ideología, el relato historiográfico y prácticas propias del relativismo venían destruyendo o guiando y a la vez destruyendo todas las acciones públicas que se llevaban adelante. Desde cuestiones sencillas, como cambiarle el nombre de una secretaría de Acción Social a Bienestar Familiar (la lucha está en el lenguaje muchas veces), hasta temas importantes: declarar por ordenanza a La Calera 'Ciudad Provida' y orientar todas las acciones, sean publicitarias, sean en los discursos, sea en el diálogo concreto, el trabajo en los dispensarios (en donde, por supuesto, no se entregan ningún medicamento que a veces nos siguen enviando, sobre todo desde Provincia, que sean abortivos), en donde los asistentes sociales trabajan en espacios de vulnerabilidad desde el entorno familiar. Volver a hablar de familia en los discursos, volver a hablar de Dios en los discursos, volver a hablar de cosas que son propias de nuestra identidad es recuperar el sentido común. Cada día que nosotros estamos en el gobierno es un triunfo en la batalla cultural, porque el lenguaje mismo, la expresión, lo que hablás con cada vecino, lo que decís en cada discurso es fundamental. También contamos con el asesoramiento de la Academia de Historia Federico Ozanam que nos ayuda para ir ordenando discursos, charlas que tenemos con los docentes de nuestros colegios, charlas que tenemos formativas también incluso dentro del equipo del municipio. Es el día a día. A veces más que grandes decisiones, son acciones concretas, y la gente lo recibe bien. Porque el sentido común está grabado en el ADN de cada uno de nosotros.
- ¿Cómo percibe la reacción en el ciudadano común?
- La gente lo recibe bien. Yo creo que hemos vivido alienados durante más de 20 años por ideologías que son ajenas, que son foráneas, y el cuerpo de nuestra nación se ha sentido incómodo. Es como cuando te ponés una remera que te queda chica y te molesta, pero no te queda otra porque te obligaron a ponértela. Cuando viene alguien y te deja elegir, te deja ser libre, vuelves naturalmente a lo que te sienta bien; es cuando el río retoma su cauce natural. Eso es parte de la batalla cultural, es sin lugar a duda el día a día e ir reforzado de decisiones y políticas de Estado."
-¿Qué lugar debería ocupar lo trascendente en la vida pública?
- Primero católico y después político, es así de sencillo. Entender la vocación política como un servicio y un espacio en donde Dios, de manera providencial, quiso que estés, para mí es la esencia y la definición de la vocación. Y eso poder transmitirlo es esencial. En nuestro municipio se reza, en nuestro municipio tenemos espacios de oración abiertos dos días a la semana, 15 minutos, en donde vienen curas, en donde vienen también pastores que propician la vuelta de Dios a los espacios públicos. Si la gente en esencia tiene una mirada trascendente. Y de ahí nosotros como Estado poder dar la libertad de que lo ejerzan es fundamental. Tener una cruz en cada espacio no puede ofender un signo religioso, si las religiones hacen bien, si lo que proponen las religiones es bueno. El problema es que somos hijos de un relativismo, ya lo decía Ratzinger (Benedicto XVI) en su momento y bueno, ni hablar Juan Pablo (S. Juan Pablo II) también, que ha ido carcomiendo y destruyendo la esencia misma del del ser humano y sobre todo el sentido de trascendencia. Estoy convencido de que hay que recuperar en el ámbito público el sentido de trascendencia del ser humano, eso le devuelve dignidad y también le da esperanza".
