“Hay que tener mucho coraje para impulsar el equilibrio fiscal”
El presidente Javier Milei se diferencia de sus antecesores por su firme decisión de mantener en armonía las cuentas públicas, recalca Juan Carlos De Pablo. En su último libro el economista analiza el proceso de toma de decisiones en un país siempre incierto.
La dinámica se repite casi de manera invariable. Cada año el economista Juan Carlos De Pablo publica un libro en el cual intenta desentrañar los misterios de una actividad signada por la incertidumbre.
Sus cinco décadas como profesional, y otras tantas en el rol de docente universitario, le han dado la suficiente experiencia como para tomarle el pulso a una Argentina que siempre sorprende.
Esta vez su último título es Ensayos imprescindibles sobre la economía (y la vida también), publicado por la editorial Sudamericana. Allí extiende una lógica inquebrantable: basar el análisis de la actividad a partir del proceso de toma de decisiones.
Al desparpajo de siempre, al atractivo que generan sus anécdotas de todo pelaje, hace un tiempo le agregó un condimento extra: ha forjado una estrecha amistad con el presidente de la Nación, Javier Milei, vínculo que le da la posibilidad de participar de las exclusivas tertulias domingueras en la Quinta de Olivos. Pero de eso no se habla.
-Luego de tanto escribir, de tantas lecturas y una larga experiencia como economista, ¿qué ve de distinto en la gestión Milei que no haya visto antes?
-La historia es importantísima y nunca se repite de manera calcada. Por eso siempre puede haber una novedad. Por ejemplo, la determinación que tiene el actual presidente en materia fiscal es difícil verla en otros presidentes. En parte por la profesión y en parte por la propia determinación que tiene. Todos en la Facultad analizan la importancia del equilibrio fiscal, pero hay que tener mucho coraje para llevarlo adelante. Entonces digo, leer historia es fundamental pero la actualización o la relevancia no es una cosa automática.
-Tal vez sea temprano para hablar de un legado de Milei, pero últimamente las voces de la oposición ya no discuten el origen monetario de la inflación o la importancia del superávit fiscal. ¿Hemos alcanzado un consenso?
-No sé bien, pero si yo fuera un dirigente político de la oposición y algunos economistas se me acercaran, yo les diría: ‘Miren muchachos, déjenme a mí la tribuna para decir huevadas y todas las cosas propias de la campaña. Ustedes se ponen a laburar por si tenemos la mala suerte de ganar’. ¿Por qué? Porque la profesionalidad tiene que ser una cosa específica. Si hoy alguien me pregunta, yo le digo que tiene que tomar las decisiones sobre la base de que Milei reelige. Si no reelige, te jodés. Pero también te jodés al revés. Siempre me gusta hablar, como se dice en Economía, Error tipo 1 y Error tipo 2. Supongamos que no es reelecto. Entonces el próximo presidente el 10 de diciembre de 2027, después de que lo saluden los Granaderos, se queda solo con una carpeta que se denomina ‘la herencia recibida’. Ahí se verán los pingos y necesitará a los tipos que le darán una mano pero en lo concreto.
DECISIONES
-En su libro Usted afirma que “la realidad no es un adorno”. ¿Cómo lo ve al empresario argentino tomando decisiones en este contexto de incertidumbre que irá creciendo a medida que se acerquen las elecciones presidenciales?
-El tema de que la realidad no es un adorno se la aplico a los economistas académicos. Cuando uno charlaba con Adolfo Canitrot, con Alieto Guadagni, cualquiera de ellos, ponían la realidad en el centro del análisis. Los empresarios y los emprendedores en general son personas que no tienen tiempo para andar hueveando. Se levantan todos los días para ver cómo le encuentran la vuelta. Siempre digo que los héroes son los tipos que a la mañana todavía no saben cómo van a hacer para darle de comer a su familia a la noche. Enfrentan una realidad inexorablemente incierta. A los alumnos de la Universidad siempre les digo que la realidad no es la planilla Excel, son los números a los que se refiere esa planilla. Así que tenemos que saber traspasar esas planillas para ver qué es lo que pasa en la realidad. Para eso hay que caminar por la calle, escuchar. Yo con mis alumnos visito fábricas.

-¿Lo sigue haciendo?
-Claro. Porque hay que llevar la calle al aula o sacarlos del aula y llevarlos a la calle.
-En el libro también recomienda “meterse en los pantalones de quien toma las decisiones”. ¿Cómo es eso?
-Definitivamente. Después de seis décadas de seguir diariamente la política económica argentina, hace ya un buen número de años dije que las cosas se entienden a partir de los procesos decisorios. Los mercados no existen, Wall Street no existe, ninguna de esas cosas existe. Existen los seres humanos que compran y venden; existen los funcionarios cuyas decisiones impactan mis decisiones o las decisiones de los tipos que yo estoy asesorando. Hay que entender cómo funciona el presidente de la Nación, el ministro de Economía o el presidente del Banco Central, y desde ahí actuar en consecuencia.
-Suele destacar la relevancia de poseer datos, de estar informado, de reemplazar prejuicios por información. ¿Cómo se da ese proceso hoy en los empresarios, atravesados no ya sólo por los medios tradicionales sino también por el amplio mundo de las redes?
-La primera cosa a la que le presta atención cualquier empresario es a su mostrador. Yo les digo: tu análisis tiene que ir de abajo para arriba. Qué te pasa a vos y porqué creés que te pasa lo que te pasa. Y una vez que eso lo tenemos clarificado, vamos a levantar un poquito la mirada para ver en qué andan los competidores tuyos. Y después capaz que terminamos analizando a Xi Jinping o al Papa. Siempre de abajo para arriba, no de arriba para abajo.
-¿Qué relevancia le da al factor tiempo en la toma de decisiones económicas? Muchas veces una política tarda en madurar sus frutos y la gente pierde la paciencia.
-El elemento tiempo es crucial en lo siguiente: cuando se toma una medida, hay que saber si el tiempo lo tenemos a favor o en contra. Por ejemplo, la Tablita de Martínez de Hoz (José Alfredo, exministro de Economía) tenía el tiempo en contra. Los controles tienen el tiempo en contra porque encima de lo que son los desequilibrios, la gente se aviva y aumentan los desequilibrios. Si la gente hoy creyera que estamos cerca de una crisis cambiaria, aumentaría la demanda de dólares. Es muy importante que uno diga: ¿el Gobierno tiene este punto a favor o en contra? El otro elemento del tiempo es: ¿está contra las cuerdas o no? El Poder Ejecutivo, el año pasado antes de las elecciones legislativas del 2025, estaba contra las cuerdas. Habló con los productores agropecuarios y les dijo podés exportar sin pagar derechos de exportación hasta tal fecha, y al Tío Sam le dijo: socorro. Con eso pudo lidiar la crisis del 2025. No sabe si va a venir una corrida en 2027 y por las dudas, aprovechando el fuerte incremento del superávit comercial, está aumentando el nivel de las reservas del Banco Central.

-¿Es una buena medida?
-Es elemental. Esto es un tema de oferta y demanda, ni siquiera de conocimiento profundo de la economía. Yo digo, además, menos mal. Imaginemos que el Banco Central o el Tesoro no estuvieran comprando, ¿en qué nivel se ubicaría el dólar? Estamos hablando de un fenómeno de oferta de dólares por cosecha récord, litio, energía, que muy probablemente se repita el año que viene. Con lo cual hoy tenemos el dólar que tenemos.
ESCENARIOS
-Usualmente en sus libros plantea tres escenarios al analizar la economía. Uno es Fin del Mundo (se toman decisiones sabiendo que no hay salida); otro es Diluvio Universal (hay chances de salvarse) y el otro es Sistema (todo funciona con normalidad). ¿En cuál estamos parados en la actualidad?
-Uno permanentemente está acercándose o alejándose del próximo diluvio. Siempre hay que hacerse esa pregunta. El año que viene tenemos elecciones. Ya veremos qué es lo que ocurre. Tenemos un mundo fluido. Con respecto a lo que ocurrió el domingo en Brasil, yo digo: primero entendamos Brasil en sí mismo y después la relación con la Argentina dado el tamaño relativo que tiene el PBI total de ese país con respecto al nuestro. Con el mayor de los respetos, si la crisis la tiene Paraguay, acá en la Argentina no nos calentamos. Pero con Brasil uno tiene que estar pendiente. Después tenemos el Estrecho de Ormuz, que lo abren, que lo cierran. El mundo está muy fluido y estamos a los pelotazos. Es parte de la realidad. Uno puede quejarse o no pero el que tiene que tomar decisiones, más que quejarse lo que tiene que hacer es entender.
-La semana pasada el Indec difundió datos de exportaciones récord y, al mismo tiempo, se conoció la caída de la actividad económica. ¿Cómo ve esta economía con dos caras?
-Infinitas caras. Cuando uno toma el famoso EMAE (Estimador Mensual de la Actividad Económica), con las variaciones mensuales algunas veces querés hacer una fiesta y otras veces te querés suicidar. Hay una gran volatilidad. Y cuando se desagregan, hay una enorme heterogeneidad. A mí me gusta decir que hay tantas argentinas como argentinos y esto desafía todas las categorías de las clasificaciones estadísticas. Dentro de los sectores hay situaciones disímiles porque la micro también importa.
-¿Qué opinión tiene del RIGI (Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones) como instrumento de política económica?
-Da la impresión que funciona. Hubo una enorme discusión acerca de si con la mitad del RIGI hubieran venido igual. No hay cómo saberlo. A mí lo que me parece importante es que lo que estamos haciendo es aprovechar recursos naturales que estaban ahí y que en otros gobiernos no se aprovechaban. Me acuerdo que en 1983 el Gobierno militar, cuando se estaba yendo, hizo un régimen de promoción industrial para Catamarca, La Rioja, San Luis y San Juan. El cual yo creo que sólo funcionó en San Luis. Ahora digo: fueron a Catamarca a implantar industrias, fletes de materias primas para un lado, productos terminados para el otro… Ya había recursos naturales. No sé porqué no se les ocurrió decir: ¡acá hay minería! Se le está dando sentido a actividades a las que hay que promocionar de arranque porque sino no hubieran existido, pero que tienen que ver con recursos naturales.
-Energía ha sido uno de los productos más exportado. ¿Se puede hablar de un cambio de matriz en la economía argentina?
-Definitivamente pasamos de superávit comercial con Menem, déficit con los K (kirchnerismo) y recuperamos ahora el superávit. El grueso de la exportación sigue siendo productos primarios o Manufacturas de Origen Agropecuario, pero Energía viene subiendo. Lo que pasa es que necesitamos todo. Cuando yo fui a la Facultad se leía y escribía mucho sobre la restricción externa. Hoy no digo que lo tires, guardalo, pero en este momento hablar de restricción externa es una pavada.
-¿Nos estamos alejando de esos escenarios cíclicos?
-Por ahora. Vamos a ver. Los ingleses tienen una expresión: for the moment. Quiere decir: por el momento. El año pasado la Argentina tuvo un superávit comercial de u$s 11.000 millones de dólares y ahora, en nueve meses, ya van u$s 21.000 millones.
-Usted es un gran lector de biografías. Cuando en el futuro alguien escriba sobre la vida de Javier Milei como presidente, ¿qué aspectos debería destacar?
-Primero que termine el período y después hablamos. ¿Por qué soy lector de biografías? Porque quiero ver al hombre y sus circunstancias. A mí me gustan los testimonios, que pueden ser los testimonios de un presidente o también el del mozo del bar. No importa. Porque quiero ver al ser humano enfrentando dificultades y resolviendo problemas. Se aprende un montón.
